Las políticas de salud se encuentran fuertemente fragmentadas por la intervención de diferentes efectores que proceden del sector público, del seguro social (nacional y provincial) y del sector privado. Esta situación reduce la posibilidad de establecer un concepto integral de la salud, en la que el factor principal del enfoque sea la promoción de la salud y no tan sólo y predominantemente la atención de la enfermedad, como sucede en la actualidad. Esto último forma parte de una concepción cultural dominante constituida en paradigma: la concepción hospitalocéntrica en la que el médico es la jerarquía principal del sistema (modelo médico hegemónico) y la farmacología el supuesto método de resolución de las problemáticas de la salud.
En este sentido, el capital político y el capital simbólico creados en el imaginario colectivo no favorecen la promoción de la salud sino el abordaje de la enfermedad, constituido en estrategia central. En este marco en el sistema sanitario dicha actividad prioritaria supone la existencia de un enfoque transdisciplinario y de intensificación de liderazgos comunitarios de promoción de la salud. Estos últimos no están formalizados o institucionalizados ni forman parte de la planta permanente del personal de salud.
El déficit en la incorporación de líderes comunitarios está vinculado al modelo médico hegemónico, que jerarquiza en forma abusiva el papel del médico y de la medicina en la atención de las enfermedades antes que en la promoción de la salud. El modelo médico hegemónico forma parte a su vez del paradigma hospitalocéntrico que a su vez está fuertemente enlazado con la preeminencia del papel de la farmacología en el desarrollo de las actividades relativas a la “salud”.
Conviene destacar que existen indicadores de salud como la mortalidad infantil de 1 a 5 años y la materna, que deben ser paulatinamente atendidos mediante la construcción de consensos sociales en el abordaje de dichos problemas. Es de señalar que la tasa de mortalidad materna obedece principalmente a factores tales como aborto clandestino, hemorragias perinatales e hipertensión.
Por otra parte, el ministerio de salud carece de carácter rector en materia de elaboración de políticas públicas de salud en virtud de la fragmentación del sistema en los aspectos nacional, provincial, municipal, interinstitucional, interjurisdiccional, de las obras sociales y del sector privado.
Esta atomización también dificulta su participación en el diseño curricular de la formación técnica de grado y posgrado que imparten las universidades públicas y privadas, lo que ocasiona un déficit en la actualización científica, tecnológica y técnica de la educación sanitaria.