Pakistán declaró que se encuentra en "guerra abierta" con Afganistán, tras una escalada de ataques cruzados que incluyó el primer bombardeo pakistaní sobre Kabul en la historia. El detonante inmediato fue una serie de ataques del Tehrik-e-Taliban Pakistan —el Taliban pakistaní, conocido como TTP— lanzados desde territorio afgano, que mataron a decenas de militares y civiles pakistaníes en los días previos.
La escalada convierte a Pakistán, un Estado nuclear, en el centro de un conflicto que involucra a cuatro países: India, Afganistán, Arabia Saudita y China, y que se desarrolla en paralelo a la guerra en Medio Oriente, sin recibir casi cobertura internacional.
La lógica del conflicto: décadas de complicidad y traición
El conflicto Afganistán-Pakistán tiene una historia larga y contradictoria. Pakistán ayudó a crear el Taliban afgano en los años noventa y lo respaldó durante dos décadas de ocupación occidental. Cuando el Taliban retomó el poder en Kabul en 2021, Islamabad lo celebró. Pero desde entonces, los ataques del TTP —el Taliban pakistaní, ideológicamente afín pero políticamente separado— se multiplicaron desde territorio afgano, y las relaciones entre los dos gobiernos se deterioraron de forma acelerada.
El grado de complicidad directa entre el gobierno talibán y el TTP es disputado. En el mejor escenario, Kabul no puede controlar las actividades de grupos armados dentro de sus fronteras. En el peor, existe un grado de connivencia entre ambas organizaciones, que comparten ideología, etnia y cultura. A esa tensión se suma la expulsión forzosa de refugiados afganos desde Pakistán: unos 2,7 millones de afganos regresaron a Afganistán en 2025, lo que generó una presión adicional sobre el gobierno talibán.
El detonante: una mezquita, una base y Kabul bajo bombas
La secuencia que llevó a la declaración de guerra abierta comenzó el 6 de febrero de 2026, cuando un atentado suicida en una mezquita chií en Islamabad mató a 31 fieles. El ataque fue reivindicado por el Estado Islámico en Khorasan. Días después, nuevos ataques en las provincias de Bajaur y Bannu costaron más vidas. El 22 de febrero, Pakistán respondió con ataques aéreos en las provincias afganas de Nangarhar y Paktika, declarando que apuntaba a campamentos del TTP. Las autoridades afganas dijeron que los ataques mataron civiles, incluidos once niños.
El 26 de febrero, fuerzas afganas lanzaron una ofensiva transfronteriza sobre bases militares pakistaníes. Pakistán respondió al día siguiente bombardeando instalaciones militares en Kabul, Kandahar y zonas fronterizas. El ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Mohammad Asif, fue explícito: "La paciencia se ha agotado. Ahora es guerra abierta entre nosotros." El 16 de marzo, en plenas negociaciones, Pakistán atacó un centro de rehabilitación de drogas en Kabul. Con cientos de muertos reportados, fue el ataque más letal desde el inicio de la escalada.
Arabia Saudita, una bomba nuclear y un pacto inédito
El 17 de septiembre de 2025, Pakistán y Arabia Saudita firmaron en el palacio Al Yamamah de Riad el Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua, el primer pacto militar entre una potencia nuclear y un Estado árabe del Golfo. El texto establece que cualquier agresión contra uno de los dos países se considerará una agresión contra ambos.
El acuerdo fue impulsado por el creciente escepticismo saudí sobre la confiabilidad de Washington como garante de seguridad, especialmente tras la respuesta muda de Estados Unidos a los ataques hutíes sobre infraestructura saudí en 2019 y los recientes ataques iraníes sobre la mayor refinería del reino. Pakistán tiene históricamente desplegadas decenas de miles de efectivos militares en Arabia Saudita. El pacto añade una nueva capa a la estrategia de disuasión de Riad más allá del paraguas estadounidense. El analista Ian Bremmer señaló que el acuerdo podría alterar el cálculo de seguridad de India, especialmente si Arabia Saudita llegara a intervenir en defensa de Pakistán ante un conflicto.
China media, India condena, Trump apoya a Islamabad
India condenó las acciones militares pakistaníes con dureza. China buscó mediar: el canciller afgano se reunió con el embajador chino en Kabul el 4 de marzo para discutir la situación, y los cancilleres de ambos países hablaron por teléfono días después. Qatar, Rusia y Arabia Saudita también ofrecieron mediación, lo que incrementó paradójicamente la legitimidad internacional del gobierno talibán.
Trump elogió públicamente tanto al primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif como al jefe del ejército Asim Munir por combatir a las fuerzas talibanas, y respaldó la posición de Islamabad. Estados Unidos expresó apoyo a Pakistán contra los ataques del Taliban y dijo que seguirá monitoreando la situación de cerca. Ese respaldo se produce en un contexto en que Washington busca reposicionarse en Afganistán: semanas antes del inicio de la escalada, Trump había pedido recuperar la base aérea de Bagram, de la que se retiró en 2021.
Una guerra nuclear en el flanco equivocado
A nivel doméstico, las tensiones recurrentes de Pakistán con sus vecinos han sido utilizadas por el ejército para justificar su monopolio sobre la política exterior y de seguridad del país. El conflicto con Afganistán servirá como argumento para que el establishment militar consolide aún más su control.
El escenario que deja abierto este conflicto es el más peligroso de la región desde las guerras de Cachemira: dos países con capacidad nuclear —Pakistán e India— en tensión simultánea, con Pakistán además en guerra declarada con Afganistán y comprometido por un pacto de defensa con Arabia Saudita en medio de la guerra de Irán. Ninguno de estos frentes tiene una solución diplomática a la vista.