El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reclamó públicamente a China, Francia, Alemania, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros países que envíen buques de guerra al Estrecho de Ormuz para escoltar petroleros bloqueados por Irán desde el inicio del conflicto bélico el 28 de febrero de 2026.
La respuesta fue un rechazo casi generalizado: Alemania descartó participar mientras dure la guerra, Japón invocó restricciones legales, Australia dijo que no fue consultada y que tampoco enviará naves, Italia declaró que no está en guerra con nadie, y el Reino Unido dijo que no se dejará arrastrar al conflicto. El episodio expone una fractura de fondo: Trump inició una guerra sin consultar a sus aliados y ahora los necesita para sostenerla.
El Estrecho como punto de quiebre global
El Estrecho de Ormuz es el corredor marítimo por donde transita normalmente una quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo y gas licuado. Desde el inicio de las operaciones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero de 2026, el tráfico de buques por el estrecho se redujo abruptamente. Más de 1.000 petroleros quedaron anclados fuera del estrecho.
Irán declaró que el estrecho permanece abierto para todos excepto para los buques de Estados Unidos y sus aliados. El canciller iraní Abbas Araghchi lo explicó sin ambigüedades: el estrecho está cerrado para quienes atacan a Irán y sus aliados, y abierto para el resto. Mojtaba Khamenei, el nuevo líder supremo iraní, prometió mantener ese cierre como palanca de negociación durante el conflicto. El precio del petróleo Brent superó los 100 dólares por barril, con advertencias de funcionarios iraníes de que podría llegar a 200.
La Marina de guerra de Estados Unidos no está en condiciones de escoltar petroleros de inmediato: todos sus activos militares en la región están enfocados en destruir las capacidades ofensivas de Irán. Irak ya recortó su producción en 1,5 millones de barriles diarios por falta de almacenamiento, con el petróleo sin salida por el estrecho acumulándose sin poder exportarse.
El pedido de Trump y el rechazo de los aliados
Trump publicó en su red Truth Social un llamado directo a China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros países para que envíen buques de guerra al estrecho. "Espero que China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros que se ven afectados por esta restricción artificial envíen barcos a la zona", escribió el presidente.
La respuesta varió entre el silencio educado y el rechazo explícito. El canciller alemán Friedrich Merz fue el más directo: mientras dure la guerra, Alemania no participará con activos militares en el estrecho. Agregó que Estados Unidos e Israel no consultaron a Berlín antes de iniciar la guerra, y que Washington explícitamente dijo al comienzo del conflicto que la asistencia europea no era ni necesaria ni deseada. Japón invocó las leyes que limitan estrictamente sus despliegues militares en el exterior. Australia descartó el envío de naves.
El Reino Unido ofreció el tono más cálido entre los aliados europeos: el primer ministro Keir Starmer dijo estar trabajando con socios en un plan colectivo viable para restaurar la navegación, pero no comprometió barcos ni plazos. Starmer defendió su negativa a unirse a las operaciones ofensivas señalando que no enviaría fuerzas británicas a una guerra sin un plan de salida.
La lógica del rechazo: una guerra no consultada
El portavoz del gobierno alemán Stefan Kornelius resumió el argumento que varios aliados compartieron en privado: Estados Unidos e Israel no consultaron a sus socios antes de la guerra, y Washington explícitamente declaró al inicio del conflicto que la asistencia europea no era ni necesaria ni deseada. Esa decisión unilateral ahora complica el pedido de solidaridad.
Según fuentes familiarizadas con las conversaciones diplomáticas, las respuestas de varios países oscilaron entre el escepticismo y un rechazo rotundo. Trump calificó la situación de prueba para los países de la OTAN y advirtió que los recordará. "Vamos a recordarlo", dijo sobre quienes se niegan a participar. "Creo que tenemos uno o dos que no lo harán, y a los que hemos estado protegiendo durante unos 40 años con decenas de miles de millones de dólares."
China: el actor que no necesita enviar barcos
La analista Barbara Slavin, del Centro Stimson, señaló que China no tiene incentivos para enviar buques de guerra al estrecho: el petróleo iraní fluye hacia China sin interrupciones, porque Irán solo bloquea los barcos de países aliados de Estados Unidos e Israel. Beijing llamó a todas las partes a cesar las hostilidades y a garantizar el suministro estable de energía, sin comprometerse con ninguna acción concreta. India, en cambio, optó por la diplomacia bilateral: su canciller negoció directamente con Teherán el paso de dos buques de gas indios por el estrecho.
El problema de fondo: una operación sin escala posible
Jakob Larsen, director de seguridad de la asociación naviera danesa BIMCO, advirtió que los escoltas navales reducirían la amenaza para los barcos protegidos, pero que proveer protección a todos los petroleros que normalmente operan en la zona es irrealista: requeriría una cantidad de buques de guerra que ninguna marina del mundo puede sostener.
El problema es también logístico: los seis países del Golfo Árabe —Omán, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait— importan alrededor del 85% de sus alimentos. Con el estrecho bloqueado, no solo no pueden exportar petróleo: tampoco pueden recibir suministros básicos. JPMorgan advirtió que si los petroleros del Golfo agotan su capacidad de almacenamiento, los países productores se verán forzados a cortar producción, con el Brent potencialmente escalando a 120 dólares por barril.
La pregunta que deja el episodio es si Trump puede sostener una guerra cuyo costo económico crece cada semana sin el respaldo político y militar de los aliados que decidió no consultar cuando la inició.