En una entrevista exclusiva con Políticargentina.com, el cuarto candidato a diputado nacional por la lista Encuentro Popular para la Victoria para la ciudad de Buenos Aires y titular de los Cascos Blancos, Gabriel Fuks, arremetió contra la oposición y reivindicó la necesidad de profundizar el modelo iniciado por el kirchnerismo en 2003, aunque admitió que todavía faltan mejorar algunos aspectos.
“Hay que corregir y profundizar el modelo. Hay muchos aspectos que son mejorables pero para eso ahora hay que separar la paja del trigo y votar toda la propuesta que estamos planteando tanto en la provincia como en la ciudad de Buenos Aires”, aseguró.
¿Cuáles serían estos aspectos que faltaría reforzar?
Pese a todos los procesos sociales de los 70, ante los retrocesos y sobre todo estos últimos seis años, no hemos logrado todavía generar un verdadero federalismo para la participación del conjunto de nuestra población en la toma de decisiones políticas o en el reparto de la riqueza. También en el plano regional. Un debate de un verdadero federalismo y de un mecanismo de integración regional es la integración de las regiones fronterizas en primera instancia y no de las capitales. Pensar un federalismo en función de la integración regional es uno de los debates más claros que tenemos que darnos. Las barreras arancelarias, los mecanismos de integración, entre otros, tienen una normativa y estamos bastante reposados en eso, pero no sólo nosotros sino que toda la región.
¿Qué propuestas ofrece el Encuentro Popular para la Victoria en estas elecciones legislativas?
La más importante, y no casualmente Carlos Heller es el primero en la lista, es ratificar el modelo económico que se viene planteando. Una de las líneas claras es la defensa, ver el medio vaso lleno.
¿Puntualmente acerca de la ciudad de Buenos Aires?
Un debate al que no podemos eludir es el rol de la Ciudad y su integración con el resto del país. En este año y medio, Mauricio Macri, Gabriela Michetti y todo su espacio político estuvieron quejándose de la imposibilidad de generar un gobierno autónomo real en la Ciudad por las trabas que supuestamente el gobierno nacional le ponía. Tienen una gran capacidad de mentira. Como los slogans de campaña, de 10 km de subtes por año, cuando cualquier estadística dice que sólo se pueden hacer 2 km de subte anuales.
¿Qué piensa del traspaso de los fondos de la Nación para la policía porteña y el reclamo de seguridad que hacen los vecinos?
Hay que volver a debatirlo. Nosotros creemos que no hay que ceder la Policía Federal a la ciudad de Buenos Aires sin más, pero hay que debatirlo porque está bien que la Ciudad tenga su propia policía. Pero ésta no es la solución a los problemas de seguridad y hay volver a abrir el debate, aunque con el temor de que muchos porteños me miren mal por decir esto.
¿Y en cuanto a la articulación del conurbano bonaerense con la Ciudad?
No es un tema menor cuando entre 4 y 5 millones de personas todos los días entran en la Ciudad, consumen y tributan ahí y nosotros sólo vemos por parte de un sector de la sociedad, que es beneficiario de este impresionante movimiento económico, una actitud xenófoba. Que vengan a trabajar, que me limpien el baño pero que no usen mi hospital, etc. Es un tema que hay que encarar el debate porque es ridículo lo que plantea esa sociedad cerrada. La ciudad del norte contra la ciudad del sur muy claramente. Gabriela Michetti recibe presiones de las señoras que ven la basura del perro tirada en las plazas, pero nosotros vamos al sur y vemos mucho más que eso. Es una cuestión cosmética de buscar a su electorado duro desde el centro hacia el norte.
Entramos en el tema de la oposición. Como fuerza que integra el Gobierno, ¿cómo la ve?
Estoy un poco asustado. Cuando yo veo, por ejemplo, a Francisco de Narváez, un producto de probeta absoluto cuya relación con la política es un “me suicido o hago política”, veo con terror que esa no política puede terminar en cualquier cosa, que esa manipulación de la imagen puede derivar en que un tipo como ese construya poder y ese poder pueda ser usado para las cosas más terroríficas, para el formato más fascista, para volver a mecanismos económicos de la más alta perversión, que no dice nada porque nada dice y todo lo explica. Parece que han logrado trasmitir la imagen de que dice algo. La verdad, pienso que figuras como De Narváez no solo remiten a lo peor sino que son peores todavía. Es probeta pura, para mí es demoníaco. Tengo muchos temores de lo que pueda significar y de que una juventud pueda ver eso y crea que es política cuando no hay una idea, pero no es que no se le cae ni una idea, la idea es no tener idea. Aparte, se trabaja como si la seguridad se pudiera construir desde una personalidad fuerte.
¿Y sobre el Acuerdo Cívico y Social?
Es un esquema ya conocido que ya gobernó. Es un esquema de Alianza, que no sabe gobernar y que cada vez que gobierna termina la Argentina metida en un pozo. Administra políticas de terceros, en general, acomodando esa ausencia de iniciativas propias, si bien hay una raíz nacional y popular muy fuerte de las redes originarias del radicalismo, ya que los últimos tres gobiernos han demostrado su incapacidad absoluta.
Cascos Blancos y voluntariado en Argentina
Por fuera de su actual postulación como candidato, Gabriel Fucks preside la Comisión de Cascos Blancos, voluntariado dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Nación que presta asistencia humanitaria y que fue fundado en los años noventa. En sus palabras: “Es un organismo muy particular porque es un invento argentino hecho en la época de Menem. Cascos Blancos hereda el debate que a mediados de los 90 se dio internacionalmente cuando las Naciones Unidas crean la Organización para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA)”.
El contexto era la globalización. “Las crisis humanitarias estallaron por doquier. Algunas de las consecuencias económicas se empiezan a ver después de las políticas aplicadas en esa época. Entonces hay todo un debate del tema humanitario a nivel internacional”, explica y agrega: “Los Cascos Blancos surgen en oposición a la idea de los militares como fuerza de paz. Cascos Azules, Cascos Blancos. Argentina fue pionera en eso”.
¿Qué contraposición puede hacer con este voluntariado de los '90 y la proliferación de movimientos y organizaciones sociales que surgieron a partir de la crisis de 2001?
El 2001 reformuló la discusión del voluntariado en Argentina. En la crisis de fines de los 90, el voluntariado había surgido como un mecanismo de agrupamiento y de reemplazo de las redes que el Estado había abandonado, la solidaridad y la articulación social, pero basado centralmente en sectores de clase media y clase media alta y con una visión hipercrítica y desconfiada de recomponer este vínculo. Si bien surgía como una cosa que es notable y que uno puede aplaudir per se, política y socialmente, el voluntariado de fines de los noventa surge con una perspectiva claramente de asimilar Estado con política y de pensar que el voluntariado debe contraponerse al Estado y a la política.
¿Y no ir juntos?
Y no ir juntos. Además, surge también como resultado de la destrucción de las barreras, de las estructuras y de las redes solidarias que se habían construido desde la época del peronismo en adelante. También surge, en otra lógica, como rebote de ejemplos internacionales, cuando la globalización y el sistema de pensamiento único decía que nada se podía hacer y de repente aparecen en el mundo genocidios como el de Rwanda y situaciones extremas de crisis humanitaria. Situaciones hacen que muchos jóvenes idealistas digan que hay formas de salir a pelear contra las injusticias. Además surgen muchas organizaciones no gubernamentales que trascienden las fronteras, como Médicos sin Fronteras, etc.
¿Cómo es la situación ahora en la Argentina?
En la ciudad de Buenos Aires, la gente cree que las ONG y los voluntariados son lo mismo y no son lo mismo. En general, muchas ONG pueden recibir subsidios y trabajar con el Estado u organismos internacionales, pero no necesariamente sus integrantes trabajan voluntariamente. Tampoco es lo mismo voluntariado y mutualismo o cooperativismo, aunque mucho de la economía social empalma con el voluntariado en cuanto al mismo tipo de energía que impone la obra social. Hay todo un enraizamiento entre la economía social y el voluntariado. Creo que hay cosas que no son abstractas, que faltan profundizar y que son tareas pendientes. Uno sabe que estas cosas tuvieron mucha fuerza los primeros tres años de nuestro gobierno.
Escrito por Agustina Ordoqui.