Cristianos para el Tercer Milenio recibe con esperanzada alegría la Carta Encíclica Laudato Si’ de nuestro Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común, porque aborda el PROBLEMA GLOBAL de la Humanidad que en los últimos 200 años se ha dedicado a MALTRATAR a las personas y al ambiente, y propone que todos asumamos con urgencia un explícito compromiso personal y colectivo con las imprescindibles transformaciones que la gravedad de la situación reclama.
Cristianos para el Tercer Milenio se suma a la invitación papal que marca la imperiosa necesidad de reflexionar sobre la tragedia que está ocurriendo, tragedia que nos pone frente a la urgencia de promover una valiente revolución cultural que suponga el abandono de la indiferencia ante el drama humano y ambiental, y la construcción de una solidaridad universal nueva, ahora mismo y en todo el planeta.
"Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y El medio ambiente" (“Laudato Si” núm. 54).
Este sistema económico acumula un doble fracaso: ha globalizado la pobreza y también ha globalizado la indiferencia frente a los millones de personas pobres que no tienen acceso al agua potable, a los alimentos, al trabajo digno y padecen muertes y enfermedades evitables: el gemido de la hermana tierra se une al gemido de los abandonados del mundo.
Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana y de que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino una única y compleja crisis socio-ambiental”. Una tarea difícil y urgente que debe constituirse desde hoy en un compromiso irrenunciable para todos los cristianos y para todas y cada una de las organizaciones y estructuras que conforman Iglesia.
Se trata de evitar que la encíclica sea, como ocurriera con otros documentos, alabada de los labios para afuera, pero en los hechos, resistida y olvidada.
Para ello Cristianos para el Tercer Milenio entiende imprescindible que todas las organizaciones laicas independientes y toda La Iglesia misma, con sus estructuras religiosas, laicales y educativas comencemos ya mismo una extensa y permanente tarea de difusión, profundización y puesta en práctica de las ideas centrales de la encíclica.
Se trata de asumir, personal y colectivamente, la compleja tarea que Laudato Si’ demuestra como el único camino posible: erradicar el maltrato, la depredación y la violencia sobre las personas y el ambiente, naturalizadas por el modelo hegemónico de producción actual, y bregar por la aparición de una nueva ciudadanía respetuosa de la vida, inclusiva e integradora a imagen y semejanza de como Dios nos creó.