10.04.2026 / NEGOCIOS

La remodelación del Luna Park fue frenada tras la presión de La Nación: que pasará con el negocio de Finkelstein


La Justicia porteña volvió a suspender las obras del histórico estadio y puso en jaque el megaproyecto impulsado por DF Entertainment y capitales internacionales. Detrás, la disputa por el negocio de los shows en la Ciudad.





El grupo La Nación logró un avance clave en la pelea por el control del mercado de espectáculos en la Ciudad de Buenos Aires. La Cámara en lo Contencioso Administrativo porteña ordenó frenar nuevamente las obras de remodelación del Luna Park, un proyecto impulsado por DF Entertainment, asociada a Live Nation y liderada por el empresario Diego Finkelstein.

La medida judicial revirtió la habilitación previa y se apoyó en los principios de prevención y precaución ante posibles daños irreversibles sobre un edificio con protección patrimonial. Los camaristas advirtieron que una eventual demolición parcial implicaría consecuencias definitivas, en línea con los reclamos de organizaciones como Basta de Demoler y el Observatorio del Derecho a la Ciudad.

El conflicto tiene un trasfondo económico directo. La Nación, que opera el Movistar Arena, había competido por la concesión del Luna Park pero quedó fuera cuando el Arzobispado de Buenos Aires eligió la propuesta de DF. El proyecto contemplaba ampliar un 53% la capacidad del estadio, incorporar áreas VIP, gastronomía y cocheras, con la ambición de organizar hasta 150 eventos anuales.

Sin embargo, la disputa judicial dejó en suspenso esa iniciativa y amenaza con hacer caer el contrato firmado con el Arzobispado. La causa volvió a manos de la jueza Natalia Tanno, que deberá resolver el fondo del asunto en un proceso que podría extenderse durante años, generando incertidumbre sobre el futuro del predio.

Así, más allá del argumento patrimonial, la decisión impacta de lleno en la competencia por el negocio del entretenimiento en la Ciudad. Con el proyecto frenado, La Nación gana tiempo y terreno en una pulseada donde se cruzan intereses económicos, regulaciones urbanísticas y el control de uno de los escenarios más emblemáticos del país.