Tras más de ocho décadas de trayectoria, Fate confirmó este miércoles el cierre definitivo de sus operaciones y la clausura de su planta industrial en Virreyes, partido bonaerense de San Fernando. La empresa despedirá a sus 920 trabajadores y justificó la decisión en un comunicado en el que sostuvo que “los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente.”
Detrás de la firma se encuentra el empresario Javier Madanes, cabeza del Grupo Madanes Quintanilla y también propietario de Aluar. Según la revista Forbes, su patrimonio personal asciende a unos 1.500 millones de dólares, lo que lo ubica entre los hombres más ricos del país, mientras que el patrimonio familiar ronda los 590 millones de dólares.
Aluar, con base en Puerto Madryn, produce más de 500.000 toneladas de aluminio al año y opera junto a la central hidroeléctrica Futaleufú, además de las transportistas Trelpa y Transpa. Madanes Quintanilla concentra así el monopolio de la fabricación primaria de aluminio en la Argentina, insumo clave para la industria aeronáutica, automotriz, ferroviaria y naval, entre otras.
El grupo empresario creció al calor de subsidios y créditos otorgados durante las políticas de industrialización sustitutiva y se consolidó como uno de los actores centrales del entramado industrial argentino. No obstante, su nombre también apareció en la investigación internacional conocida como Panama Papers, donde los principales accionistas fueron vinculados a sociedades offshore en Islas Cook, Bahamas, Islas Vírgenes y Panamá, con conexiones a cuentas en Suiza.
Ahora, mientras el cierre de Fate golpea a casi mil familias trabajadoras, el foco vuelve a posarse sobre uno de los empresarios más poderosos del país y las responsabilidades del sector privado en medio de la crisis industrial.