El mercado financiero atraviesa días de incertidumbre luego de que se agravara el conflicto en Medio Oriente, con la incautación de un buque iraní por parte de Estados Unidos y la respuesta de Teherán sobre el estrecho de Ormuz. Este escenario impacta de lleno en los países emergentes y deja a la Argentina especialmente expuesta. En ese contexto, el riesgo país sube por tercera rueda consecutiva y se ubica en 531 puntos básicos.
En paralelo, la deuda soberana opera con mayoría de bajas tanto en el mercado local como en Wall Street. Los títulos más largos encabezan las caídas: el Global 2041 pierde 0,7%, seguido por el Global 2038 y el Bonar 2041, ambos con retrocesos de 0,6%. Solo el Global 2046 logra sostener una leve suba marginal.
A contramano de estos datos, el Gobierno insiste en mostrar señales de estabilidad apoyándose en la estacionalidad de la cosecha gruesa y el superávit comercial. El saldo favorable de u$s2.523 millones en marzo aparece como uno de los principales argumentos oficiales, aunque analistas advierten que se trata de un fenómeno transitorio que no resuelve los problemas estructurales del frente externo.
Mientras tanto, el Banco Central continúa interviniendo para evitar una mayor apreciación del peso y acumular reservas en línea con las exigencias del FMI. En simultáneo, el Tesoro busca despejar vencimientos con nuevos canjes de deuda, en una dinámica que refleja la persistente dependencia del financiamiento en moneda local.
El rebote del riesgo país y la volatilidad de los bonos vuelven a poner en evidencia los límites del esquema económico libertario, que sigue atado a factores externos y sin lograr consolidar la confianza del mercado ni mejorar las condiciones de financiamiento de largo plazo.