22.03.2012 - 13:03 /

Reforma del Central: ¿Aumentará la producción o la inflación?

La modificación del rol del Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantiene ocupada la agenda de muchos analistas políticos.


La modificación del rol del Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantiene ocupada la agenda de muchos analistas políticos. Uno de los puntos más polémicos es la habilitación a la entidad de entregarle al Gobierno más dinero del que hoy puede. Por ello, el temor a acelerar la inflación se hace presente en los debates.

El Central cuenta ya con diversos métodos para inyectar dinero, como las líneas de crédito a los bancos comerciales, la compra de activos (dólares, oro, bonos), y también los préstamos al Tesoro Nacional (Poder Ejecutivo). Si se aprobasen los cambios, el límite de la emisión monetaria respaldada por estos últimos se movería del 10% de la recaudación del último año, al 20%. La forma en que se use la emisión monetaria generará distintos efectos.

Al respecto, Tomás Raffo, del Instituto de Estudios y Formación de la CTA, esgrime que “si la impresión de moneda que se realizase de ahora en más se destinara al sector productivo, podría tener efectos muy beneficiosos para el país; aunque si se utilizara para financiar el pago de deudas sólo sumaría inflación a la ya existente, y una reducción de las reservas”. Por ello, defiende la medida dependiendo del destino de los fondos. “Si el Tesoro hace inversiones que aumenten la capacidad productiva en el mediano plazo, aumentaría la oferta y ayudaría a contener la presión en los precios”, observa.

Coincide con esta opinión Martín Kalos, consultor económico, al explicar que “en el caso de los adelantos transitorios, como son préstamos al Tesoro Nacional, lo importante es qué hace el Gobierno con ese dinero. La idea es que se podrán aplicar políticas anticíclicas mucho más fuertes, que ayuden en momentos de crisis”.

Ambos convienen que, si los nuevos billetes se consignaran a aumentar el consumo de la población, podría generar consecuencias no deseadas. Algunos sectores en el país están trabajando casi con la totalidad de su capacidad instalada, como el automotriz o el petrolero. En este último rubro es por demás conocida la falta de inversión que no le permite redundar en aumentos de producción para el corto plazo. Si la demanda en esas ramas aumentara, generaría una presión en los precios, y esto podría derramarse al resto de la economía.

No por ello significaría una suba generalizada. Para evitar caer en simplificaciones, Kalos identifica a los componentes de la inflación actual como: las expectativas, el poder de los oligopolios para imponer importes, la “inflación importada” (precios de bienes importados y la tasa de devaluación), el exceso de demanda agregada y la emisión monetaria (mediante las tasas de interés y el impulso a la demanda).

Esto ataca la postura contraria al uso de más fondos para planes sociales (como la suba de los haberes jubilatorios exigida por la CTA). Si mayores recursos del Estado se destinarán a mejorar el ingreso de las personas, éstas incrementarían su consumo y mejoraría su calidad de vida. La puja de precios causada por la demanda mayor es, para la visión de Martín Kalos y Tomás Raffo, un mal menor, contra el que se pueden tomar otras medidas para contrarrestarla, y atacar las otras causas. En cambio, si a partir de la reforma los bancos comerciales multiplicaran las líneas de créditos personales, no llevaría esto más que a cuellos de botella empujados por la demanda de bienes suntuosos, nada vitales en el crecimiento del país.

Entre las nuevas atribuciones, el Banco Central regularía tasas de interés. Esta nueva facultad significará que algunos préstamos de bancos comerciales tengan tasa subsidiada, para promoverlos a que estimulen ciertas actividades claves. Sin embargo, el mayor beneficio de las entidades han sido los destinados al consumo personal. En opinión de Kalos, “en Argentina no fue negocio financiar la actividad productiva en general, pero con estas nuevas herramientas el Central les otorgará incentivos para que lo hagan. Se esperaría que, en el corto plazo, profundice ciertos comportamientos, como aumentar los créditos para PyMEs e inversiones en infraestructura”.

Las nuevas metas del BCRA incluyen la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social. La modificación legitima que no existe un solo valor de la moneda que deba resguardarse, a diferencia de la época de la convertibilidad. La reforma que hoy se encuentra en el Congreso se acerca mucho a la Carta Orgánica que estuvo vigente desde creación del Banco Central, en el ’35, hasta su reforma con el gobierno de Carlos Menem, en 1991. De todos modos, con las mayores atribuciones, el rol que tenga la unidad monetaria dependerá exclusivamente de las intenciones del poder central. Las opciones son claras: inflación o inversión.