30.05.2014 - 11:05 /

Cerrar un frente para seguir construyendo el desarrollo nacional, por Fernanda Vallejos

La economista Fernanda Vallejos despeja alguno de los interrogantes sobre la relevancia del acuerdo con el Club de París.


Por Fernanda Vallejos *

El acuerdo alcanzado por nuestro país permitirá regularizar la deuda de 9.700 millones de dólares en default con el Club de París, desde 2001. Será cancelado en un plazo de entre 5 y 7 años, con una tasa de interés efectiva del 3% al 3,8% (dependiendo del plazo), con un pago inicial de capital de 650 millones de dólares en julio de 2014 y de 500 millones de dólares en mayo de 2015, contra los 2.000 millones exigidos por los países acreedores en la reapertura de las negociaciones y sin la supervisión del FMI (tal como históricamente el Club de París ha reestructurado las deudas). Es la primera vez en la historia que un país como el nuestro obtiene estas condiciones. Argentina, contra los pronósticos de los profetas de la desmoralización, ratifica su soberanía, ajustándose al criterio de responsabilidad que caracterizó la política de desendeudamiento que inició Néstor y hoy consolida Cristina, por una deuda que, dicho sea de paso, contrajeron gobiernos anteriores (que se remonta a las dictaduras, la del 55, tras el derrocamiento de Perón, cuando también se produjo el ingreso del país al FMI, y todas las que siguieron, incluidos los gobiernos tutelados durante los 18 años de proscripción, hasta su crecimiento exponencial con la del 76; pero que fue convalidada y consolidada por el gobierno radical, tanto como revalidada y acrecentada durante el periodo neoliberal de Menem-De La Rúa, hasta llegar al default de Rodríguez Saa). Efectivamente la primera condición que se puso sobre la mesa de negociación fue la de sostenibilidad de los compromisos asumidos, sin comprometer las prioridades de la política económica, en materia de desarrollo, empleo e inclusión. Por ello, el perfil de vencimientos de deuda de los próximos años está en armonía con los términos del acuerdo, que prevé menores esfuerzos en los años 2015 y 2017, de mayores compromisos.

Cerrar este capítulo de la normalización financiera del país permitirá potenciar inversiones de carácter estratégico que consoliden el camino del desarrollo reindustrializador iniciado en 2003, a partir de la merma en la prima de riesgo país y, consecuentemente, de las tasas que se le venían exigiendo a la Argentina para el acceso al financiamiento externo para la adquisición de bienes de capital, incorporación de tecnología, para el financiamiento de infraestructura para el desarrollo, favoreciendo el ingreso de inversiones extranjeras que esperaban un desenlace favorable. Con una Argentina con enorme potencialidad, que se proyecta hacia su desarrollo definitivo, tal como da cuenta la invitación a participar de la reunión de los BRICS que se realizará en julio en Brasil, y que es una puerta abierta a la incorporación de nuestro país al bloque de los países emergentes más importantes del mundo. Demuestra también, una vez más, la vocación del país de avanzar en la normalización de la deuda en default, echando por tierra el argumento de los fondos buitres que litigan contra el Estado Nacional en Nueva York. Por todas estas implicancias, ameritaría hacer a un lado las mezquindades de la coyuntura política local, ya que se trata de una política de Estado que tiene, finalmente, por beneficiarios a los 40 millones de argentinos.

*Economista.