13.07.2009 - 00:07 /

Claudio Lozano: “Tanto el justicialismo como el radicalismo en la actualidad tienen poco que ver con sus reivindicaciones fundantes”


Durante los `70, Claudio Lozano comenzó a preocuparse por la “cosa pública” militando en agrupaciones políticas como la Juventud Universitaria Peronista.
En el `78 participó del movimiento de Derechos Humanos encabezado por Adolfo Pérez Esquivel. A partir de allí, se involucró en la actividad político sindical. Muy vinculado a ATE y la CTA, Lozano es, desde 2003, Diputado Nacional. En una entrevista exclusiva de Politicargentina, el líder de Proyecto Sur reflexiona acerca del gobierno, la oposición, y la crisis mundial.

¿Cómo evalúa la gestión macrista en la Ciudad de Buenos Aires a un año de su asunción como jefe de gobierno?
La experiencia macrista no la veo muy diferente a lo que han sido otras gestiones en la ciudad; el denominador común es que quien ocupa el lugar de jefe de gobierno se dedica a “flotar”. Se ha validado una situación en donde quienes gobiernan la ciudad, en la práctica, sobre los principales temas, no gobiernan. Y no lo hacen porque las principales cuestiones que hacen a la ciudad de Buenos Aires pasan por fuera de la ciudad. Transporte, seguridad, salud, educación, cuencas hídricas, son temas que, en realidad, tienen que ver con un ámbito mayor a la ciudad de Buenos Aires, que es la región metropolitana. En tanto no se abra un canal de discusión que involucre a todos los actores, es decir, tanto al gobierno de la ciudad como al de la provincia de Buenos Aires, es muy difícil gobernar la ciudad. Los distintos gobiernos que han habido, sobre este tema, no han hecho mucho.

En lo que ha puesto Macri algún énfasis, es en terminar de romper los pocos aspectos de Estado de bienestar que la ciudad de Buenos Aires había construido.  ¿A qué me refiero con esto? Tratar de destruir el programa cultural de barrios, tratar de quitar determinadas políticas sociales o terminar de desmantelar el sistema de educación pública. Tampoco quiere decir que aquel Estado resolvía todos los problemas, pero tenía instituciones que le daban cierta apoyatura a los sectores más postergados.

En definitiva, al ser el Estado de la ciudad de buenos aires muy chico en relación a la actividad económica general, tanto el gobierno macrista, como los anteriores, se dan el lujo de “flotar”, eligiendo el cómodo lugar de decir “a mí no me dejan gobernar”. Claro, después aparecen situaciones donde los nichos de corrupción se hacen presente, Cromagnon es un ejemplo, que demuestran que hubiera sido necesario replantear el funcionamiento del Estado en la ciudad de Buenos aires.

¿Qué balance general hace de la experiencia kirchnerista hasta el momento?
El gobierno de Kirchner se inscribe en una etapa de avance de la sociedad en la discusión de los problemas. Kirchner aparece en el proceso de cuestionamiento popular del proceso neoliberal, luego del 2001, en el marco en donde todos los que eran mínimamente conocidos del sistema político tradicional no podían ponerse al frente de la conducción del país porque eran sencillamente denostados por la sociedad argentina. Kirchner tuvo la inteligencia de plantear una serie de cuestiones a nivel discursivo, e incluso plantear un conjunto de realizaciones, retomando una herida profunda como es la problemática de los derechos humanos, que abrieron un compás de mayor justicia, otorgándole el grado de legitimidad que tuvo. Es un gobierno resultado de una etapa de avance. El problema es que este gobierno es una respuesta del viejo sistema político frente al avance de la sociedad. La sociedad pudo cuestionar pero no recrear herramientas propias que le permitieran intervenir. Por eso es un reordenamiento del justicialismo el que permitió salir de la crisis. Tanto el justicialismo como el radicalismo en la actualidad tienen poco que ver con sus reivindicaciones fundantes; le han cedido lugar a estructuras que reproducen el orden dominante. En este sentido, el gobierno kirchnerista, se acerca progresivamente al mantenimiento del status quo y se aleja de la impronta de cambio que le dio origen. La herramienta justicialista en la que se ampara Kirchner es la mejor garantía de que todo termina en el status quo.

En el aspecto económico, se dilapidó una etapa con múltiples posibilidades, porque no se pusieron en marcha un conjunto de cambios que permitieran resolver el problema de la desigualdad y retomar por vía del Estado el control del proceso de inversión.

Es un gobierno que no ha fortalecido el proceso de democratización de la sociedad. La experiencia kirchnerista ha concentrado hasta el extremo el poder político. Así, las mejores cosas que hizo, no tuvieron continuidad. La reforma de la corte, por caso, tuvo como correlato inmediato un consejo de la magistratura atado a la acción gubernamental. Por lo tanto, hijo de un proceso social que quería discutir desde otra perspectiva, la experiencia kirchnerista queda subsumida al marco del justicialismo de siempre y fuertemente ligada al statu quo.

¿Qué lectura hace de los últimos realineamientos de la oposición?
Frente al deterioro de la credibilidad del kirchnerismo, el sistema político vuelve a plantear más de lo mismo. Por un lado, Carrió, en lugar de haber sido fiel al lugar que había ocupado en otro momento, en la práctica termina siendo un pulmotor que viene a oxigenar la vieja estructura radicalismo. Ahí aparecen también López Murphy, Morales, y seguramente Cobos. Por otro lado, frente al declive del referente hegemónico del justicialismo, surge la rediscusión acerca de quién va a ser el que conduzca los pasos de esa estructura. Aparecen las jugadas de Solá, de De Narvaez, de Reutemann y de Das Neves. Hay un intento de reeditar el esquema bipartidista.  Un polo Pro-Justicialista y otro Pro-Radical. Y lo de Pro no es casualidad, porque justamente queda partido entre los dos: Macri hacia un lado, López Murphy hacia el otro. En realidad, el sistema político tradicional se reproduce a sí mismo y se presenta como alternativa cuando ha sido en gran medida el que nos trajo hasta aquí.

En este marco, ¿qué perspectivas tiene Proyecto Sur?
La construcción de una experiencia nueva, distinta, sólidamente enraizada en los procesos sociales que la Argentina ha tenido, se hace más que necesaria. Nosotros terminamos el año mostrando algunas iniciativas en esta dirección, con un fuerte vínculo con la  experiencia de la CTA, la gestión de la Constituyente Social y el trabajo conjunto con el bloque SI (Solidaridad e Igualdad).

Necesitamos refundar la práctica política, que se entienda que la política no se limita al acto electoral, sino que es la construcción de todas las herramientas que la sociedad necesita para decidir sobre su propia existencia.

Nosotros creemos que es muy difícil gobernar la Argentina si no se tienen los pies fuertemente instalados en la experiencia de los trabajadores. Por eso propusimos la construcción de una nueva central de trabajadores. El debate no hay que darlo al interior del justicialismo, sino que hay que darlo en torno a la capacidad de gestar una nueva organización política de los trabajadores, por eso hicimos la CTA. En términos de  construcción política más integral, hay que avanzar en una confluencia muy amplia capaz de producir experiencias nuevas: la experiencia cultural del peronismo, del radicalismo y de la izquierda están ya limitadas, no permiten pensar la etapa actual de la Argentina.

¿Qué interpretación hace de la crisis económica mundial y cómo cree que va a repercutir en nuestro país?

En el plano nacional, hay un error de enfoque, que supone que acá estaba todo bárbaro hasta que llegó la crisis. Nosotros tenemos una visión distinta. Creemos que la Argentina vivió luego del colapso económico del 2001 una fase de recuperación de la actividad económica, que a partir del 2007 comenzó a presentar dificultades, resultado de los cambios que debieron ser hechos y no se hicieron. Esos resultados tuvieron como emergente la inflación, el deterioro del poder adquisitivo, el nuevo aumento de la pobreza y la indigencia, el deterioro del proceso de inversión y la desaceleración de la actividad económica. En este marco de un esquema que ya venía teniendo problemas impacta la crisis mundial. La perspectiva para el 2009 es de agravamiento, de estancamiento, de agudización de los problemas de empleo, en un contexto donde el conflicto social va a ser más importante.

Hay por lo menos cuatro ejes que habría que poner en marcha. El principal es proteger  a la población más castigada, me refiero a los 13 millones de pobres y 6 millones de indigentes que tiene la Argentina. Hay que impulsar una transferencia de ingresos a los bolsillos de esos hogares para que actúen levantando el consumo. En segundo lugar, hay que defender a rajatabla la producción local. En tercer término, hay que recuperar el control del proceso de inversión. Como último punto, hay que avanzar en un profundo acuerdo en América Latina para crear, por un lado, un mercado intra-regional sólido y por el otro, una discusión conjunta sobre cómo se revisan y limitan los pagos por deuda publica.

En el aspecto más general, ésta es una crisis del capitalismo, que muestra a las claras que si la lógica del capital se manifiesta de manera expresa tal cual lo hizo en el proceso de la desregulación neoliberal, lo que produce son desastres sociales. Lo que queda pendiente es un debate a fondo sobre la democracia y el Estado.

Escrito por Javier Cachés.