Pix es el sistema de pagos instantáneos que el Banco Central de Brasil lanzó en noviembre de 2020. En poco más de cinco años se convirtió en el método de pago más usado en el país: más de 170 millones de personas lo adoptaron, desplazando al efectivo y a las tarjetas de crédito en el volumen de transacciones cotidianas. Opera a través de claves de identificación - un número de teléfono, un correo electrónico o un código QR - y no cobra comisiones a personas ni a pequeñas empresas. Esa última característica es, en parte, el origen del conflicto que estalló esta semana con Washington.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés) publicó su informe anual sobre barreras comerciales y apuntó directamente contra Pix.
El documento sostiene que el sistema puede generar una "desventaja" para empresas estadounidenses del sector de pagos electrónicos - Visa y Mastercard entre ellas - y cuestiona que el Banco Central de Brasil no solo creó y opera la plataforma, sino que obliga a todas las instituciones financieras con más de 500.000 cuentas a integrarlo. Es decir, los bancos grandes no pueden elegir: deben ofrecer Pix por regulación.
La amenaza de sanciones
El informe del USTR no es solo un diagnóstico: habilita represalias. Washington advirtió que podría aplicar sanciones bajo la Sección 301 de la ley de comercio exterior estadounidense, el mecanismo que la administración Trump ya usó para justificar aranceles contra decenas de países. En el caso de Brasil, el informe también cuestiona otros puntos de fricción: un impuesto del 60% a compras internacionales pequeñas - la llamada "taxa das blusinhas"-, demoras en el registro de patentes, aranceles sobre etanol importado, restricciones sanitarias a la carne porcina y cuotas de pantalla para producciones audiovisuales locales. Según Washington, Brasil mantiene una tarifa promedio del 12,5% en bienes industriales y del 9% en agrícolas, niveles que considera excesivos.
No es la primera vez que EEUU apunta contra Pix. El año pasado, tras imponer un arancel del 50% a los productos brasileños, la Casa Blanca ya había ordenado una investigación por supuestas "prácticas desleales".
La respuesta de Lula
La reacción del gobierno brasileño fue inmediata. En un acto en el estado de Bahía, Lula defendió el sistema con énfasis político: "EE.UU. publicó un informe en el que dice que Pix altera el comercio internacional porque afecta a su moneda.
Pero Pix es de Brasil y nadie, nadie, va a hacernos cambiarlo". El presidente subrayó la gratuidad e inmediatez del sistema como herramientas de inclusión financiera y anunció que el objetivo es perfeccionarlo, no negociarlo.
El Banco Central y la Cancillería brasileña también salieron a responder, argumentando que Pix es neutral y no discrimina a empresas extranjeras. Fueron más lejos: recordaron que la propia Reserva Federal de Estados Unidos está desarrollando mecanismos de pago instantáneo similares, lo que, según Brasilia, demuestra que el modelo no tiene nada de irregular.
En las redes sociales brasileñas, la consigna "El Pix es de Brasil" se volvió tendencia en pocas horas, convirtiendo lo que empezó como un capítulo del conflicto comercial entre las dos potencias en un debate sobre soberanía tecnológica y financiera.