10.04.2026 / ECONOMIA

Todo mal: la soja se guarda, la industria se cae y el modelo Milei empieza a crujir por falta de dólares


Con productores que retienen granos y plantas trabajando por debajo de su capacidad, la agroindustria dejó de ser refugio. La caída del 8,7% en febrero confirmó un deterioro que ya lleva ocho meses consecutivos.





La industria volvió a mostrar números en rojo y profundizó una tendencia que ya no admite matices. Según datos del INDEC, la actividad se desplomó 8,7% interanual en febrero y cayó 4% respecto de enero en la medición desestacionalizada. Se trató del octavo mes consecutivo en baja, en un escenario donde el consumo deprimido, el crédito limitado y los salarios rezagados siguen ajustando la economía por cantidad.

Dentro de ese cuadro, la agroindustria encendió señales de alarma. El complejo sojero, históricamente uno de los motores de ingreso de divisas, empezó a mostrar signos de fatiga. En febrero, las plantas de molienda enfrentaron dificultades para conseguir materia prima, no por problemas de cosecha sino por decisión de los propios productores, que optaron por retener la soja ante la baja del dólar y la caída de los precios internacionales.

Ese comportamiento impactó de lleno en la actividad. Sin grano disponible, la molienda se frenó y la producción de aceite y harina —principales productos de exportación— cayó. A esto se sumó una menor importación temporaria desde Paraguay, mecanismo habitual para sostener el ritmo industrial cuando escasea la oferta local, lo que profundizó el cuello de botella en las plantas.

El parate también tuvo componentes coyunturales. Febrero contó con menos días hábiles por los feriados de carnaval y registró un paro sindical que paralizó puertos y fábricas durante varios días. En algunos complejos, la actividad efectiva se redujo a apenas dos semanas, lo que agravó una tendencia que ya venía debilitada.

Sin embargo, el trasfondo es más profundo. El aumento de costos en energía, combustibles e insumos comenzó a erosionar los márgenes del sector, mientras los precios de exportación no acompañan. En ese contexto, la retención de soja no aparece sólo como una especulación sino como una señal de desconfianza frente a un esquema económico que, aun con dólar en baja, no logra garantizar rentabilidad ni previsibilidad para sostener la producción.