09.03.2016 / Al igual que en el resto de los países latinoamericanos

La mayoría de los presos en Argentina son hombres y la mitad tiene menos de 33 años

Especialistas presentaron el seminario "Desafíos del Sistema Penintenciario: condiciones de vida en la cárcel" brindado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, a través del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (CELIV).




La Universidad Nacional de Tres de Febrero, a través del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (CELIV) organizó el coloquio “Desafíos del Sistema Penitenciario: condiciones de vida en la cárcel”  en donde se presentó el informe “Condiciones de vida en la Cárcel: resultados de la encuesta de detenidos condenados”, bajo la dirección de Marcelo Bergman. 

El Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia está orientado a la investigación académica y a la generación de nuevos conocimientos empíricos para contribuir, enriquecer y potenciar el debate local y regional sobre temas de inseguridad, violencia y delito desde múltiples perspectivas. El CELIV tiene como objetivo convertirse en un espacio de investigación y comunicación de referencia nacional y regional para especialistas, académicos, los tomadores de decisiones, y púbico interesado en temas de inseguridad, violencia y delito.

El informe realizado en perspectiva comparada con otros cinco países de Latinoamérica (México, Perú, Brasil, El Salvador, Chile), revela que en Argentina aunque el hacinamiento, la provisión de bienes básicos (agua, comida, ropa, medicamentos) y los programas de educación y trabajo no están en situación crítica como en otros países de la región las condiciones carcelarias son deficientes y el desafío es evitar un mayor deterioro.

Según datos del informe, en las cárceles argentinas, al igual que en el resto de los países latinoamericanos, la mayoría de la población son hombres y el 50% tiene menos de 33 años. El 73,7% de los varones proviene de un entorno donde hay antecedentes delictivos y el 30% de los presos se encontraba desocupado durante el último mes antes de ser detenido.

Entre los efectos personales básicos el colchón (93% de los casos) y la cama la provee el servicio penitenciario mientras que la mayoría de las otras necesidades las cubre la familia (sábanas, calzado, entre otras). La mayoría de los reclusos considera mala la calidad de la comida e insuficiente pero la gran mayoría accede a suficiente agua potable para beber, a diferencia de Brasil que presenta los números más bajos de la región (57,7%).

La violencia física es un común denominador en todos los penales de Latinoamérica. Además estas instituciones de encierro son percibidas como espacios inseguros, siendo Chile el país que representa el porcentaje más alto (79,9%).

El informe revela también que en las cárceles argentinas existen distintos tipos de "pagos improcedentes" para acceder a beneficios, un 70% declaró que debe pagar para ingresar alimentos, un 30% para acceder a las visitas íntimas y un 28% para ingresar objetos prohibidos. El contacto de los individuos con drogas y alcohol es bastante frecuente, el 37% de los reclusos creció en hogares donde el consumo de drogas y alcohol era habitual. El 44% de las drogas que se consumen en las cárceles provienen a través de los familiares.

Más de tres cuartos de la población carcelaria en Argentina participa en actividades deportivas, educativas y/o trabaja dentro del penal y la mayoría califica los programas educativos como muy buenos (Argentina se ubica en rango intermedio siendo México el país con más internos trabajando (96,4%) y/o estudiando, y San Pablo el de menor porcentaje).

El estudio fue realizado bajo la coordinación general de Marcelo Bergman y su equipo de investigación compuesto por Julieta Siano, Christian Arias y Guadalupe Peralta Agüero.

Bergman es doctor en sociología por la Universidad de California de San Diego. Es profesor y director del Centro de Estudios Latinoamericano sobre Inseguridad y Violencia (CELIV) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Se desempeñó como profesor-investigador en el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) de México desde 2001 hasta el 2012. Sus áreas de investigación son el Estado y la aplicación de las leyes, la Criminalidad y la Seguridad Ciudadana en América Latina, entre otras.



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