Nicolás Freibrun: "Las posiciones políticas de Borges no se agotan en la discusión con el peronismo"
El politólogo y doctor en Ciencias Sociales acaba de publicar Borges y la política. Un desafío para el peronismo, la izquierda y la derecha. En diálogo con Política Argentina reflexiona sobre el vínculo entre literatura y política, la relación de Borges con el poder y las razones por las que su figura sigue resistiendo cualquier apropiación ideológica.
Nicolás Freibrun es politólogo, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigador especializado en teoría política, historia intelectual e historia de las ideas. Docente en la UBA, la Universidad Nacional de Mar del Plata y la UNSAM, es autor de La reinvención de la democracia. Intelectuales e ideas políticas en la Argentina de los ochenta y acaba de publicar Borges y la política. Un desafío para el peronismo, la izquierda y la derecha, de Editorial Siglo XXI.
En conversación con Política Argentina, Freibrun propone una lectura de Borges que va más allá de sus posiciones coyunturales o de su conocida oposición al peronismo. A partir de sus ficciones, ensayos e intervenciones públicas, explora cómo aparecen en su obra problemas como la historia, la verdad, el poder, la identidad y la relación entre el individuo y el Estado, y reflexiona sobre la vigencia de esas preguntas para pensar la política contemporánea.
¿Existe un Borges político? ¿Qué lo define?
Sí, existe un Borges político. A mí me gusta diferenciarlo de la política más cotidiana, más ligada a los medios de comunicación, los partidos políticos, el ámbito periodístico. Ahí no hay tanta relación de Borges con la política. Pero, si cambiamos el eje, creo que se puede descubrir un Borges político donde lo político está dicho de forma más solapada, más desviada, más desplazada. Hay que hacer un ejercicio de suspender un poco el juicio sobre el Borges oral, más conocido, con el que siempre hemos discutido y que se ha hecho popular inclusive por su propia condición de ceguera y, por lo tanto, de expansión de la voz oral. Me interesa ir a los textos. Nunca perdamos de vista que Borges es un escritor y su relación con la política no es lineal. Me interesaba ese juego, cómo llegar por un recorrido no tan directo.
¿Qué textos en particular?
Hay una serie de textos que traté de trabajar en el libro, no son los únicos, pero hice un recorte, que tienen que ver sobre todo con textos de ficción, aunque hay algunos ensayos. Pienso que lo político puede estar en la ficción, que es un modo de mirar lo político más desplazado. Hay una serie de temas que Borges trabaja que podemos ligar con lo político.
¿Por ejemplo?
El problema de la historia. O, un ejemplo aún más político, el problema del individuo en relación al Estado. Por supuesto, no escapa a las discusiones con el peronismo, que quizás es una de las formas más obvias en que se ha entendido a Borges. Me gustaría pensar más allá de esa relación con el peronismo porque sus posiciones políticas no se agotan en esa discusión. Creo que, si bien Borges prestó bastante atención al peronismo, así también en su momento al nazismo y al problema del antisemitismo, hay elementos mucho más disruptivos y diferentes que permiten pensar esa politicidad de Borges en temas como la historia, la verdad, los hechos de la historia, el olvido, la identidad o el problema de la civilización y de la barbarie.
¿En qué sentido pensó este último problema?
Es un tema importante porque para Borges no es un problema del siglo XIX solamente sino más bien es como una lógica de funcionamiento de la sociedad. La sociedad se ordena a partir de esa tensión, de esos dos polos antagónicos que son la civilización y la barbarie. Obviamente que Borges, en general, asimila la barbarie como algo más despectivo o como algo más popular y, por lo tanto, su mirada es más antipopular ahí. Pero también me gustaría ir un poco más allá y pensar que eso puede ser intercambiable.
¿Intercambiable con qué otras cuestiones?
Por ejemplo, cuando él mira el nazismo dice: "estos alemanes que eran tan cultos de repente se vuelven bárbaros”. Entonces, también lo barbárico como algo disruptivo, como algo que puede aparecer en la historia. De hecho, me permito hacer una licencia con el contexto actual y, efectivamente, muchas veces hoy decimos "esta es una época de descomposiciones, es una época donde aparece una cierta barbarie". Donde aparecen gobiernos que no pensamos que iban a aparecer. Ese modo de leer la realidad, yo creo que es un modo que Borges nos puede ayudar. En ese sentido, es un gran lector que nos podría permitir, de una forma no tan directa, sino de una forma lateral, pensar elementos de la historia, de la política y de la lógica social. En general, eso está dicho en sus ficciones y lo ficcional nos podría hacer ver algo de la política que la política de todos los días quizás no nos dice.
¿Hay una teoría del poder en Borges?
En principio diría que no, si asociamos las teorías del poder a teorías políticas o filosóficas. Nunca hay que perder de vista que Borges es un escritor. Me gusta una idea del escritor Juan José Saer que dice: "a los escritores hay que valorarlos cuando escriben". Por lo tanto, eso dejaría un montón de cuestiones afuera y lo traigo más como una cuestión polémica. Pero creo que Borges, en ese sentido, se inscribió más en la tradición liberal, pensó el poder como una dimensión negativa, que es a muy grandes rasgos la teoría liberal del siglo XVIII y XIX. Y, en ese sentido, el poder ligado al poder del Estado. Obviamente, Borges ahí diría que abreva en dos tradiciones: el liberalismo y el anarquismo. Un anarquismo que le viene del padre, de las lecturas de Herbert Spencer. Quizás Borges no es tan original en eso y se para en una dimensión más clásica, la de un liberalismo o un anarquismo individualista en contra del poder y a favor del individuo. A mí me gusta hablar de cierto individualismo en Borges. No un individualismo como quizás se piensa hoy de una atomización, sino más bien un rescate de cierta conciencia incluso moral del individuo, en el sentido de una autonomía para hacer y decir. Obviamente ahí los totalitarismos (que Borges agrupa en la Unión Soviética, Stalin, y de ahí a Perón) representan para él una desmesura del poder. Lo que rechaza es el poder como algo que se impone un poco arbitrariamente, que desplaza al individuo y lo somete a cierta lógica.
¿Por qué sigue siendo una figura de la que nadie puede apropiarse del todo?
Es una pregunta muy interesante porque parecería ser que Borges construyó, al mismo tiempo, como una distancia de las derechas, las izquierdas, el peronismo, cierto liberalismo. En algún momento hizo un chiste que es "me afilié al Partido Conservador", un gesto antipolítico radical, afiliarse a un partido que casi no existe. Me parece que Borges se resiste a las etiquetas y a ser apropiado, porque creo que todo el tiempo está como en cierta fuga. Por supuesto que es más fácil decir que no es peronista ni de izquierda, claramente porque él mismo en muchas ocasiones lo dijo. Salvo un período de juventud, cuando estaba con la familia en Suiza, donde Borges habla muy bien de la Revolución Bolchevique. De hecho escribe unos textos rojos o Salmos rojos. También lo seduce, en cierta medida, el yrigoyenismo. Sobre todo la figura de Yrigoyen más que el yrigoyenismo o el radicalismo. Pero creo que al mismo tiempo siempre ha tratado de tomar distancia y ser incómodo para las distintas opciones políticas que quizás quisieron apropiárselo. Lo que sucede es que, antes de una apropiación, lo que hubo fue una crítica muy fuerte hacia Borges, tanto de las izquierdas nacionalistas como nacional populares.
¿Por qué?
Porque efectivamente Borges no era lo que se llamaba en la época un autor comprometido. No estaba comprometido con ideas sociales ni su literatura tenía que ver con causas sociales, políticas o nacionales. Eso es lo interesante de Borges, que puede hablar de lo político sin decir algo directamente político, sin necesidad de referenciarse con un partido, con una ideología tan clara o directamente. Al mismo tiempo, Borges tomó posiciones políticas muy fuertes, por ejemplo con el caso del nazismo. Es la posición política más clara y más extrema en el sentido de su rechazo y su crítica, ya en los tempranos años ´ 30. Nazismo y antisemitismo son dos cosas que le interesan de una forma desde el punto de vista casi de cómo razona un racista, un antisemita, un nazi. Le interesa ver ahí algo de cierta complejidad, por lo tanto podríamos decir que tampoco en esa zona de la vida política obviamente habría algún tipo de apropiación. Quizás sí en cierto liberalismo conservador, quiso decir o quiere decir "Borges es nuestro". Pero la universalidad de Borges, al mismo tiempo, creo que patea el tablero de cualquier apropiación particular y más bien queda, como ha quedado, como una referencia que puede ser ahí sí usada, apropiada, por escritores o pensadores de distintas corrientes. Ahí hay una riqueza y hay una radicalidad en Borges, en algunos cuentos como Tema del traidor y del héroe, Tres versiones de Judas. Son textos que presentan una radicalidad que uno se pregunta qué ideología tiene el autor que los escribe. Porque pasan revoluciones, traiciones, movimientos políticos. Hay detrás de esa escena cierta politicidad que no se deja atrapar o clasificar tan rápidamente como de izquierda, derecha o populista. Y por último, también me parece importante marcar que Borges siempre se desentendió de la figura del intelectual.
¿En qué sentido?
Ahí podríamos hacer una diferencia entre ser escritor o ser intelectual, ¿Por qué el escritor debería tomar posiciones políticas? Esa es una pregunta interesante. Tendemos a pensar a veces inmediatamente que sí, que alguien que escribe bien tiene que tomar posiciones políticas parecidas a las que nosotros tenemos. Creo que con eso Borges generó mucho conflicto. Por ejemplo, Cortázar no era así. Al principio, efectivamente no era un tipo de izquierda pero en los ´60 se sumó a la ola de la intelectualidad latinoamericana, tiene ese famoso poema al Che Guevara que es muy lindo. Pero hizo un gesto mucho más fácil también en un punto. Y tendrá que ver con su propia singularidad y su búsqueda. Yo creo que lo que molesta de Borges siempre es esa distancia . Que no termina de tomar en esas causas, más bien al contrario, y eso me parece que también tiene una radicalidad como pensador. Ahí hablaría de Borges como alguien que está pensando, no solamente escribiendo.
En este contexto, ¿qué hacer?
Daría una respuesta básica: seguir leyéndolo me parece que es fascinante, es una obra bastante amplia, compleja desde el punto de vista de la lectura. Compleja en el sentido de que requiere un tiempo, y me parece que ese también es un llamado de atención a la actualidad. Que las cosas requieren tiempo. Leer a Borges, o a cualquier otro autor de esa dimensión, requiere tiempo. Después, quizás hacer alguna referencia más al contexto actual, ya que si hablamos de Borges y la política qué elementos podríamos tomar. Algunos aspectos que me interesó trabajar tienen que ver con la necesidad en relación a la política, de que esa política siempre que se imagina o que se elabora tiene que tener algún marco textual. Para mí no hay política sin textos. De hecho hablamos de contexto, ¿no? Bueno, efectivamente, es contexto y no es sin texto. Me parece que a la política contemporánea le faltan textos en ese sentido. Le faltan textos, lenguajes, imaginaciones, discursos. Parecen palabras un poco repetidas, pero efectivamente creo que más bien hay una sensación de repetición sobre ciertos discursos y textos como algo amplio, como lecturas de una época. Me parece que hay un afán más por repetir y refugiarse en lo sabido, en lo que incluso funcionó en algún momento, en lo que conocemos y nos da cierta seguridad, que arrojarnos a poder pensar con otros siempre, otras dimensiones.
¿Qué puede aportar la lectura a eso?
Los textos siempre tienen que tener una gravitación para aquel que haga política, piense política, analice política, sea un líder político, sea un político profesional. No nos alcanza ni con los datos, ni con una cierta serie de conocimientos que seguramente serán imprescindibles o necesarios, pero que al mismo tiempo no pueden dejar de necesitar la época, esta dimensión textual. La idea del texto como algo que invita efectivamente a la reflexión. Me parece que la época está pidiendo salir un poco de la inmediatez en la que estamos inevitablemente insertos y poder tomar distancia. Yo creo que los textos sirven para eso, son una pausa, una forma de poder tomar distancia y volver a pensar incluso esas ideas que creemos que muchas pueden ser válidas, pero que quizás también deban ser eh recontextualizadas. Borges es un gran pensador de las recontextualizaciones, hizo eso con sus propios textos. Metía sus textos de los años ´50 y los ponía en reediciones de libros, por ejemplo que eran de los ´30. Eso me parece una cosa increíble, o sea, jugaba con el tiempo, hacía futuro pasado. Y eso me parece que es importante porque lo que propone es que siempre hay una nueva lectura, sean de los textos que nos interesen a cada uno de nosotros, y creo que ahí hay una propuesta de Borges de cara al futuro.