El director de la Biblioteca Nacional, sociólogo, docente y ensayista, Horacio González, recibió a Políticargentina y charló acerca de las próximas elecciones legislativas y sobre la postura del gobierno a pocas semanas de los comicios. Como integrante de Carta Abierta, también habló del rol que tiene el espacio en la actualidad y manifestó su satisfacción con el proyecto de la nueva ley de radiodifusión.
¿Qué pensás que se juega en estas elecciones?
Estas elecciones tienen una importancia que no puede disimularse. No recuerdo ninguna elección de medio término, como se dice de ésta, que no haya sido problemática. En los países con sistemas parlamentarios casi son elecciones que reclamarían una estructura de tipo parlamentaria. Por la importancia que tiene el modo en que se sostienen las políticas del gobierno y el modo en que se les está objetando tan duramente.
Si bien es cierto que anteriores elecciones parlamentarias no tuvieron el dramatismo que tiene ésta, sí la tuvieron durante el período de Alfonsín. Tal como le gobierno planteó la cuestión en estos últimos tiempos, después de la polémica con el campo era evidente que estas elecciones iban a significar quién va a seguir gobernando Argentina. Esto no quiere decir que haya que imaginar propósitos golpistas declarados. Existe un fuerte sentimiento de que el gobierno juega su permanencia en estas elecciones.
¿Qué análisis hacés de la postura del gobierno a pocas semanas de los comicios?
Las candidaturas testimoniales no aparecieron porque al gobierno le gusta vulnerar los límites que pone la institución electoral. Sino que aparecieron porque es un gobierno mucho más decidido a avanzar en un sentido democratizador para la reconstrucción de una vida estatal capaz de arbitrar a favor de los más desposeídos, para una nación más justiciera. Estos avances que hizo el gobierno son los que producen esta brutal reacción que encuentra a la nueva derecha en una situación muy particular. Con fuerte alianza con sectores urbanos, sobre todo en la ciudad de Buenos Aires, y con un estilo mediático que, sin duda, aporta y sostiene muy duramente las posiciones de este mundo reaccionario.
De todos modos, el mundo de las clases medias argentinas contiene cierto progresismo sofocado, aún hoy, que el gobierno no supo interpelar. Hay llamados que el gobierno no supo hacer, de modo que tenemos un bloque social, simbólico, cultural, muy extendido en contra del gobierno. Paradójicamente es una situación que el gobierno debe descifrar, que está sostenido por sectores que han sido beneficiados. Mucho más las clases medias que los sectores populares. Esto exige que el gobierno, después de las elecciones, entre en un momento muy profundo de reflexión.
¿Cómo definirías al kirchnerismo?
El proyecto de Kirchner no es fácil de definir. No es un modelo acabado porque son políticas que se hicieron bajo la fuerte presión del conflicto intrínseco en la Argentina. Las acciones del gobierno no forman parte de un plan armonioso, preconstituído a través de ideas programáticas. Son, más bien, decisiones que se toman sobre la marcha que en su conjunto hacen a un rosario de temas. En primer lugar, suponen la presencia del estado en cierta regulación económica y su fuerte intervención para la recompra del patrimonio de empresas públicas.
A esto hay que sumarle el modo en que inició su trabajo de la fuerte modificación en la perspectiva de los derechos humanos, colocándolo no como una mera expresión de buen comportamiento, sino como una categoría ética interna en el gobierno. También cabe mencionar ciertos episodios trascendentes de la renovación institucional, como la Corte Suprema.
Eso conformaría, de algún modo, un cierto modelo de la democratización de los parámetros de la economía a través de la intervención estatal. Esto se hace a través de un modelo imperfecto. No es un modelo de emancipación social completo, porque tiene aspectos en los que el gobierno no ha intervenido directamente o, interviene de una manera que no formaría parte de este planteo de mayor control de la economía pública. Por ejemplo el modelo de explotación minera en las provincias cordilleranas. Es un modelo intocado que proviene de la tradición neoliberal de la economía.
Desde el punto de vista de lo que sería un modelo emancipador en el gobierno hay aspectos interesantes y hay otros que faltarían ser incorporados para que podamos hablar claramente de que hay un modelo. Que los partidarios del gobierno sientan que hay una coherencia en lo que se dice junto a un sostén político que tiene nitidez y claridad programática. Esto no ocurre.
Si tuviera que juzgar al gobierno, diría que los pasos relevantes que dio en materia de democratización, en muchos casos, tienen un aspecto más evocativo que realizativo. En gran medida explicable por el gran acoso al que está sometido. En ese aspecto puede decirse que es un gobierno de emergencia. Con ideas interesantes y con procedimientos que tienen que ser probados todos los días y sometidos a una fuerte refutación colectiva.
Por ultimo, creo que el argumento del gobierno se hace fuerte cuando demuestra que ha tomado medidas económicas y financieras adecuadas para crearse estos frenos frente a la crisis mundial. Y estos frenos no pueden ser solamente una casualidad emanada de los beneficios que le trajo a la Argentina un tipo de cambio o un modelo exportador, sino que el gobierno reclama, con razón, haber tomado las medidas adecuadas para que la crisis llegara a amortiguada al país.
¿Cómo interpretas las manifestaciones de la oposición?
El oficialismo ha sido acosado muy duramente por un embate inesperado de fuerte rechazo hacia las políticas del gobierno, donde se mezcla: el intento de restauración de las políticas neoliberales, la acción de las viejas clases dominantes y la actividad de los medios de comunicación que se sienten heridos por muchas razones, principalmente, por el aspecto monopolizador que tiene la nueva ley de medios.
Si sumamos la inestable situación de las clases medias, el hiper explotado tema de la seguridad, las acciones de la Sociedad Rural, y el tipo de golpismo perseverante de comunicadores sociales como Mariano Grondona. Todo esto, hace que la situación política argentina sea de las más enredadas que podamos recordar.
En ese sentido, entra lo que podríamos llamar, el modelo alternativo, que sería más nítidamente definido, a través del concepto republicanismo. El uso de la expresión republicana está asociado con políticas conservadoras, de derecha, empresariales. El más nítido exponente de esta interpretación del republicanismo es Elisa Carrió. Por un lado, dice que ya no hay que hablar más de izquierdas y derechas, sino simplemente de ética. Y, por otro lado, es la refundadora de uno de los aspectos más importantes de una ética de derecha en Argentina.
Todo esto no es fácil decirlo porque, en realidad, los lenguajes políticos se han escapado de su cauce. La televisión lo retrabaja continuamente y los pone en otro lado, como se ve en un cierto tipo de humor absolutamente provocativo y tosco como el que hace Tinelli que se convierte en el centro de un ejercicio del debilitamiento de la república.
¿Cuál es el rol que tiene Carta Abierta en la actualidad?
Es un grupo que ha surgido de una emergencia. Se reunió en principio en la Biblioteca Nacional, luego en muchos otros lugares y en plazas públicas. Presupuso el intento de descifrar esta incerteza. Un gobierno que era atacado por novedosos argumentos de los viejos sectores propietarios del país y que, al mismo tiempo, merecía una autorevisión de sus propios contenidos originarios, puesto que también aparecía sin excesiva claridad en muchas decisiones que se tomaban.
Carta Abierta se reúne para defender las decisiones que se habían tomado en relación a la resolución 125, que parecía tan inocente, y que originó ese fuerte embate en los sectores del agro al sentirse afectados en posiciones económicas. Puede decirse que el gobierno no manejó bien el conflicto.
En Carta Abierta, un sistema asambleario que dura hasta hoy, se reúne mucha gente. Forman parte un sector medio de la población, profesionales. Una coalición de saberes que vienen de distintos mundos de la memoria: peronismo, izquierda, socialismo, etc. Hay que admitir que los hechos políticos nuevos, las interrupciones, no suelen ser previsibles y suelen vestirse con el lenguaje que está a mano, tal como lo encuentran en el mundo social que pertenecen. Por eso quizás como grupo intelectual, Carta Abierta paga el precio de la idea que pesa en toda la historia de la condición intelectual: tratar de anticiparse a los fenómenos con el grave riesgo de ser acusada de que no estuvo en contacto con las fuerzas sociales reales.
¿Cuál es tu opinión del proyecto de ley de radiodifusión?
La ley me gusta y es absolutamente necesaria. Deberá ser aprobada con las modificaciones que salgan de la lógica parlamentaria. Así como está me gusta. Tiene un aspecto desmonopolizador. Puede ser perfeccionado sin duda, pero está claro que no está hecha contra ningún medio. Está hecha para que los medios de comunicación respondan a las fuerzas sociales, culturales, reales del país sin violentación de las capacidades expresivas de una sociedad plural. También es una ley absolutamente modernizante que no habría problema para que la aprueben todas las fuerzas comunicacionales existentes. Lo que ocurre es que tiene ese aspecto político democratizador radical que no es aceptado.
Todo lo que tiene que ver con los nuevos formatos digitales, las telefónicas, los poderes informáticos y demás, está atendido con restricciones al hecho de que las telefónicas intervengan en esa sociedad donde actúan los medios de comunicación. Porque no sería ningún negocio para ningún país que salidos de un monopolio entremos a otro pero de las telefónicas.
Escrito por Ana Inés Cabral.