En la última jornada del mes, el dólar mayorista cayó $16 y se ubicó en $1.382, ampliando la brecha con el techo de la banda cambiaria hasta casi el 20%. La tendencia confirma un atraso del tipo de cambio en términos reales, en un contexto donde la inflación continúa elevada y erosiona la competitividad.
La dinámica se da en paralelo a una decisión clave del Banco Central de la República Argentina, que redujo los encajes bancarios en cinco puntos. La medida anticipa un aumento de la liquidez en pesos desde abril y modifica las expectativas del mercado, que comienza a recalibrar sus posiciones frente a un posible cambio de escenario.
En los mercados financieros, los contratos de dólar futuro operan con bajas y reflejan previsiones de estabilidad en el corto plazo, mientras los dólares paralelos —CCL, MEP y blue— también muestran retrocesos moderados. Sin embargo, detrás de esa calma persiste una mayor demanda de cobertura hacia el cierre del mes.
A pesar de que el Banco Central de la República Argentina acumula compras por más de u$s4.000 millones en lo que va del año, el ancla cambiaria empieza a mostrar límites. El sostenimiento del esquema depende en gran medida de la liquidación del agro, cuyo impacto podría diluirse hacia mediados de mayo.
Con tasas de interés en descenso y mayor circulación de pesos, el incentivo a dolarizar carteras vuelve a escena. El interrogante central ya no es la estabilidad actual, sino cuánto tiempo puede sostenerse un dólar atrasado sin generar nuevas tensiones en la economía real.