26.09.2026 / GUERRA EN MEDIO ORIENTE

Irán bloqueó Ormuz, pero el petróleo sigue circulando: cómo funciona la nueva ruta del Golfo

A casi siete meses del comienzo de la guerra, los países del Golfo lograron recuperar buena parte del petróleo que dejó de circular por el estrecho de Ormuz. Oleoductos alternativos, rutas marítimas supervisadas por Estados Unidos y reservas internacionales evitaron un desabastecimiento mundial. Sin embargo, los costos del transporte se dispararon y el equilibrio energético sigue siendo vulnerable.





El bloqueo del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del comercio mundial de petróleo, no produjo hasta ahora el colapso energético que se temía al comienzo de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel. Casi siete meses después del inicio del conflicto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros productores del Golfo consiguieron recuperar una parte significativa de sus exportaciones mediante oleoductos y rutas marítimas alternativas. El barril de petróleo cotiza alrededor de los 100 dólares, por encima de los niveles anteriores a la guerra, pero lejos de los escenarios de precios extremos que se habían planteado.

El resultado es un equilibrio inesperado, aunque precario. Según estimaciones de la consultora energética Rystad Energy, de los aproximadamente 15 millones de barriles diarios cuyo transporte quedó interrumpido por el bloqueo, unos 8 millones volvieron a circular mediante rutas alternativas. La reducción del consumo mundial y la utilización de reservas petroleras permitieron compensar buena parte del faltante restante.

Sin embargo, mantener el petróleo en movimiento se volvió considerablemente más caro. El alquiler de algunos superpetroleros llegó a alcanzar el millón de dólares diarios y los ataques contra infraestructuras energéticas demostraron que las alternativas al estrecho tampoco están libres de riesgos.

Por qué el estrecho de Ormuz es tan importante



El estrecho de Ormuz es un corredor marítimo que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y, desde allí, con el océano Índico. Está situado entre Irán, al norte, y Omán, al sur. Su ubicación lo convierte en una vía fundamental para las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y otros productores de la región.

Su importancia no depende únicamente de la cantidad de petróleo que transporta, sino también de la concentración geográfica de la producción. Una parte sustancial de los hidrocarburos que consumen las economías asiáticas sale de puertos ubicados dentro del golfo Pérsico y necesita atravesar este paso para llegar a los mercados internacionales.

Al comenzar los bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán, Teherán respondió atacando embarcaciones que atravesaban el estrecho y restringiendo el tráfico marítimo. La interrupción afectó el transporte de aproximadamente 15 millones de barriles diarios y provocó temores de una crisis de abastecimiento internacional.

Para Irán, la capacidad de interrumpir el tráfico por Ormuz constituye una herramienta de presión estratégica. Aunque no necesita controlar cada embarcación que circula por la zona, la amenaza de ataques puede elevar los costos de transporte, aumentar los riesgos para las compañías navieras y dificultar las exportaciones de sus vecinos.

La importancia del estrecho explica por qué su situación tiene consecuencias que exceden ampliamente a Medio Oriente. Cualquier interrupción prolongada puede afectar los precios internacionales del petróleo, los costos del transporte, la inflación y el crecimiento económico mundial.

Cómo lograron los países del Golfo esquivar el bloqueo

La primera respuesta de los países exportadores fue utilizar infraestructuras construidas para reducir su dependencia del estrecho de Ormuz.

Arabia Saudita recurrió a su oleoducto Este-Oeste, que transporta petróleo desde las zonas productoras cercanas al golfo Pérsico hasta el puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo. Desde allí, los buques pueden dirigirse hacia los mercados internacionales sin atravesar Ormuz.

Emiratos Árabes Unidos, por su parte, incrementó el uso de su oleoducto hacia Fujairah, un puerto ubicado sobre el golfo de Omán, fuera del estrecho. Ambas infraestructuras contaban con capacidad disponible, lo que permitió aumentar rápidamente su utilización y evitar una interrupción completa de las exportaciones durante las primeras semanas del conflicto.

Sin embargo, la alternativa saudita encontró rápidamente otro obstáculo: el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.

En julio, los hutíes de Yemen, aliados de Irán, anunciaron un bloqueo contra los envíos petroleros sauditas. La amenaza obligó a modificar nuevamente los recorridos comerciales.

Arabia Saudita comenzó a enviar parte de sus exportaciones hacia el Mediterráneo a través del canal de Suez o de un oleoducto que atraviesa Egipto. Para determinados destinos asiáticos, esto implicó recorridos extraordinariamente largos, incluso rodeando África.

La situación volvió a complicarse en septiembre, cuando un ataque obligó a interrumpir el funcionamiento del oleoducto Este-Oeste. Con las operaciones de carga en Yanbu suspendidas desde el 11 de septiembre, Arabia Saudita tuvo que recurrir a otra alternativa: volver a atravesar Ormuz, pero mediante un corredor supervisado por Estados Unidos.

La ruta marítima que Estados Unidos mantiene abierta

Una de las novedades de la guerra es el desarrollo de un corredor marítimo por el sector sur del estrecho de Ormuz, cerca de Omán, supervisado por las fuerzas estadounidenses.

Desde mayo, distintas compañías comenzaron a utilizar esta ruta para transportar petróleo mediante un sistema de viajes cortos y transferencias entre embarcaciones. Los buques realizan trayectos nocturnos, en ocasiones con sus sistemas de localización desactivados, y descargan el petróleo en otros petroleros que esperan fuera del estrecho.

Este mecanismo permitió recuperar progresivamente las exportaciones de Kuwait, Irak y Emiratos Árabes Unidos. Posteriormente se incorporó Arabia Saudita, después de los ataques que afectaron sus rutas alternativas.

Según las estimaciones recogidas por Associated Press, entre 6 y 7 millones de barriles diarios circulan actualmente por este corredor. El comandante del Comando Central estadounidense, Brad Cooper, afirmó que las fuerzas de su país habían asistido a unos 2.000 tránsitos comerciales y al transporte de más de 1.000 millones de barriles de petróleo durante los últimos meses. Se trata de cifras comunicadas por las autoridades militares estadounidenses.

El mecanismo tiene una particularidad: permite mantener parte del comercio petrolero sin que Irán haya levantado sus restricciones. Sin embargo, tampoco supone una reapertura normal del estrecho. La circulación sigue dependiendo de las condiciones de seguridad, la disponibilidad de embarcaciones y la continuidad de la protección estadounidense.

De hecho, los datos de navegación muestran que el tráfico comercial sigue muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra. Reuters informó que el 21 de septiembre se registraron apenas dos cruces de buques de carga mediante los sistemas convencionales de seguimiento, aunque esa cifra no incluye necesariamente a las embarcaciones que navegan con sus transmisores apagados.

Por qué el petróleo no llegó a los 150 dólares

La recuperación parcial de las exportaciones explica solamente una parte de la estabilidad del mercado petrolero. El otro factor es que la economía mundial está consumiendo menos petróleo y recurriendo a las reservas acumuladas antes de la guerra.

De acuerdo con Rahul Choudhary, vicepresidente de investigación de Rystad Energy, los mecanismos alternativos permitieron recuperar aproximadamente 8 millones de los 15 millones de barriles diarios afectados inicialmente. El faltante restante se compensa mediante tres factores.

En primer lugar, se están utilizando alrededor de 3,5 millones de barriles diarios procedentes de los inventarios internacionales, especialmente de China. En segundo lugar, la demanda mundial habría disminuido aproximadamente 5 millones de barriles diarios como consecuencia de los precios elevados y la desaceleración económica. Finalmente, otros productores, entre ellos Estados Unidos, aportaron entre 500.000 y 700.000 barriles adicionales por día.

Estas cifras son estimaciones y no deben interpretarse como una recuperación completa de la oferta. El mercado consiguió adaptarse, pero parte del equilibrio depende de consumir reservas que no pueden utilizarse indefinidamente y de una reducción de la demanda que también refleja dificultades económicas.

La cotización del petróleo permite observar ese equilibrio. El 22 de septiembre, los contratos de referencia del Brent se negociaban cerca de los 100 dólares por barril, según Reuters. Los precios continúan elevados respecto de los niveles anteriores a la guerra, aunque se mantienen por debajo de los escenarios más extremos considerados por distintos analistas.

El costo de mantener abierto el comercio petrolero

La adaptación del mercado tiene un precio considerable. Las nuevas rutas demandan más tiempo, requieren embarcaciones adicionales y están expuestas a riesgos militares.

Según la empresa de información marítima Windward, el costo diario de contratar determinados superpetroleros para atravesar Ormuz llegó al millón de dólares el 11 de septiembre. En condiciones normales, esas tarifas oscilaban entre 30.000 y 50.000 dólares diarios.

Esto significa que, en algunas operaciones, el transporte llegó a representar aproximadamente una cuarta parte del valor del petróleo, frente a una proporción habitual de entre el 1% y el 3%.

Además, los barcos que participan en las transferencias frente a las costas de Omán deben permanecer inmovilizados mientras esperan completar las operaciones. Los recorridos alternativos también pueden prolongar los viajes hacia Asia hasta un mes.

El aumento de los costos logísticos reduce los ingresos de los productores o incrementa el precio que pagan los compradores, dependiendo de las condiciones comerciales. Reuters informó que algunas compañías exportadoras comenzaron a ofrecer mayores descuentos para compensar los costos extraordinarios del transporte.

Una guerra por el control de las rutas energéticas

El funcionamiento de los corredores alternativos también modificó la dimensión estratégica del conflicto.

Irán conserva capacidad para amenazar las rutas marítimas y las infraestructuras petroleras de la región. Los ataques contra el oleoducto saudita demostraron que evitar el estrecho de Ormuz no garantiza la seguridad de las exportaciones. A su vez, la presencia militar estadounidense permite mantener determinados corredores abiertos mientras Washington sostiene su bloqueo naval y las sanciones contra la economía iraní.

La guerra también puso de manifiesto la importancia de otros puntos geográficos, especialmente Bab el-Mandeb y el canal de Suez. La interrupción de una ruta obliga a desplazar el comercio hacia otras, que pueden convertirse en nuevos objetivos militares.

Por otra parte, el problema energético no se limita al petróleo. Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado atravesaba Ormuz, fundamentalmente desde Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Las alternativas disponibles para el transporte de gas son todavía más limitadas que las existentes para el petróleo.

La búsqueda de nuevas rutas ya forma parte de las discusiones estratégicas. Según informó Financial Times el 22 de septiembre, Estados Unidos propuso a sus aliados árabes un fondo inicial de 10.000 millones de dólares destinado a reparar y desarrollar infraestructura energética que permita reducir la dependencia del estrecho. La iniciativa todavía se encuentra en una etapa preliminar.

Mientras tanto, la continuidad de los ataques, el agotamiento progresivo de los inventarios y los costos extraordinarios del transporte mantienen la incertidumbre sobre el abastecimiento energético internacional.

La experiencia de estos meses demuestra que el comercio petrolero mundial dispone de una capacidad de adaptación mayor de la que se temía inicialmente. Pero también evidencia sus límites: las rutas alternativas permitieron amortiguar las consecuencias del bloqueo iraní, sin resolver la dependencia estructural de una región atravesada por la guerra.
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