05.06.2014 - 15:06 /

La encrucijada de la Responsabilidad

La sustentabilidad ambiental requiere que los costos del deterioro ambiental sean absorbidos por los agentes responsables y no por la sociedad en su conjunto, pues de otra forma se quiebra el equilibrio entre sus ejes, inclinándose la balanza hacia el eje económico y en desmedro de lo social y lo ambiental. Pero acaso, ¿no somos todos agentes responsables del hiperconsumismo y en consecuencia el deterioro ambiental?


“Nos encontramos ahora en una encrucijada, pero ambos caminos no son igualmente bellos. El que nos ha traído hasta aquí es de una facilidad que decepciona; una carretera de primerísimo orden por la que progresamos a gran velocidad, pero a cuyo fin está el desastre” – Rachel L. Carson

Por Andrea Strauss Rivarola* (@straussandrea)


La sustentabilidad ambiental requiere que los costos del deterioro ambiental sean absorbidos por los agentes responsables y no por la sociedad en su conjunto, pues de otra forma se quiebra el equilibrio entre sus ejes, inclinándose la balanza hacia el eje económico y en desmedro de lo social y lo ambiental. Pero acaso, ¿no somos todos agentes responsables del hiperconsumismo y en consecuencia el deterioro ambiental?

[caption id="attachment_6953" align="aligncenter" width="451"] Molinos de Viento en La Cuesta del Portezuelo - Catamarca, Argentina.[/caption]

Si bien el costo no asumido por quien contamina en grandes masas o daña el ambiente de formas extremas, es asumido por las comunidades en su conjunto sufriendo la disminución de los componentes ambientales esenciales para la vida; somos nosotros, parte de esas comunidades, quienes tenemos la última palabra a la hora de consumir.

Vivimos en un mundo que se globaliza, es el mundo de la información, y de ella depende en buena parte nuestra forma de vivir; sin embargo, no obtenemos información precisa y crítica sobre los elementos de primer orden de nuestra vida y por ello no se actúa en consecuencia.

Se puede comprobar a lo largo de la historia como, gracias a la presión popular y a la toma de decisiones concretas, se ha conseguido combatir y lograr grandes conquistas sociales. Y, como la historia sigue sucediendo, hoy acaso es más sencillo percibirlo cuando la opinión pública reacciona de forma notable y firme, y los poderes deben modificar sus decisiones.

Presionar el interruptor para que se haga la luz, activar el aire acondicionado para mejorar la temperatura de nuestras casas o abrir la llave de agua para saciar la sed son actos reflejos, tan comunes y diarios como espontáneos, a los que no damos mayor importancia, pues forman parte del día a día colectivo. Pero al detenernos a reflexionar sobre el avance de la sociedad para acceder a ellos, somos los mayores exponentes de la alta calidad de vida.

El acceso a la energía puede significar para nuevas generaciones un derecho adquirido, que viene con nosotros, con lo que se llega a la Tierra. Pero, actualmente cerca de 2.000 millones de personas en el mundo no tienen acceso a fuentes seguras de energía que les permitan cubrir necesidades básicas como cocinar, bañarse, tener iluminación.

Cuando el hombre descubrió las propiedades energéticas de los combustibles fósiles y explotó estos recursos, fue uno de los avances más importantes y significativos de la era industrial. Desarrollo, que desde el primer momento se supo condicionado a las reservas acumuladas en los yacimientos y sometido a una fecha de caducidad a la que podríamos, actualmente, estar aproximándonos; este es su verdadero y único problema. Lo que empieza a ser evidente, es que el recurso se agota.

El estado de las reservas mundiales, sometidas ahora al control de satélites, es dispar, pero coinciden en señalar, que al ritmo del consumo actual y ante el crecimiento de su demanda, no alcanzarán al fin de siglo. ¿Cuál es entonces la opción al empleo de las actuales fuentes de energía?

Las energía renovables, lejos de basar su utilización en el agotamiento del carbono acumulado en los restos fósiles de materia orgánica, aprovechan las fuentes naturales, inagotables y limpias que se hallan presentes en la Tierra. Lamentablemente, aunque parezca inexplicable, el hombre no ha centrado su desarrollo industrial y tecnológico en estas. Un cambio, que lejos de ser accesorio se hace absolutamente indispensable, no sólo porque el recurso se agota, sino porque el uso de las fuentes de energía tradicional son el principal agente causa del conflicto ambiental que vivimos.

Si queremos evitar el colapso ambiental y mantener nuestro régimen de consumo, para el 2030 la humanidad requerirá un 60% más de producción energética pero deberá contaminar un 20% menos de lo que contamina actualmente.

* Especialista en Cambio Climático y Desarrollo Sustentable