Los coches comprados al Metro de Madrid son más angostos y llevarán menos pasajeros. Para usarlos hay que adecuar el túnel, la vía de alimentación y los vagones ya existentes. Una obra que afecta a medio millón de usuarios diarios.
La línea B transporta diariamente a casi medio millón de porteños. Atraviesa varios de los barrios más habitados, desde Villa Urquiza hasta el Bajo, a lo largo de la avenida Corrientes, articulándose con los ferrocarriles Mitre, Urquiza y San Martín y con los metrobús de Juan B. Justo y 9 de Julio.
Apesar de su importancia, sin embargo, “la B” se encuentra relegada desde hace varios años. Las últimas obras se realizaron al borde de la emergencia, como la instalación del sistema de ventilación forzada con el que se atenúa el ambiente sofocante de sus túneles, hace más de una década. Los pasajeros se quejan cada vez más. Sobre todo, por la (poca) frecuencia de las formaciones y de viajar como sardinas enlatadas en las horas pico. Pero también de la falta de limpieza, de los carteristas y de las recurrentes fallas técnicas que llevan a la interrupción del servicio.
Para combatir el malhumor de los usuarios, y con la vista puesta en las elecciones del año próximo, el Gobierno de la Ciudad apura la incorporación de 86 coches con aire acondicionado. Se trata de vagones usados, construidos en 1998, adquiridos al Metro de Madrid. La B funcionará con horario reducido por al menos los próximos 8 meses debido a las obras que demanda la adaptación de la infraestructura para recibir el material rodante con el que se renovará el 50% de la flota.
Trabajadores y especialistas critican cómo se encaró esta renovación parcial de la flota. Afirman que al no poner en circulación una mayor cantidad de formaciones, la frecuencia no mejorará. Explican que los vagones que llegarán ahora son más chicos y que, por lo tanto, transportarán menos pasajeros. Y aseguran que prácticamente por el mismo precio podrían haberse comprado vagones nuevos.