Nicolás Tereschuk: “No estamos muy a la izquierda ni muy a la derecha: estamos muy lejos”
En su nuevo libro, "Progres del mundo", Nicolás Tereschuk analiza el avance global de las derechas radicales y los debates que atraviesan a las fuerzas progresistas. ¿Se corrieron demasiado a la izquierda, fueron demasiado moderadas o dejaron de construir comunidad?
Nicolás Tereschuk es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires y magíster en Sociología Económica por la UNSAM. Docente en la carrera de Ciencia Política de la UBA y en la Maestría en Políticas Públicas de FLACSO Argentina, dirige el Instituto Argentina Grande y se especializa en desarrollo económico, industrialización y sistemas políticos.
En Progres del mundo, su último libro, propone una lectura global para entender el momento argentino: el ascenso de las derechas radicales, la desorientación de los sectores progresistas y el debate —ideológico y organizacional— sobre cómo reconstruir mayorías en un contexto de malestar, fragmentación y cambios acelerados.
A partir de una lectura comparada que va de la Argentina a Estados Unidos, el politólogo pone el foco, en una entrevista exclusiva con Política Argentina, en el malestar social, la “política chatarra” dominada por encuestas y algoritmos, y la necesidad de volver a organizar comunidades reales. Sin abandonar valores como la democracia y la justicia social, plantea que el desafío no es tirar banderas, sino aprender a escuchar, adaptarse a un mundo que cambió aceleradamente y reconstruir mayorías desde abajo.
- ¿Por qué este libro ahora?
El libro es una forma de compartir lecturas de los últimos dos años con lectores argentinos que no están de acuerdo con lo que está pasando con este gobierno, no están de acuerdo con el enfoque que tiene Javier Milei y se sienten desorientados, frustrados y enojados. Eso está pasando en este momento en muchos lugares del mundo. Estas derechas radicales son un movimiento global, que tiene manifestaciones locales y también eso hace como un espejo con quienes se oponen. Entonces se está dando una situación, y eso quiero compartir con los lectores, de política local en muchos países del mundo que antes no se parecían a la política argentina y hoy podés encontrar muchos puntos de contacto. Esa es la primera lectura, contarle al lector que está siendo parte de algo global. Y la segunda lectura, algo que no está dicho, es ir encontrando en ese texto las cuestiones locales que uno siente que están pasando. Cuando yo cuento lo que pasa en otro lugar, uno puede decir “ah, esto es parecido a este fenómeno que veo acá”. Y esa es una lectura que está en la cabeza de cada lector y que cada uno la va a tener que ir completando.
- Frente a ese panorama, ¿el progresismo tiene un problema ideológico o de organización?
Lo que trato de hacer en el libro es recorrer qué dicen estos sectores. Yo le pongo la etiqueta progre pero son opositores a este movimiento de derecha radical. Y se juntan en un punto en el que son fuerzas políticas que están en el marco del capitalismo, quieren democracia y quieren también algo de justicia social. Están en esa triple intersección, que hace que sean fuerzas políticas que se parecen aunque sean diferentes. Cuando escuchas lo que dicen, los debates que están teniendo, son muy similares.
- ¿Qué tipos de debate?
Algunos consideran que la dificultad en la que están estas fuerzas políticas es que se fueron demasiado a la izquierda. Eso que escuchamos aquí de “nos pasamos tres pueblos” con algunas cosas donde aparece muy fuerte una palabra no dicha, pero que está en lo que pasó con el movimiento de mujeres, con cuestiones ambientales, con las cuestiones de las poblaciones que son inmigrantes o que no son las hegemónicas en un territorio. Entonces hay algunos de estos “progres en el mundo” que dicen: nos quedamos con estas agendas particulares de estos grupos y nos olvidamos de otras. Porque la otra pregunta es por qué perdimos el votos del trabajador. Pero hay otros grupos de “progres en el mundo” que dicen otra cosa.
- ¿Qué dicen?
Que nos volvimos demasiado conservadores, que le cambiamos poco la vida a la gente, que fuiste muy tibio. Que, en un contexto de desigualdad y de creciente distribución inequitativa de la riqueza, no salimos a cobrar los impuestos que hay que cobrar para equilibrar la cancha con los súper millonarios que se están haciendo cada vez más ricos, por ejemplo. O que no fuimos a trabajar para que los servicios públicos de los trabajadores sean mejores, para que levanten un poco los sueldos mínimos. Esos están diciendo lo contrario: que nos fuimos muy a la derecha. Y hay otros en el medio que dicen que hay que imitar lo que hacen las derechas radicales. Eso sería como el debate ideológico.
- ¿Y el otro debate?
Hay una parte de la biblioteca, un poco más pequeña pero que a mi criterio está creciendo, que no es tanto si nos fuimos a la derecha o a la izquierda, sino que tenemos un problema de cómo nos organizamos. No estamos ni muy a la izquierda ni muy a la derecha, sino que estamos muy lejos, estamos muy por arriba . Que dejamos de hacer lo que la política hacía anteriormente que era estar en las comunidades, en las conversaciones de nuestros vecinos, de los compañeros de trabajo, de las personas que están con nosotros en la escuela, en el club, en el barrio. Dejamos de encontrarnos ahí con otros. Hay todo un debate sobre el tema de la comunidad, de cómo muchos piensan que estamos en distintas partes del mundo viviendo una especie de epidemia de aislamiento y soledad, donde lo comunitario y verse cara a cara y encontrarse está cada vez más complicado. Entonces de lo que se trata es de recuperar cosas que la política hacía antes.
- ¿Qué tipo de cosas?
Estar en el lugar, por ahí no hablando de consignas, pero sí haciendo cosas con la gente. Y hay muchos que están pensando eso y yo personalmente creo que ahí hay una clave. Creo que en esa biblioteca de izquierda a derecha hay buenos argumentos en las dos, por ahí están mezclados. Yo tengo mi opinión personal, pero expongo los argumentos porque no son argumentos sonsos, hay buenos argumentos en los dos y creo que en esto de lo organizacional hay una clave de cómo salir hacia adelante. En esta mirada más organizacional algunos dicen que la política se vació de gente, de comunidades y se fue supliendo con ciertos dispositivos que convierten a la política en política chatarra, al mismo nivel que la comida chatarra.
- ¿En qué sentido “política chatarra”?
En el sentido de que se fue supliendo la cuestión más orgánica de la organización con hacer encuestas, grupos focales, pautado en redes y cuestiones digitales. Y donde se da un vínculo cada vez más transaccional que es solamente en el momento de la elección, pero que no llega a incluir a la gente, que la gente pueda participar, que pueda sentir que la vida de todos se transforma un poco cuando hay una apertura o una participación política. Entonces, creo que ahí también hay algo de aprendizaje para estas fuerzas políticas progresistas mirando estas derechas radicales. Y es lo siguiente: si bien yo creo que es un tipo de movimiento que se inyecta de arriba hacia abajo, del centro a la periferia, sí es cierto que genera comunidades. Comunidades que lamentablemente son negativas, son comunidades de miedo y de odio a lo diferente. Pero no dejan de ser comunidades con personas reales que están participando de esos discursos y de esas formas de vincularse. La pregunta es cómo organizamos comunidades positivas que se vinculen y se orienten hacia otros sentimientos que no sean el odio y el miedo. Que los hay y que son muy positivos y necesarios.
- En este contexto, ¿hay banderas del progresismo que perdieron vigencia?
Es una buena pregunta. Creo que, volviendo a lo que decía, no se trata de tirar banderas, sino cómo se busca estar en una conversación y en una vinculación más cercana con la sociedad, donde esas banderas puedan ir encontrando a veces su justo punto o se pueden adaptar. Muchas veces la política, la acción política, es local. Y cada una de esas comunidades vive y siente las prioridades y las formas de hablar de las cuestiones de distinta manera. Te pongo un ejemplo. En esta desorientación grande que tenemos estos progres del mundo estuvimos todos viendo a este nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Que tiene un discurso que uno podría decir muy de izquierda, redistribuir fondos cobrando impuestos a los más ricos de la sociedad para volcarlo a servicios públicos. Hay una primera reacción en muchos lugares que es querer imitar eso, que es parte de la desorientación que hay. Nunca me imaginé que el peronismo argentino iba a estar viendo qué pasa con un alcalde de Nueva York, pero eso pasó en todas partes del mundo. Y por ahí no se veía que al mismo tiempo había una elección para gobernador en otro estado de Estados Unidos, donde el discurso de ese mismo partido era diferente, porque se adaptaba a esa otra comunidad que no es Nueva York.
- ¿Qué podemos sacar como conclusión de eso?
Quizás tengamos que pensar que somos muchísimos que compartimos los mismos valores, muchísimos que podríamos ser una mayoría y tenemos que ver cómo priorizamos las cuestiones y qué creemos de las personas. Qué creemos del ser humano, de las comunidades, de lo que es ser una persona buena, de qué es lo que mejora nuestros barrios, qué nos mejora nuestras ciudades. Quizás ahí hay un montón de coincidencias, pero distintas formas de expresarlo en cada lugar. Muchas veces las hay. Pasa en Estados Unidos, en la Argentina, en regiones enteras que están vacías de referentes que hablen de otra manera. Hay provincias, ciudades, donde parece que hay una única forma de pensar pero en realidad es que no hay alguien diciendo algo distinto, que las cosas pueden ser de otra manera, que hay una parte de razón en las otras posiciones y que se puede conversar a partir de eso.
- ¿En qué se puede ver eso?
Cada uno está muchas veces dentro de su propio algoritmo, pensando que el otro es muy diferente a mí pero en realidad no lo es tanto. Lo vimos cuando se condensaron ciertas protestas en Argentina a partir de las multitudinarias movilizaciones universitarias, donde había personas con distintas orientaciones políticas, pero que estaban coincidiendo en ciertos valores que no estaban dispuestos a negociar. Es gente de distintos lugares, que votan a distintos partidos y sin embargo salieron a la calle y se movilizaron por algo. Lo mismo pasó con esta manifestación que se llamó antifascista, cuando las comunidades LGTBI se vieron agredidas por un discurso del presidente. Estoy seguro que ahí había distintos votos pero había algo que había sido tocado.
- ¿Eso qué significa?
Yo no creo que haya banderas o ideologías que tirar. Pero sí que calibrar, adaptar y entrar en una conversación distinta, más abierta, donde probablemente la dirigencia tenga que perder un poco el control de ciertas conversaciones y tenga que perder un poco el control de ciertas cosas. Eso creo que en cada ciudad y provincia argentina puede ser diferente. Muchas veces ha sido así, incluso en gobiernos nacional y populares en los que no se pensaba lo miso en un municipio del Conurbano que en una provincia del Norte pero las dos terminaban votando lo mismo.
- ¿Y cómo es esa adaptación?
Esa es una discusión que hoy está acá, pero que también está en muchos lugares del mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos hay estados donde parece ya muy difícil que vuelvan a votar al Partido Demócrata. Estados que antes sí los votaban. Y lo que sucedió es que los demócratas no están en esa conversación. Ahora están empezando a recuperar algunos de esos lugares, pero no bajando las banderas ideológicas, los valores, las prioridades. En todo caso contándolas, priorizándolas o subrayándolas de manera diferente según quién vive en cada lugar. Entonces, no va a ser lo mismo Nueva York, Buenos Aires, Texas o Salta.
"Yo no creo que haya banderas que tirar. Pero sí que calibrar, adaptar y entrar en una conversación más abierta". Nicolás Tereschuk
- ¿Qué le está faltando al discurso progresista para volver a convocar?
Estar más abierto a escuchar. A escuchar y en ese escuchar afinar el oído donde haya cosas que no nos va a gustar escuchar. Yo creo que hay un gran malestar en estas sociedades. Está presente un gran malestar. Ese gran malestar sigue, no se resolvió con la solución fácil que plantean estas derechas radicales. En general, estas derechas radicales están planteando: tomo tu malestar, está presente, lo potencio con estos sentimientos de odio y miedo. Señalo cuáles son los culpables de esta situación de malestar, los señalo con nombre y apellido. En algunos lugares son los inmigrantes, en otros los planeros, los piqueteros, las mujeres que se movilizaron. Y a eso se le agrega una receta muy fácil. En Estados Unidos será “voy a poner tarifas a las importaciones y se va a arreglar todo”. En Argentina será “voy a recortar el gasto público, reducir el déficit y se soluciona todo”. Esto tiene las patas cortas y es muy inestable.
- ¿En qué sentido inestable?
Creo que aparece, y va a seguir apareciendo, el caso de Estados Unidos. Apareció muy rápidamente la caída en la popularidad de Trump y el ruido en no encontrar soluciones a los problemas que había. O sea que el malestar va a continuar y las preguntas van a continuar, los debates van a continuar. El tema es cómo estas fuerzas que quieren volver a gobernar se conectan con esos debates y esas conversaciones. Donde quizá tengan que escuchar más y hablar menos, quizás tengan que escuchar de otra manera, traducir lo que están escuchando de otra manera. Quizá tengan que encontrar otras palabras, como te decía, para hablar de los mismos valores. Sí creo que, bajo ningún concepto, tienen que negociarse los valores. Porque esos valores son los que los constituyen y están mucho más presentes en las sociedades de lo que creemos. Pero están cruzados por ese malestar, por la confusión, por los algoritmos, por los problemas de salud mental, por la desconfianza y el aislamiento.
- Entonces, ¿cuál es el trabajo que hay que hacer?
Hay una tarea de volver a crear ámbitos comunitarios donde encontrarse. Porque para escucharte te tenés que encontrar en algún lugar también. Y cómo se vuelven a crear esos ámbitos para armar nuevamente esas conversaciones y que se pueda ver que no somos tan diferentes, que los varones y las mujeres no son enemigos, que los que viven en el Conurbano y los que viven en el interior tienen las mismas necesidades y tienen los mismos sueños y muchas veces tienen las mismas formas de priorizar sus problemas. El tema es cómo se está más a la par de eso, cómo se plantea una apertura mayor, cómo se deja hablar más a esas comunidades, expresarse más y encontrar ahí. Y eso va a ser tarea de dirigentes también, de dirigentes que puedan ordenar eso, esas conversaciones, esas prioridades, esas formas de hablar, esas formas de decir que estén acordes a nueva situaciones que se están dando en el mundo.
- ¿Adaptarse a un mundo nuevo?
Creo que lo que estamos viendo los últimos años muestra que, probablemente, el mundo cambió. Yo voy a cumplir cincuenta años, los últimos cinco años cambió más que los últimos cincuenta. Y te diría que los últimos dos años cambió más que los últimos cinco, en términos tecnológicos, geopolíticos, laborales, de relaciones humanas, de cómo se organizan las familias, de cuáles son las expectativas de los jóvenes. Son cambios muy acelerados. Entonces es una doble tarea la de encontrar esas formas de dialogar y de escuchar.