02.01.2023 / DESARROLLO Y POLÍTICAS SOCIALES

Analizar, consensuar, barajar y dar de nuevo: salir de las políticas sociales de emergencia para pasar al desarrollo

En un momento crucial de Argentina, el debate sobre la construcción de un país más justo y solidario, donde la economía se piense desde los sectores populares y medios, se hace impostergable. Política Argentina consultó al ex ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, el Director de Políticas Solidarias de la PBA, Felipe Rinesi, y a la Secretaria General de la UTEP, Dina Sánchez. El pacto social y la agenda urgente vs. los cambios estructurales.

por Morena Marcos




La desproporcionada deuda contraída por el gobierno de Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional (FMI), sumada a las consecuencias de la pandemia potenciaron una crisis que exigió y urgió la intervención del Estado a través de políticas sociales. Empero con la mayoría de la población vacunada, y la reactivación del desarrollo productivo la coyuntura obliga a dejar atrás la emergencia para pensar el desarrollo más allá de las políticas asistenciales.



Con el objetivo de repensar las políticas y el desarrollo social en este nuevo panorama, este medio consultó referentes, dirigentes y especialistas en la materia para repensar cómo hacer para enfrentar la inédita coyuntura social que resultaron de la pandemia y asimismo planificar y diseñar un cambio estructural que permita superar la pobreza, además de contener la crisis y las urgenciasPolítica Argentina entrevistó así al diputado nacional y ex Ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo; a la Secretaria General de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, Dina Sánchez, y al Director de Políticas Solidarias del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad de la Provincia de Buenos Aires, Felipe Rinesi.


LO QUE LA PANDEMIA Y EL NEOLIBERALISMO NOS DEJÓ

El panorama presenta un complejo y persistente escenario inflacionario que si bien registra paulatinos descensos, tiende a estancarse en números complicados, con subocupación e informalidad, sin mencionar que exista una innegable recuperación con niveles de actividad global próximos a los que Argentina ostentaba antes de la pandemia- no se percibe otra consecuencia que un aumento de la pobreza y la pérdida del poder adquisitivo del salario, aunque sin mencionar el escenario adverso global que dejan el coronavirus y (posteriormente) la guerra entre Rusia y Ucrania, en nuestro país, una gran parte de la sociedad excluida de manera estructural nunca dejó de ser un problema sin resolver.


URGENCIAS vs. CAMBIOS ESTRUCTURALES

Al respecto se refirió el Diputado Nacional y ex ministro de Desarrollo Social -o como él mismo se reconoce ‘Ministro de la Pandemia’- Daniel Arroyo, al diferenciar las “urgencias” de los “cambios estructurales necesarios”. “Lo urgente en política social tiene que ver con dos cuestiones. Una es el precio de los alimentos, hay mucha gente que no llega a fin de mes aun trabajando, aun haciendo changas. Y el otro es la mejora de los ingresos”, diferenció en entrevista con Política Argentina.

 

“La mejor política social hoy es estabilizar los precios de los alimentos, gran parte del problema de la vida cotidiana es gente que no llega con trabajo, sin trabajo, con un plan, sin un plan y entonces, como no llegan se endeudan. Y acá aparece el otro problema que le sigue al precio de los alimentos y es el endeudamiento de las familias. Entiendo que hay políticas que apuntan a eso, Precios Justos es una”, analizó.

Y continuó: “Por otro lado está el tema de los ingresos, que están quienes reclaman por los comedores, por los planes, por los merenderos, el trabajo informal, gente que hace changas. Hay que reconstruir ingresos”. “Los planes sociales son necesarios en una Argentina donde el último informe de la UCA da 43% de pobreza aún con trabajo formal. Pero yo creo que este país es como un auto que hay que modificarlo mucho, andando a 120 kmts por hora, pero sin pararlo. El Plan Potenciar trabajo llega a 1.300.000 personas. La base existe en la Argentina, pero sobre esa base hay que emplear esos cambios estructurales”, consideró Arroyo.


Por su parte, el Director de Políticas Solidarias del Ministerio de Desarrollo Comunitario de la Provincia de Buenos Aires, Felipe Rinesi, también reconoció la gravedad del contexto, en términos de los saldos no sólo de los años de pandemia, sino también de un contexto global político económico adverso que complejiza la coyuntura, y al marcar que “la mejor política social es el trabajo”, remarcó que el objetivo apunta a “hacer que el trabajo siga creciendo y que los ingresos derivados de esa situación de empleo alcancen para cubrir un piso de derechos y necesidades de cada una de las familias”.

En ese sentido, también lamentó que “los eventos recientes también tienen un impacto en la aceleración de una situación de creciente desigualdad global dónde un universo cada vez más pequeño de personas acapara una porción cada vez mayor de la riqueza mundial, lo que se profundiza en muchísimo en Argentina, sumándose a las consecuencias de los cuatro años de política neoliberal durante el gobierno anterior”.


LA OPOSICIÓN, EL DESARROLLO SOCIAL Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

No está demás mencionar en este punto, que este medio intentó comunicarse con referentes, especialistas y dirigentes representantes de la oposición y no recibió respuestas más que evasivas.

Pero vale recordar que, pese a que el líder de Juntos por el Cambio y ex presidente Mauricio Macri en su libro “Para qué” expresó que el presupuesto en políticas sociales fue “uno de los rubros que más ha crecido” durante su gobierno, según datos oficiales, los gastos para la finalidad Servicios Sociales (que incluye no sólo el pago de planes de asistencia sino las inversiones en salud, economía y educación, entre otros rubros) cayó 9,6% en términos reales (es decir, contemplando el efecto de la inflación).



Es que las expresiones sobre la posición de la fuerza opositora en este punto son claras, pero lo más elocuente resulta en rememorar lo ocurrido en la materia durante el Gobierno macrista: si bien los planes sociales triplicaron la población de beneficiarios no aparecieron nuevos programas o planes sociales que den respuesta a las nuevas necesidades derivadas del empeoramiento de la situación económica por el aumento del costo de vida, el poder adquisitivo del salario y de la desocupación; a esto se sumó el mantenimiento formal pero sin refuerzos de una gama de programas, algunos de los cuales se fueron desactivando paulatinamente haciendo que tuvieran menor impacto en la calidad de vida de los ciudadanos; y por último, los programas antes mencionados fueron básicamente los que apuntaban a fortalecer derechos, por lo que podríamos concluir que se produjo una retirada del Estado en lo relacionado con el fortalecimiento de los derechos ciudadanos; se fortaleció el Programa Argentina Trabaja, cuya forma de implementación facilitó su uso con objetivos de clientelismo político.


LA JUVENTUD: LOS MÁS AFECTADOS

En este sentido, Rinesi, que comanda la dirección de Políticas Solidarias del Ministerio de Desarrollo Comunitario de la Provincia de Buenos Aires, Área que depende de la Secretaría Provincial de Juventudes, marcó sobre este mismo panorama y contexto de situación adverso que “los jóvenes” se vienen destacando como el sector más perjudicado por las crisis socioeconómica. “Esta es una generación que se ve atravesada por todas las problemáticas relacionadas y devenidas de la pandemia y los cuatro años de neoliberalismo -urgencias que hay que atender, en un contexto muy complicado en materia de salud, alimentaria, de educación y de seguridad- y hay que atenderlo, pero que se profundizan en esta generación”. “Cuando vemos los indicadores sociales de pobreza, indigencia, desempleo, son mayores y más preocupantes en esta franja etárea y eso nos lleva a presentar estrategias focalizadas para este universo. Pero también vemos problemáticas propias de esta generación”, añadió en nota con Política Argentina.

Y precisó que “nos preocupa la salud mental, la conectividad comprendida como un derecho, el acceso a la Educación Sexual Integral, y día a día intentamos fortalecer, construir las redes y organizaciones comunitarias que son el primer espacio de contención de pibes y pibas en barrios y lo que nos precede a nuestro paso por la gestión y que nos trasciende. Por eso pensamos en poder brindarles herramientas para fortalecer estos espacios para que fortalezcan a su vez, el trabajo desarrollado”. Coincidentemente, el Ministro pandémico, Arroyo, refirió en la misma línea que “uno de los problemas más serios” dentro del contexto al que Argentina se enfrentó en 2022 y que enfrenta de cara al 2023: “El problema de los que están más afuera del mercado laboral, que son jóvenes”.




Asimismo, a esto se suman quienes forman parte de uno de los sectores más vulnerables de la población, los trabajadores de la economía popular, descripta como la Secretaria General de la UTEP, Dina Sánchez, como un “sector indispensable para la economía”, al sostener que “para empezar a llevar adelante políticas socioeconómicas que lleguen realmente a los sectores hay que repensar lo que estamos haciendo. Nosotros como sector fuimos avanzando, estamos en la política, tenemos compañeros y compañeras que están en el Estado, y gracias a eso a las leyes y políticas que se han ido presentando las hemos podido conquistar como la ley de barrido de los barrios populares, que generó más trabajo, mejores ingresos salariales”.


EL ROL DE LA ECONOMÍA POPULAR: EL CAPITAL INVISIBILIZADO

En otro punto, a la hora de discutir un sistema político económico inclusivo, diverso y con perspectiva igualitaria, un eje clave a repensar es el rol de la Economía Popular, como un sector productivo indispensable para la sociedad. Al respecto, Dina Sánchez, remarcó que la pandemia “dejó demostrada” la importancia de valorarlo: “Creo que después de todo este contexto bastante complejo la pandemia, la guerra, quedó demostrado y fue bastante clara la enorme capacidad que tenemos desde el sector, no solo para reorganizar nuestro trabajo, sino para ponernos a disposición y hacer un trabajo incluso que muchas veces tendría que haberlo garantizado el Estado nacional y fuimos nosotras mujeres que nos lo pusimos al hombro, que fuimos a los territorios a ejercer los trabajos de cuidados que aún hoy no son reconocidos y quedaron invisibilizados porque no generan mercancía, pero que si no existieran no se movería la economía nacional”. “Para empezar a discutir políticas sociales en el país tendríamos que reconocer que la economía popular es parte de la economía, que la economía hoy tiene tres patas: por un lado están los y las trabajadoras estatales, los y las trabajadoras en el sector privado, pero también estamos los y las trabajadoras de la economía popular. Creo que sí aceptamos eso, sí asumimos eso vamos a poder empezar a construir y a pensar realmente políticas sociales”, indicó en diálogo con Política Argentina.

En esa misma línea Rinesi, sostuvo que “nosotros siempre creemos que la mejor política social es el trabajo y que tenemos que hacer que el trabajo siga creciendo y que los ingresos derivados del empleo cubran un piso de derechos y necesidades de cada una de las familias”. “Hay que pensar un modelo económico que involucre todas estas experiencias, que no se pueden pensar por separado, se tiene que pensar como una sola economía, no una economía de primera y otra popular de segunda. Un solo sistema económico que comprenda todas estas formas de productividad económica, aquellas que el capital encuentra rentables y que por lo tanto invierte, como aquellas que no son redituables desde la perspectiva de la capitalización económica pero que sí entendemos como socialmente necesarias y que hacen al desarrollo de la comunidad, y ahí tiene que estar el Estado presente para garantizar su cumplimiento. Esto es algo que terminó de evidenciar la pandemia como con las tareas de cuidado o las tareas de las trabajadoras comunitarias sin las cuales no hubiéramos podido atravesar la pandemia como la atravesamos y siguen siendo necesarias y parte de nuestra cotidianeidad”, subrayó.

“Dentro de quince años cuando la pandemia no sea un tema político ni periodístico, se va a reconocer el valor del rol del Estado en la pandemia en materia social, económica y sanitaria. Hoy es otra la realidad en la pospandemia y necesitamos estabilizar el precio de los alimentos y desendeudar a las familias. Tenemos 6 millones de cuentapropistas, una parte de eso es la economía popular que desempeñan trabajos enormemente relevantes, y necesitan una base de ingresos”, reflexionó a su tiempo Arroyo.

RECUPERAR “EL ORDEN BÁSICO”: UN PLATO DE COMIDA EN LA MESA DE CADA FAMILIA

En esta misma línea, todas las fuentes consultadas coincidieron en la importancia de “recuperar un órden básico” para lograr comenzar a salir de las políticas sociales “de emergencia” para comenzar a pensar en los cambios estructurales que propongan un verdadero desarrollo social con políticas públicas que propicien el empoderamiento de los estratos bajos y medios hacia el desarrollo económico. Es que los eventos ocurridos en los últimos años a nivel global y local tuvieron un impacto en la economía y en el orden social sin dudas de alto impacto para los argentinos y las argentinas más vulnerables. Allí donde la segmentación social y la acumulación y distribución de las riquezas ensanchan cada vez más la brecha de la desigualdad económica, profundizando en Argentina las discusiones de “la grieta” y exponiendo intereses poderosos que se oponen a la democratización de los recursos y de la economía. Empero, en la misma línea que la alegoría de Arroyo sobre el auto a varios kilómetros por hora sin poder entrar a boxes, en tanto se debaten los cambios estructurales es indispensable atender las urgencias: Salud, alimentación, Educación y Seguridad son las problemáticas en las que todos los especialistas convergen y que son trascendentales a la importancia de desarrollar un sistema de políticas sociales permitan cerrar “con todos y todas adentro”.

INGRESO UNIVERSAL CIUDADANO

En este orden, el diputado Arroyo, destacó que “el debate para adelante es qué pasa con aquellos que no tienen ingresos”: “Un camino es la reducción de la jornada laboral para que trabaje menos gente, menos horas, más cantidad de personas empleadas, es un modelo difícil para la Argentina porque tenemos mucha informalidad laboral. El otro camino es el ingreso universal ciudadano, que es una base de ingresos para el conjunto de la población que establezca condiciones para evitar la indigencia en la Argentina. El tercer camino, es el camino neoliberal, que dice que hay que reducir las cargas patronales, hay que flexibilizar condiciones de contrato de trabajo, entonces se va a contratar más gente y va a haber más trabajadores, ese modelo ya se aplicó en la Argentina y terminó con 57% de pobreza y 28% de desocupación. Por eso en mi opinión, hacia dónde van Argentina y América Latina, es hacia un Ingreso Universal Ciudadano”.

En tanto, Felipe Rinesi, se mostró crítico y analítico de algunas de las políticas sociales del Gobierno vigente e indicó en la misma línea que el ex ministro que “en materia de políticas sociales nacionales creo que hay una discusión siempre entre políticas sociales de carácter universal y otras más focalizadas que ambas son necesarias y que hay que ejecutar y trabajar con ambas, pero nos encontramos en una situación de políticas de acompañamiento económico que representan un ingreso para sus beneficiarios que ha tenido una envergadura casi universal, pero que no lo es, y genera que los que quedan fuera de esas prestaciones y eso genera la sensación de injusticia en quienes no pueden acceder, sintiéndose víctimas de una arbitrariedad que los ha dejado fuera y que no les permite ser parte de esa política social. Es urgente trabajar en esa línea y pensar en una política universal de ingresos que otorgue un ingreso universal -valga la redundancia- para nuestra sociedad, que dé una solución de base con un piso de ingresos y después si políticas de soluciones particulares”.

“El Estado Nacional tiene que repensar lo que está haciendo, nosotros no nos olvidamos de la pandemia, de cuatro años de un gobierno de derecha gobernando el país, y que lo más catastrófico fue la estafa de contraer millones de dólares de deuda con el FMI, pero el primer error fue firmar un acuerdo sin antes investigar dónde está esa plata, y cuando el FMI exige ajustar, seguimos siendo duros con los de abajo, y blandos con los de arriba”, recalcó Sánchez a su tiempo.

LOS CAMBIOS ESTRUCTURALES

En este repensar de la políticas sociales Arroyo señaló a Política Argentina que “cuando hablamos de cambios estructurales tiene que haber una reforma profunda de la escuela secundaria, reconstruir la idea de que el que estudia y termina la secundaria le va bien, para eso necesitamos una escuela tecnológica, moderna, del siglo XXI que vincule escuela y trabajo, ahí estamos con un problema serio porque es el problema de los que están más afuera del mercado laboral, que son jóvenes”. “Además hay que modificar el sistema de crédito que hoy en nuestro país es generador de pobreza. Mucha gente está endeudada y a un interés anual de 240%. Y después creo que hay que generar un cambio profundo, estructural, que permita la posibilidad de generar condiciones de trabajo, y capacitaciones”, sostuvo además.



Por su lado, al aclarar que “nosotros dejamos claro nuestro enojo y la preocupación de cómo empezamos este mes de diciembre con muchos compañeros no cobrando en tiempo y forma, con un bono bastante miserable”, Sánchez, analizó que “teniendo en cuenta que se viene un 2023 mucho más complejo porque también es un año electoral y porque parece que el Gobierno Nacional allana el camino para que se venga una derecha y porque nos aterra que venga una derecha porque sabemos de qué se trata, porque vienen por nosotros y nosotras, por el sector y porque trabajamos y militamos mucho de que haya un Gobierno que incline la balanza para el lado de los trabajadores y trabajadoras, y finalmente quedó en un simple eslogan”.

La Secretaria General de UTEP, enfatizó que “es posible un sistema desarrollo de un modelo económico y productivo con perspectiva social, nosotros desde la UTEP tenemos la Ley General de Tierra, Techo y Trabajo que presentamos en el Congreso. Algunas leyes fueron más empujadas que otras, pero son planes de país que nos enorgullecen mucho porque somos un sector que cuando sale a la calle nos estigmatizan mucho, pero somos un sector que siempre trae propuestas de país, y por la línea política tenemos el Plan de Desarrollo Humano Integral, que también tiene muchos puntos, que están muy bueno para empezar a trabajar ya mismo, con urgencia y le darían salida a lo que estamos atravesando hoy”. “Llegamos a un cierre del 2022 con un panorama mucho más complejo que con el que arrancamos, teniendo en cuenta todo lo que pasó, pero que también hay 4 o 5 vivos que se la siguen llevando en pala y no les afectó nada. Queremos ver que se cumpla lo que prometió el Gobierno Nacional, empezar por los últimos para llegar a los primeros”, destacó la dirigente.

RACCONTO 2022, DE CARA AL 2023

En calidad de balance, Rinesi recordó que “despedimos un 2022 muy convulsionado, con un intento de magnicidio, un atentado contra la vida de CFK que ella misma ha definido como una ruptura del pacto democrático y eso es gravísimo y nos lleva a pensar en el año que viene y en los años que vienen en la reconstrucción de una base de consensos en nuestra sociedad sobre las formas de hacer política y en los meses posteriores, fue Cristina quien terminó de evidenciar el funcionamiento corporativo de lo que ha denominado como una mafia que construyó un estado paralelo donde determinados sectores e intereses que tienen cooptadas algunas instituciones del Estado y utilizan los medios como herramientas de construcción de sentido, para mentir y obturar políticas del Estado que busquen garantizar derechos para la sociedad”. “Pensar el desafío para el año que viene y los que vienen no es solamente pensar el año electoral -porque esto es mucho más grande que eso- es pensar cómo fortalecemos nuestra democracia y nuestras instituciones y la capacidad de nuestro pueblo de poder definir políticas y estrategias que busquen garantizar la construcción de nuestra comunidad y la defensa de nuestros derechos y para eso queda mucho trabajo por delante que tiene como base la transparentación de estos mecanismos, evidenciarlos, y seguir discutiéndolo como pueblo para ver cómo muchisimos derechos que se buscar garantizar se vieron luego trabados por decisiones de un juez o un tribunal, definiciones tomadas a espaldas de la gente, donde se enciende una alarma que muestra que no puede seguir ocurriendo, porque se opone a la construcción de un país más justo”, reflexionó.

DE LA EMERGENCIA AL DESARROLLO

Es claro que varias de las medidas sociales y económicas que se tomaron en el último tiempo permitieron transitar el momento adverso que encaró la sociedad argentina, entre las consecuencias derivadas de la pandemia, la experiencia neoliberal y el contexto global que trazó -en parte- la guerra entre Ucrania y Rusia. Así, empero, quienes recorren los territorios barriales reconocen que las políticas sociales no han sido diseñadas con especificidad, por la necesidad de focalizar la perspectiva desde aquellas realidades.

Sin duda una de las claves reside en el empleo, así como articular los diferentes sectores laborales, desde el privado, pasando por el estatal y la economía popular. Sin la posibilidad de encontrar respuestas obvias, y sin negar las tensiones sobre la articulación de las diversas miradas ideológicas, la discusión comenzará por qué se prioriza y dónde terminará el presupuesto del Estado. Teniendo en cuenta que las experiencias que fueron impulsadas por la teoría smithiana del “derrame de la copa” no sólo no tiene posibilidades en un país como Argentina, sino que ya mostró su fracaso con consecuencias trágicas, que hasta el día de hoy se siguen pagando.

Es menester ir en búsqueda de inversiones que apunten al desarrollo humano integral, que acote la brecha de desigualdad existente y que garantice derechos. Es una deuda pendiente la creación de puestos de trabajo que además aporten a transformar la realidad de los territorios, y que es necesario además hacerlo con una perspectiva de género y sobre las juventudes atendiendo en cuenta que los niños y niñas, los y las jóvenes y las mujeres son los primeros caídos del sistema. Sobran motivos para pensar que es posible otro modelo económico “consumocéntrico” y que eleve la calidad de vida y el desarrollo humano. Al menos debe comenzar ese debate. Sin trabajo no hay dignidad posible. Sin trabajo no hay futuro posible. La inversión y el presupuesto deberán destinarse a políticas sociales deconstruidas que prioricen el crecimiento y la proyección del empleo, la educación y la economía popular.