En la votación general del proyecto —que incluía la reforma laboral dentro de la denominada Ley Bases— el resultado fue 42 votos afirmativos contra 30 negativos. Allí, ambos legisladores santacruceños se pronunciaron en contra y se sumaron a los 33 votos de Unión por la Patria y al de Martín Lousteau. Ese escenario derivó en un empate 36 a 36 que obligó a la vicepresidenta Victoria Villarruel a desempatar a favor del oficialismo.
Sin embargo, al comenzar la votación en particular, artículo por artículo,
Natalia Gadano y José María Carambia abandonaron sus bancas. La ausencia no fue un dato menor: al reducir el número total de senadores presentes de 72 a 70, modificaron la matemática parlamentaria y permitieron que el oficialismo aprobara los artículos laborales con 35 o 36 votos, sin necesidad de alcanzar los 37 que hubieran sido imprescindibles con el pleno completo.
La estrategia impactó directamente sobre los 23 artículos que constituyen el corazón de la reforma laboral, desde el blanqueo de empleo no registrado hasta la creación del Fondo de Cese Laboral, la ampliación del período de prueba y los cambios en el régimen de indemnizaciones. En los registros oficiales figuraron como ausentes en cada una de esas votaciones, pero en los hechos su retiro resultó funcional a la aprobación del paquete impulsado por el Gobierno nacional.
Así, mientras en los papeles sostuvieron un “no” político en la votación general, en la práctica facilitaron que avanzara una reforma que flexibiliza derechos laborales y altera el esquema de protección vigente. La maniobra dejó en evidencia una vez más el peso de las ausencias estratégicas en un Senado donde cada voto —o cada banca vacía— puede inclinar la balanza.