La reconfiguración del negocio automotor deja un saldo contradictorio: recortes en la planta de El Palomar impactan en proveedores y empleo local, mientras la compañía proyecta crecimiento en Córdoba con mayor peso de exportaciones y nuevas marcas extranjeras.
La crisis golpea en el corazón de la cadena productiva. La autopartista Clapp anunció el despido de 35 trabajadores en su planta de Jeppener, en Brandsen, como consecuencia directa del recorte de producción en la fábrica de Stellantis en El Palomar, donde se producen modelos de Peugeot y Citroën. La eliminación de un turno en esa planta activó un efecto inmediato sobre sus proveedores.
El ajuste forma parte de una estrategia más amplia de la automotriz, que también impulsa un esquema de retiros voluntarios que podría alcanzar a unos 400 operarios. La caída en las ventas y en las exportaciones, especialmente hacia Brasil, aparece como el principal argumento detrás de la decisión, que ya genera alarma en todo el entramado industrial.
El impacto se siente con fuerza en el sector autopartista, que arrastra un deterioro sostenido. Según datos de la industria, el déficit comercial superó los 9.000 millones de dólares en 2025, con un incremento interanual del 13,3%. El aumento de importaciones y el bajo nivel de integración local agravan un escenario que combina pérdida de competitividad y empleo.
En paralelo, Stellantis proyecta una expansión en su planta de Ferreyra, Córdoba, donde planea fabricar 73.700 vehículos en 2026. El crecimiento, sin embargo, se apoya en un esquema con mayor orientación exportadora —principalmente hacia Brasil— y en un mercado interno donde predominan cada vez más los vehículos importados.
Esa transformación también incluye la llegada de la marca china Leapmotor, con modelos electrificados que la compañía busca posicionar en nuevos segmentos. Desde la propia empresa reconocen que el mercado cambió de forma drástica: de un esquema mayormente nacional a uno abierto, con más del 70% de unidades vendidas provenientes del exterior.