12.09.2026 / CHILE · MEMORIA

Kast y el golpe de Pinochet: cómo cambia la memoria oficial de Chile

Por primera vez desde el retorno de la democracia en 1990, el gobierno de Chile no realizó un acto oficial por el aniversario del golpe de Estado de 1973. La decisión de José Antonio Kast, que pidió no quedar "anclados en el pasado", marca un giro en la manera en que el Estado chileno recuerda la dictadura de Augusto Pinochet.



El 11 de septiembre de 2026 dejó una imagen inédita en los 36 años transcurridos desde el retorno de la democracia en Chile. Mientras organizaciones sociales, dirigentes de la oposición, familiares de Salvador Allende y víctimas de la dictadura recordaban los 53 años del golpe de Estado de Augusto Pinochet, el gobierno de José Antonio Kast mantuvo su agenda habitual y decidió no organizar ninguna ceremonia oficial.

No fue solamente un cambio en el calendario presidencial. La decisión puso en discusión algo más profundo: qué lugar ocupa el golpe de 1973 en la memoria institucional chilena y qué ocurre cuando llega a La Moneda un presidente cuya relación con la dictadura es sustancialmente diferente de la de sus antecesores.

Kast defendió su posición desde la región de Los Ríos. "La historia no la podemos borrar", sostuvo, pero al mismo tiempo afirmó que tampoco se puede pedir a los chilenos que no miren hacia el futuro. Su gobierno ya había explicado que no quería que el país permaneciera "anclado en el pasado".

El argumento puede parecer simplemente una invitación a superar las divisiones históricas. Sin embargo, en Chile tiene una carga política particular. Desde 1990, gobiernos de distintas orientaciones utilizaron el aniversario del golpe para reafirmar determinados consensos sobre la democracia y los derechos humanos. Kast decidió apartarse de esa tradición.

Por qué la decisión de Kast marca un precedente

Desde el fin de la dictadura, el 11 de septiembre nunca fue una fecha políticamente sencilla para Chile. Las interpretaciones sobre el gobierno de Salvador Allende, la crisis previa al golpe y las responsabilidades civiles y militares continúan dividiendo a la sociedad.

Pero los gobiernos democráticos fueron construyendo progresivamente un piso institucional: independientemente de las diferencias sobre la Unidad Popular, el golpe significó la ruptura del orden democrático y abrió una dictadura durante la cual el Estado cometió graves violaciones a los derechos humanos.

Ese consenso atravesó incluso a la derecha tradicional. Sebastián Piñera, presidente entre 2010 y 2014 y nuevamente entre 2018 y 2022, llegó a hablar de los "cómplices pasivos" de la dictadura para describir a quienes conocieron las violaciones a los derechos humanos y permanecieron en silencio. En otras conmemoraciones calificó la ruptura democrática como un fracaso de la sociedad chilena.

En 2023, cuando se cumplieron 50 años del golpe, el entonces presidente Gabriel Boric impulsó la declaración "Democracia Siempre", firmada también por los expresidentes Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

Kast rompió con esa secuencia. Según ANSA, es el primer presidente desde la recuperación democrática que no realiza una ceremonia oficial para recordar el golpe.

La diferencia de Kast con la derecha que gobernó Chile

La explicación también está en la biografía política del actual presidente. Kast no pertenece a la tradición de la centroderecha que administró la transición democrática chilena. A diferencia de Piñera, su trayectoria política se desarrolló desde una derecha que durante décadas mantuvo una valoración distinta del régimen militar.

Hay un dato particularmente significativo: en el plebiscito de 1988, que debía decidir si Augusto Pinochet continuaba otros ocho años en el poder, Kast votó por el "Sí". El "No" obtuvo finalmente el 55,99% de los votos y abrió el proceso que desembocó en las elecciones presidenciales de 1989 y en la recuperación democrática de marzo de 1990.

La posición de Kast frente a Pinochet tampoco quedó limitada a aquel episodio. Durante su carrera política hizo distintas declaraciones defendiendo aspectos de la dictadura y diferenciándose de la condena más explícita que fue consolidándose en otros sectores de la derecha chilena.

Por eso su llegada a la presidencia abrió una situación nueva: por primera vez desde 1990, el jefe del Estado chileno es una figura que apoyó políticamente la continuidad de Pinochet cuando el dictador todavía estaba en el poder.

Qué ocurrió el 11 de septiembre de 1973

La disputa actual remite a uno de los acontecimientos centrales de la historia contemporánea latinoamericana. El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas chilenas derrocaron al gobierno constitucional del socialista Salvador Allende. Aviones de la Fuerza Aérea bombardearon el Palacio de La Moneda mientras los militares tomaban el control del país.

Allende murió dentro del palacio presidencial y una Junta Militar encabezada por Augusto Pinochet tomó el poder. La dictadura se prolongó hasta 1990. Las comisiones oficiales creadas después del retorno democrático documentaron miles de ejecuciones, desapariciones, encarcelamientos políticos y casos de tortura. La cifra acumulada de víctimas reconocidas oficialmente alcanza a 40.175 personas entre ejecutados políticos, detenidos desaparecidos y víctimas de prisión política y tortura.

Más de medio siglo después, además, cientos de familias continúan sin conocer el destino de sus familiares desaparecidos. Por eso la discusión sobre el 11 de septiembre no se limita a una interpretación histórica del gobierno de Allende. También involucra las responsabilidades del Estado frente a los crímenes cometidos durante los 17 años posteriores.

"Mirar hacia adelante": la nueva doctrina de Kast

La fórmula utilizada por Kast busca desplazar el eje. El presidente no negó que el golpe haya ocurrido ni planteó borrar la fecha. Su argumento es diferente: reconoce que la historia existe, pero cuestiona que el Estado deba continuar organizando su agenda política alrededor de ella.

"La historia no la podemos borrar", dijo el viernes. Pero agregó que tampoco puede pedirles a sus compatriotas "no mirar el futuro de nuestra nación". El planteo modifica el significado que los gobiernos anteriores habían otorgado a la conmemoración.

Para quienes construyeron las políticas de memoria desde el retorno democrático, recordar el golpe no significaba permanecer en 1973, sino utilizar aquella experiencia para reafirmar límites políticos contemporáneos: la democracia como mecanismo para resolver conflictos y la prohibición de las violaciones a los derechos humanos por parte del Estado.

Para Kast, en cambio, la insistencia sobre ese pasado puede convertirse en un obstáculo para la unidad nacional y para concentrarse en los problemas actuales. 

La respuesta de Boric: "La historia no la pueden borrar"

La decisión presidencial produjo una escena política casi paralela. Mientras Kast se encontraba en el sur de Chile, el expresidente Gabriel Boric participó de un homenaje a Salvador Allende en el Cementerio General de Santiago junto a familiares del exmandatario, dirigentes políticos y organizaciones de izquierda. Allí respondió indirectamente al discurso del gobierno.

"En tiempos en donde la memoria se intenta silenciar, en donde al final hay quienes siempre han creído y quienes hoy día nuevamente ratifican que lo mejor es dar vuelta a la página y olvidar, hay un pueblo que siempre va a decir a eso que no", afirmó Boric. También sostuvo que no eran necesarias ceremonias oficiales para mantener viva esa memoria.

Isabel Allende, hija del expresidente y exsenadora socialista, planteó el argumento contrario al utilizado por Kast: recordar no significa quedar atrapado en el pasado. "Un país sin memoria no tiene futuro", sostuvo.

La disputa quedó así resumida en dos ideas que utilizan, paradójicamente, la misma palabra. Kast propone mirar hacia el "futuro" para superar las divisiones del pasado. Sus adversarios sostienen que ese futuro democrático solamente puede construirse preservando la memoria de lo ocurrido.

Una memoria que continúa fuera del Gobierno

La ausencia del Ejecutivo tampoco significó que Chile dejara de conmemorar el aniversario. Miles de personas participaron de homenajes y actividades en diferentes puntos del país. Uno de los lugares centrales fue el Estadio Nacional de Santiago, convertido después del golpe en el mayor centro de detención de la dictadura.

También hubo homenajes a Allende frente a La Moneda y en el Cementerio General.

La situación dejó expuesta una transformación significativa. Durante décadas, la memoria del golpe fue simultáneamente una construcción de organizaciones sociales, familiares de las víctimas y del propio Estado democrático. Con Kast, por primera vez desde 1990, esas dos dimensiones comenzaron a separarse.

La discusión que recién empieza

La ausencia de una ceremonia el 11 de septiembre puede ser apenas la manifestación más visible de un debate mucho más amplio. Entre las cuestiones que deberán observarse durante el gobierno de Kast está el futuro de las políticas estatales relacionadas con la dictadura, particularmente el Plan Nacional de Búsqueda de detenidos desaparecidos y las posiciones del Ejecutivo frente a condenados por violaciones a los derechos humanos.

El diario El País señaló que organizaciones de víctimas observan con preocupación esos temas, en un país donde todavía existen más de 1.400 personas desaparecidas cuyo destino se desconoce y más de 1.000 causas vinculadas principalmente con torturas permanecen bajo investigación.

Por eso, lo ocurrido este 11 de septiembre trasciende una ceremonia presidencial. A 53 años del bombardeo de La Moneda, Chile no está discutiendo solamente cómo interpretar su pasado. Está empezando a discutir cuál debe ser el papel del Estado en la conservación de esa memoria.

Y por primera vez desde que terminó la dictadura, quien ocupa la presidencia se encuentra fuera del consenso que sus antecesores - incluidos mandatarios de derecha - habían construido alrededor de esa fecha.


¿Por qué Kast no conmemoró oficialmente el golpe de Estado?
El gobierno argumentó que Chile debe reconocer su historia pero también "mirar hacia el futuro" y evitar permanecer "anclado en el pasado". Kast mantuvo su agenda habitual en la región de Los Ríos y no participó de ceremonias oficiales por el aniversario.

¿Kast apoyó a Augusto Pinochet?
José Antonio Kast votó por el "Sí" en el plebiscito de 1988, la opción que proponía que Augusto Pinochet permaneciera otros ocho años en la presidencia. El "No" ganó aquella consulta con casi el 56% de los votos y abrió el camino hacia el retorno democrático.

¿Cuántas víctimas dejó la dictadura de Pinochet?
Los informes oficiales chilenos reconocen 40.175 víctimas entre ejecutados políticos, detenidos desaparecidos y personas sometidas a prisión política y tortura durante la dictadura que gobernó Chile entre 1973 y 1990.