Movimientos que oscilan de la derecha a la extremaderecha y con mucha convocatoria a través de las redes sociales,
llamaron a manifestaciones por todo el país para exigir la rápida destitución de Dilma Rousseff, reelecta el pasado octubre. SI bien fue una protesta masiva, fue menor que las de marzo y abril, según reconocieron los organizadores.
Las manifestaciones, que tuvieron lugar en Brasilia y en las capitales de 24 de los 27 estados federados,
reunieron entre 265.000 y 400.000 personas, según estimaron la Policía Federal y los organizadores, respectivamente,
en ambos casos muy por debajo del 1,7 millón de personas congregadas en marzo pasado.
Los manifestantes -que en su mayoría exhibían carteles con las leyendas “Fuera Dilma” y “Fuera PT”-
se mostraron también muy críticos del antecesor de Rousseff y fundador y líder del PT, Luiz Inácio Lula da Silva.
Entre los objetivos,
se propusieron de manera explícita una intervención militar como salida para la crisis política y económica que sacude al
gobierno de Rousseff, a quien, según sondeos recientes,
apoya únicamente ocho por ciento de los brasileños, mientras 71 por ciento reprueba su gestión y 66 por ciento reclama su renuncia o destitución.
Esta vez los manifestantes expresaron apoyo al juez federal Sérgio Moro, quien está a cargo de la causa en que se investiga el gigantesco desvío de fondos de la petrolera estatal Petrobras para el financiamiento ilegal de campañas políticas del oficialismo y sus aliados.
El partido sigue en situación muy grave, pero todavía no está moribundo del todo. Lula, el principal representante sabe que la recuperación es difícil pero cree que algo se salvará. Desde el oficialismo sostienen que hay indicios de que lo peor ya paso.