13.07.2009 - 02:07 /

Eduardo Macaluse: “A nosotros no nos viene bien que adelanten las elecciones, pero tampoco nos parece hacer un escándalo”


La participación política de Eduardo Macaluse estuvo ligada desde un comienzo a la educación y a cuestiones sociales. Docente de literatura de profesión, viajó durante diez años en vacaciones y feriados a colaborar con una comunidad aborigen en Neuquén, hasta que años más tarde participó en la fundación de la agrupación de docentes de Buenos Aires, SUTEBA, e integro la comisión ejecutiva de CTERA. A fines de los ´90 y a “regañadientes” Macaluse conformó la lista del FREPASO como candidato a diputado. Hoy, ocupa una banca en la cámara baja por el Espacio SI (Solidaridad e Igualdad).

Hasta octubre del 2007, fue uno de los principales aliados en el ARI de Elisa Carrió, con la que rompió por el cambio abrupto de la postura de la actual titular de la Coalición Cívica.  En una entrevista exclusiva a Politicargentina habló sobre los planes de su espacio, el  acercamiento con otros partidos de cara a las elecciones y acerca de los problemas de la educación y la sociedad argentina.

¿Por qué se oponen al adelantamiento de las elecciones?
Porque nos parece que no hay que cambiar las reglas de juego a mitad de camino. Sobre todo cuando al haber pedido una boleta única para transparentar la elección, el gobierno planteó que no había que cambiar las reglas y que por eso no modificaban la ley. Ahora, no nos parece un tema para hacer escándalo. Cuando uno ve en la agenda cuestiones a discutir como los problemas de pibes que comen de la basura, gente que no tiene empleo, personas que no saben si las van a echar, trabajadores que están suspendidos y no saben que va a pasar con sus vidas; todos estos son los temas por los que uno discutiría lo que hiciese falta, pero las elecciones no. Es verdad que a nosotros, como no tenemos dinero, no nos viene bien que adelanten las elecciones. Aún así, tampoco nos parece hacer un escándalo. Además, cuando el que hace ahora escándalo había aplaudido un mes antes que la elección en capital se desdoble. Está claro que lo hacían por una conveniencia electoral y ahora protestan porque no les viene bien. Todo  el mundo discute una conveniencia electoral y nosotros no somos ajenos a eso. Pero no nos desgarremos las vestiduras como si lo que se está votando frente al adelantamiento fuera el tema principal del  país, porque hay cien o doscientos temas que son prioritarios.

¿Por qué se produjo  la unión de el SI con Claudio Lozano y su partido Proyecto Sur?
En general lo más natural es que vayamos juntos. Nosotros tenemos proyectos y propuestas en común, pensamos la realidad de manera similar, concebimos la política y el mundo de manera parecida. Aunque esto lleva su tiempo. No es fácil. Nuestro bloque está conformado por dirigentes muy vehementes que no son fáciles de llevar de la nariz, así que las reuniones muchas veces son un quilombo en el sentido que todos defendemos con mucha fuerza las ideas. Pero el objetivo es tratar de sostener el conjunto de ideas y la unidad. Ahora, todos sabemos que la unidad es un tema a preservar y que en determinado momento en vez de apretar el acelerador cada uno tiene que aflojar un poquito y ceder como para sostenerla.

Creemos que en la sociedad hay una demanda que es bastante importante, en el sentido de que haya un proyecto diferente  a las dos alternativas conservadoras que tiene el kirchnerismo, un proyecto que vemos agotado. Nuestra obligación es tener la inteligencia y la generosidad de colaborar para que ese espacio se pueda armar. No quisiéramos quedarnos sólo en una convergencia de ideas, sino en expresar eso en la elección. Aunque esto también implica las complicaciones de las candidaturas, pero la voluntad es tratar de trabajar juntos.

¿Y cuál es la relación actual con el socialismo?
Tenemos una muy buena relación. Nos llevamos de manera excelente con Hermes Binner, respetamos mucho la gestión que está haciendo en Santa Fe. Tenemos vínculo, también, con otros dirigentes socialistas y reuniones periódicas. La conformación que está haciendo el socialismo al  integrar la Coalición Cívica,  quizá, nos impida tener una experiencia electoral juntos. Pero nuestra idea de converger con el socialismo no la dejamos de lado, pensamos que si no es ahora en algún momento vamos a poder trabajar juntos porque tenemos ideas comunes.

Con respecto al actual reclamo salarial docente,  desde el macrismo se lo cataloga como una movida política. ¿Qué piensa de esa postura? ¿Son legítimos los reclamos?
Si un docente gana bien, no reclama. Si lo hace es porque el sueldo es bajo. Ahora, hay una ley que se sancionó hace dos años y se propagandizó como la solución al problema educativo. Nosotros no la votamos  porque decíamos que carecía de financiamiento. Lo que necesita una ley de educación no sólo son buenas ideas, necesita financiamiento para llevarlas a cabo.

Cómo profesor y ex dirigente del gremio docente,  ¿cuáles piensa que son los principales problemas de la educación argentina hoy?

A principios del siglo XX la escuela era el templo del saber, y era el lugar a donde uno concurría para recibir una serie de conocimientos. Hoy la información y el conocimiento circulan por muchos lugares, por lo tanto la escuela perdió su lugar de centralidad. Por otro lado, hay un nudo muy fuerte de temas sociales que se acumulan en una escuela, porque en Argentina por lo menos, es de las pocas instituciones que dan respuestas a la gente.

El estado se retiró de los barrios y los docentes no están capacitados técnicamente para dar algunas respuestas de carácter social. Además, no su responsabilidad hacerlo. Entonces se ha ido perdiendo tiempo pedagógico, desplazado por tiempos de resolución y atención de conflictividad social.

Hay en determinados lugares un fenómeno de entropía, de caos y de anomia,junto con el hacinamiento, la falta de perspectivas de futuro, de perspectivas económicas que impactan directamente sobre la escuela. Porque el contrato por el cual un pibe asiste a ella es porque sabe que va a tener un futuro mejor. Los pibes y la sociedad han visto que este contrato se rompió, eso existía hace 30 o 40 años cuando existía la concepción en el conjunto de la población de que los estudios generaban  un futuro más promisorio.

Hoy  es muy difícil convencer a un pibe que tenga un paso por la escuela, porque tiene un futuro más promisorio. Hay muchos chicos que van y no estudian, otros que ni van y un porcentaje -que no es elevado- de pibes que están dispuestos a jugarse la vida en un asalto de dos minutos sabiendo concientemente que pueden morir ese día o al día siguiente. Entonces, es muy difícil enseñar en estas condiciones, y también es complicado establecer convenciones que la escuela siempre tuvo y que la protegía del resto del ambiente que los rodeaba. En cambio, si se tomaran decisiones desde el Estado para generar una red que atendiera todas estas problemáticas sociales, se descomprimiría la escuela de todas estas demandas y se recuperaría tiempo pedagógico. Esto sería una revolución educativa: el hecho de que a la escuela se vaya a enseñar,  que es una obviedad pero que en realidad  no se aplica hoy.

La otra cuestión es que el docente no tiene incentivos, ni económicos, ni tampoco el de decir: me escuchan. Entonces, en el medio de esa desorganización social es muy difícil que haya una institución que emerja organizada, aglutinada y con objetivos claros. Estas son algunas de las cosas que pegan fuerte en la escuela y que hacen que sea muy difícil dar clases y que se vean resultados.

Temporalmente, ¿Dónde podría ubicar este punto de inflexión en la calidad de la educación?
Creo que empieza a impactar en los momentos en que la política de deserción del estado del hecho social empezó a aplicarse más fuertemente. O sea, esto en Argentina pasó entre fines de los ´80 y los ´90. Aunque esto no hubiera pasado, si no hubiese estado la dictadura cívico-militar que también generó golpes muy duros a la escuela al hacerla autoritaria, blindada, desvinculada del hecho social y de la suerte de sus habitantes, formal y grotesca, en muchos casos. También viene dándose acompañado de muchos avances tecnológicos que, paradójicamente, podrían haber servido para acompañarla con muchos más recursos pero que terminaron siendo como factores divorciados del hecho pedagógico.

Uno de los principales temas a tratar frente a las próximas elecciones es la inseguridad. Y en el último tiempo volvió al debate la  idea de la pena de muerte. En su bloque están en contra de este tipo de medidas, ¿por qué?
Es un tema complejo de abordar. Lo que llaman seguridad es en realidad  un conglomerado de problemas sociales, económicos y culturales que Argentina viene pateando  para adelante y que no se van a resolver con una sola acción. De lo que estamos convencidos, porque se probó, es que no resuelve con la pena de muerte.

En primer lugar porque en los países donde existe la pena de muerte no bajó el delito y en segundo, lo principal, porque lo que genera es una prolongación del hecho de sangre por otros medios, además de más violencia. El fenómeno violento está muy ligado al delito y si desde el estado se promueve la violencia y se apuesta a ella, se produce una bola de nieve de la que es muy difícil salir.

Creemos que esto a veces se intenta resolver con slogans o clichés, como si aumentaran las penas habría menos delitos. Pero esto no es verdad porque en Argentina en los últimos quince años se modificó el Código Penal aumentando las penas y, aún así,  los delitos siguieron por la misma senda. La solución llegaría pensando si nosotros hace algunas décadas vivíamos mejor o peor. Había menos alarmas y patrulleros, menos armas en las casas, menos rejas, menos seguridad privada, menos policías. Aunque había otras condiciones de vida, una  sociedad más cohesionada, una brecha menor entre ricos y pobres, sentido de pertenencia a la sociedad, posibilidades de ascenso social y había perspectiva de futuro. Creo que por ahí se va a resolver. Es verdad que los medios muchas veces exacerban la sensación de inseguridad con el replicar constante de un mismo delito, pero también es cierto que el delito ha crecido,  con sus formas más violentas y que han perdido códigos los ladrones.

Y también hay cuestiones culturales en nuestra sociedad. Todo el mundo sabe que en muchos lugares de la calle Warnes o de la calle Libertad se venden cosas robadas,  pero van y compran ahí. En apariencia es una viveza criolla porque pagas la tercera parte de un producto, pero a la vez estas financiando  al tipo que le va a pegar un tiro a tu hijo. Hay muchas cosas concretas que se pueden hacer. Ahora de lo que estamos seguros es de que esto no se resuelve agregando violencia a un hecho que está generado por la violencia.

Escrito por Florencia Di Niro.