12.07.2009 /

Gustavo Grobocopatel: “Esta sociedad no perdona al que no se adapta, y el Estado aún no se ha adaptado"

por Federico Gomez


Gustavo Grobocopatel recibió al equipo de Politicargentina en su oficina, y durante la entrevista, expuso su postura respecto a las retenciones pretendidas por el gobierno, criticó la política comunicacional del oficialismo en el conflicto con el sector agrario, y aclaró cuestiones en torno a la relación que mantiene actualmente el Grupo Los Grobo con el gobierno tras el enfrentamiento. También disparó que “Argentina es el único país en el mundo que ha empeorado en lo últimos años”, y aseguró que “se necesita un Estado más fuerte, presente y eficiente”.

Hace unos años, Gustavo Grobocopatel heredó la conducción del Grupo Los Grobo, y lo convirtió en una de las más importantes empresas productoras de soja, con casa matriz en Carlos Casares, ciudad natal de la familia Grobocopatel. Es licenciado agrónomo egresado de la UBA, facultad en donde fue docente. También fue fundador y primer presidente de la Asociación Argentina de Girasol, y hoy está al frente de la empresa de Biotecnología Bioceres S.A, además de ser miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), por enumerar alguna de sus actividades.
En el año 2003 recibió la Orden del Buzón y la prensa económica lo reconoció como “Empresario del Año”. En 2004, El Senado Nacional le otorgó el Premio Domingo F. Sarmiento por sus aportes a la comunidad y las instituciones, y por esa fecha, fue condecorado por la Asociación Dirigentes de Empresa como el “Empresario Agroindustrial” del año.

Usted dice que las retenciones son un impuesto que concentra la riqueza. ¿Podría explayar el concepto?
Es un tema técnico. Las retenciones son un impuesto a los ingresos, no a la renta o a la utilidad. Lo que sucede con este tipo de gravámenes, que desde luego existen pero son menores al 35%, es que si al productor le va mal y pierde dinero, igual sigue pagando el impuesto, lo que genera que al que le va mal, le vaya peor, y al que le va bien, no le vaya mejor. Por lo cual es un impuesto que concentra la riqueza en los que mejor les va, más allá de que sean ricos, pobres, grandes o chicos. Los impuestos tienen un rol, además de la redistribución de la riqueza: tienen que tender a la equidad. Los que más ganan tienen que pagar más, y los que menos ganan tienen que pagar menos. Es por esto que este es un impuesto distorsivo, porque no cumple con este requisito. Podría ser utilizado para una transición de un proyecto que dure uno o dos años, para ajustar determinadas variables, pero tenerlo estructuralmente como un impuesto sistémico, produce los desajustes que están a la vista. Con su aplicación, logramos tener un país donde hay mayor concentración de la riqueza en los grandes centros urbanos en comparación con los pueblos del Interior. Yo no estoy en contra de pagar impuestos, pero el tema es cómo hay que pagarlos y cómo con ellos se logra una redistribución con equidad e inclusión. Creo que con estos impuestos se hace una redistribución que no es correcta ya que afecta a los que peor les va.

Teniendo en cuenta el tema de la concentración de la riqueza en las ciudades, ¿cómo piensa que debe manejarse la relación entre los intendentes y los impuestos?
Estamos en una sociedad donde uno de los paradigmas es la descentralización, la autonomía, donde no hay nadie mejor que las personas que están en el territorio para fijar los presupuestos, realizar inversiones y demás. Y es desde ese punto de vista que tiene que haber un sistema donde haya que darle más poder a la gente. Yo creo mucho en la descentralización del gasto público y de la recaudación.

¿Cómo quedó planteada la relación del grupo “Los Grobo” con el gobierno luego del conflicto por las retenciones?

Nosotros tenemos una premisa que es construir lazos y puentes entre toda la sociedad, en las instituciones donde actuamos y también entre el sector público y el privado. Estamos permanentemente tendiendo puentes con este gobierno y con otros. Tenemos un trabajo muy fuerte con el Ministerio de Educación, con el Ministerio de Ciencia y Técnica y con el de Trabajo. Lo que no logramos hacer entender al gobierno es qué es lo que pasa en el sector agropecuario. Hubo un problema de falta de comunicación, tanto de ellos como nuestra. Más allá de los Ministerios, no hemos tenido otro tipo de relación con el gobierno: en general, se vincula a nuestra empresa a través del proyecto de Venezuela. Pero si bien aquella relación fue facilitada por el gobierno, no fue más que una relación de presentación, como cualquier negocio de una empresa de un país con una empresa de otro país. Espero que la relación de las compañías con el gobierno sea buena, porque todos juntos necesitamos construir un país.

¿Qué le pareció la política comunicacional que tuvo el gobierno en el marco del conflicto reciente?

No fue buena. Comunica mal quien entiende mal; y si uno piensa mal, habla mal, y si habla mal, comunica mal. El gobierno no comprende cuál es la dinámica ni de la sociedad ni del campo, entonces confunde algunas cosas. Durante el conflicto, el mensaje no concordaba. No hubo un diálogo franco y abierto. En la sociedad se generó una especie de erizamiento, donde el debate era en la calle y en las rutas. Eso no es bueno para nadie, fue un aspecto muy negativo.

Ésta sociedad está llena de cosas fantásticas, como la movilidad social, las oportunidades, la libertad, la autonomía y el trabajo en equipo, que genera la solidaridad necesaria para la construcción colectiva. Lo negativo es que quien no se adapta al funcionamiento de esta sociedad, hace que se genere una brecha cada vez mayor entre ellos y los que sí lo hacen. Y esta sociedad no perdona al que no se adapta. Ahí es donde debería aparecer el rol del Estado y de la sociedad para tratar de ir protegiendo a esta gente y generar nuevas oportunidades en la vida de cada uno. Necesitamos un Estado nuevo y una sociedad civil adaptados a esta dinámica. La solidaridad debería difundirse justamente porque es una sociedad para todos y si la dejamos que fluya naturalmente, corremos el riesgo de que sea para pocos.

¿Cómo ve al Estado argentino en este sentido?
En todo el mundo, el Estado es el sector que va más lento. Es increíble la dificultad que tiene para adaptarse y cambiar. Se necesita un Estado más fuerte, no necesariamente más grande, sino presente y eficiente. Hay que facilitar la transmisión de la información en la sociedad a través de la transparencia del Estado, que debe dar cuenta de lo que está sucediendo.

¿Cuáles son los Estados que se han adaptado?

Hay casos notables, como los escandinavos, Irlanda, Finlandia, Estados del Asia pacífico, Singapur, pero no tenemos por qué copiarnos de ellos ya que cada Estado debe ser fruto de la cultura de su propio país.

Alguna vez dijo que el modelo de país de los últimos 70 años no funcionó, ¿Por qué piensa eso?
Existen varias formas de abordarlo. Desde el punto de vista cuantitativo, si se mira el PBI per cápita, uno se da cuenta de que Argentina era un país casi rico y ahora es apenas pobre. Si se mide en los estándares de la diferencia entre pobres y ricos, también estamos peor. No solamente ganamos menos sino que no hubo distribución. Hubo destrucción de valor en el país. Lo trágico es que esto ha sido trasversal, no dependió de un gobierno. Más allá de pequeños crecimientos que hubo, se produjeron caídas tan notables, que indicaron que el gobierno no pudo sostener ese crecimiento. Desde este punto de vista ha sido un fracaso. Desde otros, como el de la educación, calidad de vida o infraestructura, también hemos ido para atrás. No hay muchos casos en el mundo como Argentina: un país que era rico y se hizo pobre. En general, en el resto de los países es al revés.

¿Cómo podría retomarse un modelo de país?
Creo que hay que construir una visión compartida, un sueño colectivo que debe ser fruto de un proceso en conjunto, integrar a la mayor cantidad de gente posible. No es necesariamente una utopía, es alcanzable y desafiante porque se basa en una plataforma que para mí es la sociedad del conocimiento. Es una visión que tiene una base conceptual que la sostiene, que tiene determinadas condicionantes, un proceso colectivo, una cultura, una identidad que se quiere reforzar, una serie de creencias que tienen que estar reflejadas en esa visión. Este sería el primer punto. En segundo lugar, si nos ponemos de acuerdo en eso, tienen que aplicarse políticas públicas, que se van a sostener durante muchos años independientemente de los partidos políticos para llevar a realizar ese sueño. Para mi ese es el acuerdo del bicentenario.

¿Cuáles son las ventajas que trae el sistema de arrendamiento y de terciarización de los servicios con los que trabaja “Los Grobo”?

El sistema de arrendamiento lo que hace es separar la propiedad de la tierra, de la producción. Antes, si uno no era hijo de un estanciero o chacarero, no podía ser agricultor, había que acceder a la propiedad. Hoy, cualquier persona con buena idea puede ser productor agrícola. Ahora hay muchos ingenieros jóvenes que salen de la universidad, que no son gente rica y que no tienen campo pero pueden acceder a la producción agrícola gracias a que hay un mercado de tierras. Y también el mercado de servicios va en el mismo sentido: se puede hacer agricultura sin tener un tractor, contratando los servicios. Al mismo tiempo, esto hace que haya más especialización, calidad, productividad, eficiencia y más competitividad sistémica, entonces es un sistema virtuoso.

¿Cómo piensa que puede resolverse el problema del trigo, la carne y la leche en Argentina?
El tema debe encararse como cadenas, y cada una de esas cadenas tiene su propia dinámica y su propio diagnóstico del problema. En muchos casos como la carne, se conoce cuál es el diagnostico: lo que falta es una decisión política de un plan que integre toda la cadena, regularice las cuestiones comerciales, impulse determinados proyectos de inversión y dé estabilidad para que la gente pueda invertir en un negocio que madura en mucho tiempo. La ganadería es rentable a cinco o seis años. Acá no importa tanto la solución en sí misma. Importa más el proceso, más allá de la medida. Si la medida es fruto del consenso, se soluciona el problema.

¿Qué estimaciones tienen con respecto al precio de la soja?
Entendemos que los precios de los granos y los alimentos, en general, van a estar sostenidos, en primer lugar, porque bajaron mucho en los últimos 30 años. Antes una persona gastaba un 30% en comer y ahora tan sólo un 10%. No hay que asustarse si eso vuelve a ser un 15%: es parte de un proceso. Ese ajuste está porque hay más demanda, más riqueza en el mundo en general y hay restricciones para las respuestas en la oferta. Tiene que ver con que cada vez hay menos tierras disponibles, escasez de agua, y que los altos tecnológicos ahora requieren mucha inversión y están retenidos. Hace falta un período de altos precios para que haya inversión y se reestablezca nuevamente la oferta.

Escrito por escrito por Juliana Portilla y Ana Cabral.