El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ha costado a empresas globales al menos $25 mil millones en pérdidas, de acuerdo con un análisis de Reuters. El bloqueo iraniano del Estrecho de Ormuz disparó el precio del petróleo a más de $100 el barril, fracturando cadenas de suministro y comprimiendo márgenes de ganancia en al menos 279 compañías.
Rusia lanzó más de 660 drones y misiles contra Ucrania dejando al menos cuatro muertos y 30 heridos, en una escalada sin precedentes. Estados Unidos estudia sancionar a España por negarse a cooperar en operaciones contra Irán. Crisis energética, humanitaria y conflictos se agudizan simultáneamente en el planeta.
Lufthansa anunció la cancelación de 20.000 vuelos de corta distancia hasta octubre como respuesta a la escasez y encarecimiento del combustible, cuyo precio se duplicó desde el inicio de la guerra en Irán. La medida implica una reducción del 1% de la capacidad de transporte en verano y un ahorro de 40.000 toneladas de combustible.
La Agencia Internacional de Energía advierte que el continente tiene apenas seis semanas de reservas. El conflicto en Medio Oriente ya golpea vuelos, precios y cadenas de suministro.
La guerra en Irán aceleró la transición global hacia energías renovables, un sector donde China domina con el 70% de la fabricación de vehículos eléctricos y el 85% de la producción de baterías. Mientras EE.UU. bajo Trump promueve la extracción de combustibles fósiles, empresas chinas como BYD y CATL están posicionadas para capitalizar la demanda creciente de tecnologías limpias.
El gobierno sueco destinará 1.800 millones de coronas suecas para comprar acciones y convertirse en accionista mayoritario de Videberg Kraft AB, la empresa que planea construir pequeños reactores nucleares en la región de Varberg.
El país europeo construye un depósito subterráneo para almacenar combustible nuclear gastado durante miles de años. Aunque es presentado como una solución definitiva, científicos advierten sobre riesgos a largo plazo.
El impacto geopolítico de la escalada en Medio Oriente empieza a sentirse con fuerza en la política energética europea. El aumento de los precios del gas y el petróleo reconfigura prioridades y obliga a varios países a reconsiderar sus planes de descarbonización.
El encarecimiento del combustible tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz empujó a distintos gobiernos a aplicar medidas excepcionales. Desde transporte público gratuito en Australia hasta semanas laborales más cortas en Filipinas, el objetivo común es reducir el consumo energético y amortiguar el impacto económico.
El Ministerio de Energía de Chile interrumpió la recepción de gas proveniente de Neuquén a través del Gasoducto del Pacífico, luego de detectar que el producto no cumple con la normativa chilena, que es más exigente que la argentina.