En las últimas horas, la cuenta verificada de KM Uno – Kilómetro Uno Viajes publicó un mensaje en el que se preguntaba: “Paro el Jueves ?”, “No hay otro método?” y remataba con un tajante “Digamos BASTA. La resistencia esta en las urnas; no en los sindicatos”. La firma pertenece a Luis Paretti, empresario que quedó mencionado en el entramado que investiga la Justicia en el llamado “caso Chocolate”.
El posteo de KM1 no fue gratuito. Generó muchas reacciones en su contra. Entre los comentarios más respaldados apareció el de una usuaria que le recordó que “Está establecido en la Constitución Nacional el derecho a Huelga, todos los derechos se ganaron saliendo a la calle a luchar por ellos. Saludos”. La intervención sumó cientos de adhesiones y expuso el malestar frente a un discurso empresario que deslegitima una herramienta histórica de los trabajadores.
Otra respuesta subrayó que “La resistencia está en todos y cada uno de nosotros, en todos los lugares y en todas las formas que se planteen. La sindicalización con sus defectos permite reunirnos y agruparnos por nuestros trabajos, solos sin organización perdemos poder de lucha y de reclamo”. El planteo apuntó al corazón del debate: la organización colectiva como garantía de derechos frente al poder económico.
Incluso hubo quienes señalaron la contradicción de que el mensaje proviniera de un empleador. “Dicho por un jefe !!!”, escribió otra usuaria, en una frase breve pero contundente que sintetizó la tensión entre la mirada patronal y el derecho a la protesta.
Hay que recordar la doble moral en torno a Paretti. Es que una investigación periodística sobre “la mansión maldita” en el lote 13 del exclusivo Miralagos Club de Campo y Spa habria aportado las primeras pistas sobre la posible ruta del dinero que movía Julio Segundo “Chocolate” Rigau. Según la causa, el puntero operaba con 48 tarjetas de débito y extraía hasta $30 millones mensuales, fondos que, de acuerdo al expediente, rendía al entonces funcionario Claudio Albini.
El caso expuso un sistema aceitado de contratos y derivó en sospechas de lavado a través de movimientos inmobiliarios en barrios cerrados de alta gama.
En tribunales, a Albini lo apodaron “El Fantasma” porque no figuraban bienes a su nombre cuando se entregó, pese al volumen de dinero que circulaba en la maniobra.
En ese contexto, el discurso empresario que demoniza la protesta sindical y reduce la discusión política al terreno electoral contrasta con las preguntas que aún esperan respuesta sobre el circuito del dinero y las responsabilidades en una de las tramas más escandalosas de la política provincial reciente. Mientras algunos señalan el paro como problema, la sociedad todavía exige claridad sobre quiénes se beneficiaron con un esquema que vació recursos públicos.