El Gobierno nacional oficializó este miércoles el pago de un bono previsional de
$70.000 para
jubilados que perciben el haber mínimo y pensionados, que se mantendrá sin actualización pese a la inflación acumulada. La medida fue formalizada a través del Decreto 292/2026 publicado en el Boletín Oficial.
Con la actualización del haber inicial en línea con la inflación de marzo, que fue del 3,4%, las jubilaciones mínimas en mayo se ubicarán por encima de los $463.000, incluyendo el bono extraordinario que se liquida de manera mensual.
En ese esquema, se recordó que tras dos pagos de $55.000 al inicio de la actual gestión, el refuerzo fue fijado en $70.000 desde marzo de 2024 y se mantuvo sin cambios hasta la actualidad, abarcando también el mes de mayo de 2026.
El decreto también precisó que el bono será percibido por titulares de prestaciones contributivas de ANSES, beneficiarios de la Pensión Universal para el Adulto Mayor y pensiones no contributivas, y aclaró que no será alcanzado por descuentos ni computado para otros conceptos.
La confirmación del pago se da en paralelo a un escenario de deterioro del consumo masivo, que en marzo registró una caída interanual del 5,1% y acumula un retroceso del 3,1% en el primer trimestre, según un informe privado que advierte una tendencia negativa sostenida. Los datos muestran bajas generalizadas en supermercados, autoservicios y mayoristas, con caídas más pronunciadas en rubros esenciales como alimentos, bebidas y productos de limpieza, en un contexto de deterioro de los ingresos en amplios sectores.
Asimismo, la dinámica de precios, en especial en alimentos, suma presión sobre los ingresos: relevamientos privados detectaron subas marcadas en las últimas semanas de abril, con incrementos en panificados, lácteos y huevos que explicaron buena parte de la aceleración del rubro, que tiene alta incidencia en el índice general.
Consultoras estiman que la inflación del mes podría ubicarse entre el 2,4% y el 2,8%, más cerca del 3% que del 2% que proyecta el Gobierno, en un contexto donde
el comportamiento de los alimentos (sobre todo en comercios de cercanía) muestra mayores aumentos y limita la desaceleración del costo de vida.