09.04.2016 / Análisis

¿Por qué el peronismo es una propuesta para el mundo?

Un análisis filosófico del peronismo, a 67 años del acto más importante de Perón.

por Andrés Fortunato



Perón debe haber sido uno de los hombres más políticos de la historia argentina. Muchos dirigentes o líderes políticos no son tan políticos como parecen: algunos tienen mas culo que cabeza. El grado máximo de la política es el manejo total de la estrategia y el grado cero es la fortuna absoluta. Por supuesto, ambos extremos son igualmente imposibles, no hay nadie con tanto culo ni nadie tan inteligente. Perón era mucho más político que otros políticos, porque hasta de las situaciones más desfavorables podía llegar a salir fortalecido.

Ese animal político era también un pensador. Si tenía una capacidad única para manejar los tiempos del poder y ganar negociaciones domésticas o internacionales, era porque también tenía una visión a largo plazo basada en convicciones y conceptos con los que amplificaba su acción en el mundo. Hacer muy bien una cosa implica necesariamente hacer muy bien la otra. Se llama poder de síntesis. Y es muy difícil de lograr. Eso sí que no se enseña.

Un 9 de abril hace 67 años Perón daba muestras de ese poder de síntesis haciendo un acto político de alcance histórico, no en un estadio, en una plaza, en la rosada o en la calle, sino en la clausura del primer Congreso Nacional de Filosofía realizado en la provincia de Mendoza. “Siempre he pensado que mi oficio tenía algo que ver con la filosofía”, llegó a decir entonces.

Hoy a nadie se le ocurriría decir que la filosofía puede llegar a tener algo que ver con gobernar o con el arte de la política. Es más, a nadie se le ocurriría que puede tener algo que ver con nada útil, con cualquier actividad que tenga resultados eminentemente pragmáticos. El actual Presidente de la Nación, Mauricio Macri, llegó a decir que “el siglo XXI alineó ideologías en función de un resultado”, que es el bienestar individual: “la gente quiere vivir mejor, la gente quiere tener una vida sana, quiere hipercomunicarse”. Eso no tiene nada que ver con la historia, la razón o la filosofía, sólo una “mínoría” puede pensar que esto se relaciona con algún tipo de pensamiento.

Sin embargo, ese aparente sentido común que expresa Macri no es tan común como parece. La idea de que la mejor sociedad que podemos imaginar no es más que un gran supermercado de placeres inmediatos, consumo, bienestar y vida sana, sigue produciendo un profundo rechazo en gran parte de la mayoría. La capacidad de proyectar a largo plazo, la pertenencia cultural, el orgullo de ser parte de una Nación pujante, la idea misma de que existe una historia a través de la cual los argentinos han ido encontrando sus destinos y sus desafíos, todo ello no cabe en el sordo pragmatismo de una sociedad sin filosofía.

En ese sentido, la política sigue siendo deudora de la filosofía. Aun cuando se repita incansablemente el prejuicio de que política y pensamiento corren por carriles totalmente separados, no se puede construir política sin una visión conceptual de la realidad. Hasta el pragmatismo más recalcitrante lo es.

Perón reconocía que toda sociedad pujante tiene la necesidad de pensar no sólo los conceptos que la habitan, sino también una propuesta para el mundo. En ese sentido, le asignaba un valor político y pragmático muy importante a la filosofía. Porque ésta sería, en última instancia, una forma de posicionar a la Argentina globalmente, no en las noticias sino en la historia. Las Naciones que lograron imponer y determinar el orden mundial de post-guerra lo tuvieron muy en claro, utilizaron su producción intelectual para influenciar una manera de entender las cosas.

Se han dicho muchas cosas acerca del valor intelectual del peronismo. Hay una idea que se repite muchísimo tanto dentro como fuera del movimiento, en la izquierda y en la derecha: el peronismo es solamente una cultura o una estructura sentimental que el pueblo argentino ha abrazado en determinadas situaciones. Por eso algunos intelectuales han hablado de 6, 7 u 8 peronismos e incluso lo han reducido a un “significante vacío” que puede ser rellenado de contenido por cualquier facción histórica lo suficiente avivada. Lo curioso es que cuando muchos creen que de ésta forma están realzando la cultura popular del peronismo, en realidad la están subestimando. Esta forma de entenderlo le quita toda su racionalidad, su capacidad para discutir lo universal, para transformar la sociedad.

El problema es que hacer esto es transformarlo en un simple atavismo étnico, una expresión cultural de cierta gente que de esa forma define su identidad. Pero entonces el liberalismo sería tan solo una costumbre inglesa, sin muchas diferencias cualitativas con tomar el té a las 17hs. El marxismo sería una especie de tribu urbana surgida entre la clase obrera de determinados países europeos del siglo XIX. A estos pensamientos políticos no se les discute su rango filosófico, esto es, su pretensión de pensar la realidad, aquello que es común a todos. Al peronismo, en cambio, se le discute que tenga ese rango. Sin embargo, la potencia intelectual que habita en los textos de Perón es innegable. Lo que pasa es que para percibirla hay que leerlo.

Por otro lado, hay quienes creen que el peronismo pertenece a una época absolutamente diferente a la que vivimos hoy en día, una época en la que la sociedad todavía se alimentaba de conceptos modernos como comunidad, autoridad o institución. Hoy la sociedad habría mutado sus formas, se habría vuelto anómica, líquida, relativista. Esta idea de que hay una galopante fragmentación del vínculo social que se come a cualquier tipo de estructura más o menos estable o cualquier pensamiento que vaya más allá del momento, termina por concluir que todo pensamiento político que haga gala de un “gran relato” es anacrónico. El problema es que de esta forma no se podría explicar por qué algunos pensamientos que sí se consideran contemporáneos tienen raíces muy antiguas. El liberalismo, el pragmatismo o el consumismo no son nada nuevos. ¿Por qué el peronismo es viejo y el relato “new age” del liberalismo lavado no lo es? Simplemente porque el segundo oculta sus raíces conceptuales. Parece como si nunca hubiese sido pensado. Así se venden los buzones.

Un resumen de la filosofía peronista excede las dimensiones de esta nota, pero es una tarea necesaria hoy en día. Esto es importante para el propio peronismo, ya que la única forma de demostrar que puede seguir enamorando es mostrando que puede resolver los problemas que el liberalismo no puede resolver, gracias a una forma diferente de entender la sociedad.

Pero también es importante para la sociedad argentina, porque los problemas que toca el peronismo exceden a un partido político o una identidad, pertenecen a una discusión que deben dar todos los argentinos, tengan la postura que tengan. Es importante porque necesitamos tener, una vez más, un Presidente o Presidenta con una visión argentina del mundo y no sólo ganas de tener una “vida sana”.

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