Aníbal Ibarra recibió a politicargentina.com en su despacho en la Legislatura Porteña. El actual legislador por Diálogo por Buenos Aires y ex jefe de Gobierno porteño, fue muy crítico con la gestión de Mauricio Macri en la ciudad; cuestionó el manejo de las finanzas, la política sanitaria y además sostuvo que realizaron compromisos que eran incumplibles. También, habló sobre el conflicto que mantuvieron el Gobierno Nacional y el sector agropecuario, del alejamiento de Alberto Fernández, y dejó en claro algunas de sus diferencias con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Para Ibarra “las 300 mil personas que se juntaron en Rosario no eran golpistas, ni querían derrocar al gobierno popular”. Por último, reflexionó acerca del juicio político que lo destituyó de su mandato al frente de la ciudad, en marzo de 2006.
Ver la primera parte de la entrevista
¿Qué evaluación hacés de los primeros ocho meses de gestión de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires?
Macri tiene ocho meses de gestión, seis meses de transición y un año de cogobierno junto a Jorge Telerman. Luego de mi destitución, que fue un acuerdo entre el vicejefe de Gobierno y el líder de la oposición, se repartieron áreas claras entre ambos. En el gabinete de Telerman, Macri ubicó sus propios ministros de Economía y de Obras Públicas. Hechos como éstos evidencian que ya viene con bastante tiempo vinculado al gobierno.
La verdad es que creí que tenía equipos. Lo que se pudo ver hasta ahora es un gran desconocimiento del propio funcionamiento de la administración pública. Esto le generó una no gestión en muchos sectores. Dijo cosas que se sabía que no iba a poder hacer. Además, luego de un año y medio de gobierno de Telerman, se pasó de una ciudad superhabitaria, a una deficitaria; se gastaron todas las reservas de la ciudad y la solución de Macri fue aumentar los impuestos y endeudar al Estado porteño. Es como si hubiese tomado una política aggiornada de los 90´. Muchos decían que como había manejado empresas, iba a saber administrar a la Ciudad de Buenos Aires. Si Macri hiciera con sus empresas lo que esta haciendo con las finanzas de la ciudad lo echarían sin lugar a dudas. Su dinero puede ser que lo cuide, pero está claro que no hace lo mismo con la plata de los demás.
Hablaste del desconocimiento de la administración pública, ¿existen casos puntuales que justifiquen tu afirmación?
Sí. Macri, por ejemplo, echó a quienes se encargaban de los proyectos de gas en las escuelas porteñas. Sin embargo, los tuvo que reincorporar, en abril, porque no daba pie con bola. Fue una cuestión de improvisación y soberbia. También, por otro lado, les saco a los directores de los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, la facultad de comprar insumos y esta medida provocó una crisis sanitaria.
¿Y por qué crees que prometió cosas que sabía que no iba a poder hacer?
El estilo Macri es tirar la pelota afuera. En campaña dijo que iba a hacer diez kilómetros de subte por año. ¿Cuantos hizo hasta ahora? Nada. ¿Cuántos va a hacer el año que viene? Nada. Hizo compromisos que eran incumplibles; el sólo soñó con los créditos que nadie le había dado. Macri, en realidad, lo que quiere es que no le pasen la policía. Si uno observa bien, no discutió con el Gobierno Nacional, primero, la transferencia del personal y después el tema de los fondos. Por el contrario, puso al comienzo la cuestión de los recursos económicos, cosa de no se la pudieran pasar. Sería bueno que se dedique a hacerse cargo de lo que dijo, pero claramente, resulta más fácil culpar a otros.
¿Qué crees que fue lo que realmente se disputó en el conflicto que mantuvieron el gobierno y el sector agropecuario?
Inicialmente se disputaba muy poco. Creo que la resolución 125 ni siquiera fue tomada como una medida de redistribución de la riqueza y me parece que no era trascendente en términos políticos. Cada vez que Kirchner tomó una medida fuerte lo hizo en el Salón Blanco, con los gobernadores, los ministros y todos los periodistas. En este caso, no se trató de un decreto firmado por la Presidenta, ni por el jefe de Gabinete; fue una resolución anunciada por el ministro de Economía y respondía a una necesidad de caja del Gobierno Nacional. Fue un problema muy complejo que atravesó a distintos sectores sociales, muchos de los cuales pocos meses antes, habían acompañado a Cristina en varias provincias. Las 300 mil personas que se juntaron en Rosario o las 200 mil en la Ciudad de Buenos Aires, no eran golpistas, ni querían derrocar al gobierno popular. Por supuesto, entre toda esa gente estaban aquellos que no le perdonan a Kirchner su política de derechos humanos o haber tomado algunas medidas con un perfil de izquierda. De todas maneras, del lado del gobierno había sectores que jamás defendieron la redistribución de la riqueza y que están vinculados a los grupos más concentrados de la economía. Y del otro lado, entre los que apoyaban la causa del campo, encontrabas gente que votó por la Presidenta en las elecciones de octubre del año pasado, pero que hoy, estaba en la vereda de enfrente. Por eso, me parece que la división no fue gobierno popular contra sociedad rural o democracia contra golpe de estado.
¿Cuáles pensás que fueron los errores en la estrategia del gobierno?
Creo que fue una lucha de matar o morir, de cuatro meses, en donde se generó un gran desgaste, por algo que no representaba una verdadera batalla como podrían ser, por ejemplo, una reforma agraria o la nacionalización de los recursos naturales. Si vas a una pelea por una causa grande, te pueden llenar la cara de dedos, pero al menos fue una pelea. Yo defiendo las retenciones como herramienta de política económica. Ahora, por algunos puntos más o menos, de un sistema que nadie discutía, me parece injustificable semejante disputa, con el riesgo de perder como se perdió; donde te llenaron la cara de dedos, y en donde perdiste poder político y legislativo.
¿Qué rol desempeñaron los medios de comunicación durante el conflicto?
Kirchner nunca se llevó bien con los medios, lo cual a mi, me parecía un acto de audacia. Dijo cosas que uno pensaba que un presidente nunca se iba a animar a decir. Pero los medios fueron anotando y le pasaron toda la factura junta; jugaron su propia partida en la batalla de las retenciones.
¿Qué impresiones te dejó de la renuncia de Alberto Fernández?
Mientras Kirchner era presidente, Alberto pulseaba con Julio De Vido. Cuando asumió Cristina, empezó a pelear con Kirchner y eso fue demasiado. Si hubiera sido por él, la disputa con el campo se hubiese cerrado tres meses antes. No lo dejaron porque había un sector que no estaba dispuesto a retroceder. Cada vez que se iba a llegar a un acuerdo con las entidades agropecuarias, aparecía unas horas antes Guillermo Moreno, y decía que la 125 no se tocaba; sintió que su rol de jefe de Gabinete estaba siendo desautorizado políticamente. Con aciertos, errores, cercanías o lejanías, lo cierto es que él trataba de llevar un espacio plural al gobierno. Fue el eje de la incorporación de los socialistas, del armado de la concertación y de la llegada de dirigentes que venían de afuera como Graciela Ocaña o gente que había pertenecido al FREPASO. Este tipo de política se perdió con el alejamiento de Alberto Fernández.
¿Y qué opinas sobre la incorporación de Sergio Massa?
Apostaron por alguien mediático, con imagen en la sociedad a través de los medios, pero sin peso propio. Hay que ver hacia donde se instala, él, un perfil en el gobierno, si pretende hacerlo o si puede. Otras designaciones, a uno, ya le podrían hacer intuir si esto va para acá o si va para allá.
¿Qué reflexión hacés acerca del juicio político que te destituyó de la jefatura de gobierno porteño en marzo de 2006?
El tema Cromagnon fue tomado por la política porteña como una excusa para quedarse con un gobierno y sus recursos; Jorge Telerman se juntó con la oposición para destituirme y reemplazarme en el cargo. Este es un hecho que no había pasado nunca, ni pasa ahora y creo, que no volverá a suceder frente a un accidente ocurrido en un lugar privado. No existen antecedentes en otras partes del mundo. Ni la sociedad vio lo que la política dijo que había que ver, ni la justicia vió lo que la política mostró. Lo dije en aquel entonces, y al paso de los años, no sólo tengo mas datos, sino que estoy absolutamente convencido que fue así.
Escrito por Santiago Reboreda.