Dilma Rousseff se defiende ante el Senado, que debe decidir sobre su destitución en Brasil. “No lucho por mi apego al poder, lucho por la verdad”, dijo en el que podría ser su último acto como presidenta.
"Jamás atentaría y practicaría actos contra los intereses de los que me votaron. Como todos tengo defectos y cometo errores, pero entre mis defectos no están la cobardía y la deslealtad", afirmó. Recordó además los tiempos del país bajo la dictadura, su militancia en favor de la libertad, las marcas de la tortura: "Vi compañeros mientras eran violentados y hasta asesinados. Era muy joven, tenía mucha esperanza en la vida. Tengo secuelas de tortura en el cuerpo y el alma, pero no cedí y resistí, resistí las tempestades del terror. Continué luchando por la democracia. Hoy, como en el pasado, resisto. No esperen de mí el silencio de los cobardes. No lucho por mi apego al poder, lucho por la verdad y por la justicia. Lucho por los pobres de mi país".
Rousseff fue suspendida de su cargo en mayo, acusada de maquillar las cuentas públicas. Si bien hubo fuertes denuncias mediáticas sobre sus supuestos actos de corrupción y en el marco de una feroz crisis económica, el proceso para destituirla se inició a raíz de la implementación de un mecanismo por el cual desvió dinero público de un área a otra, algo que según argumentó se hizo muchas veces en gestiones previas, sin que ello fuera denunciado.
La votación de hoy es el último capítulo.
La mandataria afirma que es inocente y que el juicio es en realidad "un golpe orquestado" por su ex vicepresidente Michel Temer, a cargo del poder de forma interina, aunque podría quedar en ese lugar por los próximos dos años. El pleno de 81 senadores decidirá el futuro gobierno del país en una sola ronda de votación.