
El presidente Javier Milei volvió a plantear su rechazo a cualquier regulación sobre la Inteligencia Artificial, esta vez ante un auditorio en Nueva York, en un evento organizado por la Fundación Federalismo y Libertad. Allí calificó el avance de la tecnología como un fenómeno que "se acerca a niveles de ciencia ficción y que puede significar un cambio de paradigma similar o incluso superior al de la Revolución Industrial".
El eje de su argumento fue una denuncia contra los Estados que, según planteó, buscan controlar a la población a través del miedo a la IA: "Son precisamente los Estados los que, previendo la magnitud del cambio que se avecina, están tomando medidas para asegurarse su dominio sobre las poblaciones en un mundo radicalmente diferente. Entonces promueven temor entre la población respecto a la amenaza de la inteligencia artificial, ofreciendo a cambio paz y seguridad en forma de regulación. En términos literarios, nos asusta con Terminator para someternos al Gran Hermano".
Robots buenos y robots malos, según la cultura
Para ilustrar esa idea, Milei apeló a una comparación cultural. "Si ustedes miran las culturas de Oriente, los robots son buenos. No sé, Astroboy, por decir algo. En Occidente, los robots son malos, Terminator", afirmó. A continuación, agregó que él personalmente quería tener un "Optimus Tesla", en referencia al robot humanoide que desarrolla la empresa de Elon Musk.
El cierre del pasaje fue una defensa explícita del mercado sin intervención estatal: "Nosotros creemos en el desarrollo y en la capacidad del propio mercado de ofrecer soluciones creativas, en lugar de elegir y prohibir. Este afán por controlar el progreso no hará más que retrasarlo, cuando lo que deberíamos estar haciendo como Gobierno es hacernos a un lado para que el sector privado haga lo mejor que sabe hacer: mejorar la calidad de vida de los seres humanos".
Una metáfora que se muerde la cola
Más allá de lo llamativo de citar a un manga japonés de los años 50 y a una saga de ciencia ficción hollywoodense para hablar de política tecnológica, la comparación de Milei presenta una tensión de fondo con su propio posicionamiento internacional.
El Presidente construyó buena parte de su identidad geopolítica en torno a un alineamiento explícito con Estados Unidos e Israel -los dos países que más visitas y gestos públicos recibieron de su parte desde 2023- y en un discurso sistemáticamente crítico hacia China, a la que ha cuestionado por su régimen político y con la que mantuvo relaciones bilaterales más frías que sus antecesores.
Sin embargo, al momento de ejemplificar qué cultura mira con benevolencia el desarrollo tecnológico, Milei eligió ponderar precisamente la mirada oriental -encarnada en Astroboy, creación del japonés Osamu Tezuka- por sobre la occidental, representada por Terminator, un producto cultural estadounidense.
La paradoja no es menor: el mandatario que reivindica a Washington como aliado estratégico y desconfía del gigante asiático terminó usando a Oriente como ejemplo de una relación "sana" con la tecnología, en contraposición a la desconfianza que -según su propio relato- caracteriza a Occidente.
La intervención se dio en el marco de la agenda internacional que Milei desarrolla esta semana en Nueva York, donde también habló ante la ONU y reclamó por Malvinas. En el plano de la inteligencia artificial, el Gobierno viene sosteniendo una postura de desregulación absoluta, en sintonía con la agenda que impulsan compañías tecnológicas estadounidenses como la propia Tesla, y en contraste con el modelo regulatorio que promueve, por ejemplo, la Unión Europea.
El episodio se suma a una serie de referencias de cultura pop que el Presidente utiliza habitualmente para explicar posiciones de política pública, un recurso que le valió tanto adhesión entre sus seguidores como críticas por la informalidad con la que aborda discusiones de alto impacto regulatorio y económico.