18.09.2017 / Derechos Humanos

Once años sin Jorge Julio López, 48 días sin Santiago Maldonado

El anciano y el joven comparten el triste privilegio de representar casos únicos entre otras desapariciones en democracia.

por Luciana Rosende




Hay otros desaparecidos en democracia. Esa fue la primera respuesta que obtuvimos por parte de una editorial al proponer, junto con el periodista Werner Pertot, un libro sobre la desaparición de Jorge Julio López. Hay otros: ¿Por qué entonces un libro sobre López y no sobre todos los desaparecidos en democracia? Ante esa pregunta, respondimos que era cierto, que había otros. Pero que no existía otro caso de un sobreviviente de la última dictadura y testigo judicial desaparecido en el marco del juzgamiento a los genocidas. El caso de Jorge Julio López, del que hoy se cumplen once años, era (y es) único.

El planteo volvió a surgir ante Santiago Maldonado. Hay otras desapariciones en democracia –aquí muchos que nunca antes lo habían mencionado, insertaron el nombre de Jorge Julio López-. Por qué entonces insistir tanto con el caso del artesano, como lo catalogó el gran diario argentino. La respuesta, igual que en el caso López, es que no hay otro caso como el de Maldonado: desaparecido en democracia en el marco de una represión a una protesta social, por parte de una fuerza de seguridad.

Así, a once años de la desaparición de Jorge Julio López y a 48 días de la de Santiago Maldonado, el anciano y el joven comparten el triste privilegio de representar casos únicos. Sus ausencias no encajan en las otras –y no por ello menos graves- desapariciones en democracia, que podrían englobarse en dos grandes grupos: los pibes pobres víctimas de violencia policial y las chicas y mujeres víctimas de redes de trata.

Pero aunque únicos en su especie, los casos de López y Maldonado activaron una serie de engranajes comparables. Por un lado, en las reacciones por parte del Estado y los mecanismos que desde allí se buscó y busca reactivar. Por otro lado, en las respuestas a nivel social. Como enumeró Guadalupe Godoy –abogada de López- en diálogo con la revista autogestiva NAN: primero la negación, luego el cuestionamiento de la víctima (desde el viejito extraviado y con Parkinson hasta el terrorista kurdo-kirchnerista-mapuche, versiones ambas tomadas y potenciadas por gran parte de la cobertura mediática) y la demonización de quienes reclaman su aparición, y al mismo tiempo el encendido de mecanismos que el pueblo construyó en cuanto a organización y reacción, con 30 mil desaparecidos sobre sus –nuestras- espaldas.

Quizá como emblema de esa capacidad de reacción que la sociedad supo construir, un cantito que tronó a principios de los ’80, reapareció durante las primeras marchas por López en 2006 y volvió a gritarse en las plazas por Maldonado: “Ahora, ahora, resulta indispensable, aparición con vida y castigo a los culpables”. Nilda Eloy, también sobreviviente de los centros clandestinos del Circuito Camps y querellante contra el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz junto con López, decía hace once años cuánto la espantaba tener que volver a exigir una aparición con vida de un compañero. La escena se repitió hace algunas semanas, ante el reclamo por Santiago: “Jamás habíamos pensado que 40 años después tengamos que gritar otra vez ‘aparición con vida’ como lo hacíamos con nuestros hijos”, sostuvo “Taty” Almeida, de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora.

“¿A qué te podés acostumbrar?”, pregunta desde hace once años en letras gigantes la fachada de uno de los edificios de la Universidad Nacional de La Plata. En las primeras marchas por López y luego en cada aniversario el mensaje fue claro: no podemos acostumbrarnos a tener desaparecidos en democracia. Y sin embargo, con la excepción de las agrupaciones de izquierda y los organismos de Derechos Humanos de La Plata que mantuvieron vigente el reclamo, lo cierto es que el paso del tiempo fue en detrimento no sólo de los avances judiciales en el caso López, sino también del reclamo de memoria, verdad y justicia por el albañil y militante montonero desaparecido primero en 1976 y luego en 2006.

A un mes y medio de la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el mensaje todavía se hace sentir con fuerza. Con la fuerza de una Plaza de Mayo colmada como lo estuvo al cumplirse el primer mes. Si con el paso del tiempo sigue sin haber respuestas a la pregunta urgente de ¿dónde está Santiago Maldonado?, ¿seremos capaces como sociedad de mantener vigente la fuerza de ese reclamo? ¿De exigirle sin descanso al Estado responsable que diga dónde está, qué pasó y que juzgue y condene a los culpables directos? A once años de la desaparición de Jorge Julio López y a 48 días de la desaparición de Santiago Maldonado, ese es el desafío al que nos enfrentamos.