Por
Sergio De Piero*
“Estoy dispuesto a morir, pero no a matar”.
Pronunciar esta frase en el contexto de la Argentina del año 1974, implicaba no solo consideraciones respecto de opciones personales, sino, y sobre todo, una definición política. La pronunció el padre Carlos Mugica, pocos meses antes de ser asesinado. Esta semana fue recordado por quienes militaron junto a él, por los que toman su mensaje como práctica e incluso fue oficialmente homenajeado por la presidenta de la Nación, al colocar un pequeña escultura con su rostro en la avenida 9 de Julio de la capital. Sus palabras y sus acciones en las décadas del 60 y 70, son ahora un símbolo, una memoria, que la sociedad argentina recupera para tener presente; para extraer de la historia que como sociedad hemos construido, símbolos de cuanto por el bien de la sociedad se puede hacer, y cuanto de despreciable, fue aquel acto de asesinarlo.
Loris Zanatta es un destacado historiador de origen italiano que como muchos europeos se sienten atraídos, como objeto de estudio, por el peronismo. Ha publicado varios y muy buenos trabajos al respecto. Sin embargo, el martes último, publicó en La Nación, una extensa columna donde hecha por tierra los finos análisis que realizó de la Argentina, el peronismo y la Iglesia en sus textos, para hundirse en un mar de adjetivos y espantos por el homenaje que ya mencionamos. Allí señala básicamente que el acto significó la fusión entre religión y política, lo que estaría demostrando que el proyecto de la “Nación católica” que el menciona en sus textos respecto de la década de 1930, estaría reviviendo. Que se impone desde el gobierno en la sociedad argentina un proceso de homogeneización cultural e identitario. Que quienes no adhieren al gobierno actual, ni siquiera tienen derechos. Por momentos uno cree estar leyendo el relato de la Marcha sobre Roma encabezada por Mussolini en 1922. Para que la lectura sea completa, agrega que los pueblos conocen muy poco de su propia historia, tarea que uno infiere sería patrimonio de la academia, para que se realice de manera “correcta”.
La mirada unidimensional de Zanatta, que tanto nos impide conocer en las ciencias sociales, le impide ver las transformaciones operadas en toda la sociedad argentina, que ha asumido el pluralismo y la convivencia como un signo de esta democracia. Una democracia fundada en la memoria, en el reconocimiento de los muchos y las muchas, que como Carlos Mugica, son símbolos de la búsqueda de un orden social más justo y fraterno.
*Politólogo (UBA/FLACSO)