El riesgo país queda en el centro de la escena financiera luego de quebrar el piso de los 500 puntos básicos y ubicarse en 496 unidades, un nivel que no se registraba desde junio de 2018. La baja se da en un contexto de mejora en la cotización de los bonos soberanos y reaviva las expectativas en el mercado, que sigue de cerca la posibilidad de un regreso gradual de la Argentina al financiamiento internacional.
En Wall Street, los títulos de deuda operan en alza y comprimen los diferenciales de tasa, lo que empuja al indicador que mide el JP Morgan. En ese marco, el antecedente inmediato de Ecuador, que salió a colocar deuda tras un recorrido similar del índice, es leído por los operadores como una señal que vuelve a poner a la Argentina en el radar, aunque con cautela.
Uno de los factores que explica la baja del riesgo es la política de compras de divisas del Banco Central. En la jornada previa, la autoridad monetaria adquirió 39 millones de dólares y llevó el total acumulado a más de 1.017 millones desde el inicio del nuevo esquema cambiario. Ese volumen representó el 11,3% de lo operado en el mercado, muy por encima del nivel de referencia informado por la propia entidad.
El clima financiero también se refleja en la renta variable. El S&P Merval sube con fuerza y marca su nivel más alto en casi un año, con alzas lideradas por acciones del sector energético y financiero. En Nueva York, los ADRs argentinos acompañan la tendencia, con subas destacadas en Cresud, BBVA Argentina, Telecom e YPF.
En paralelo, el Tesoro avanza con una nueva licitación de deuda en pesos para afrontar vencimientos por 9,5 billones de pesos. La estrategia vuelve a poner el foco en el nivel de rollover que logre el Gobierno, en un escenario donde la caída del riesgo país aparece como una señal positiva, aunque todavía frágil, para la sostenibilidad financiera.