
El hecho era una formalidad jurídica de naturaleza envenenada. La consecuencia fue una manifestación inédita en la Argentina, por los canales a través de los que se realizó la convocatoria y porque no estuvieron involucrados en ella los ‘aparatos’ tradicionales que garantizan lo multitudinario: el movimiento obrero organizado y las representaciones territoriales de los partidos políticos tradicionales; la vieja y sólida representación analógica.
Con la fluidez digital, usando las redes sociales, y desbordando el poder formal,
una multitud estimada en 150 mil concurrentes (promediando los más optimistas y pesimistas cálculos) decidió acompañar a Cristina en su declaración ante el juez Claudio Bonadío por la causa que la involucra en relación a la venta de dólar futuro. Y asistió, bajo la lluvia, a un discurso de la ex presidenta que por el marco y el contenido obliga a prestar atención para leer las claves de la política a futuro.
Los modos de representación política 2.0 se entienden como una confluencia en el espacio público de las producciones del sistema mediático, del sistema político y del sistema social . Vertientes que se originan en lugares distintos respondiendo a la misma consigna y se hacen visibles cuando confluyen y se expresan. Su dinámica movimientista representa un desafío complejo para los anquilosados sistemas políticos tradicionales. Lentos de reflejos, no pueden contener la demanda de representación. 150 mil personas, como representación del sistema social, convocadas por mecanismos informales, expresión del sistema mediático apoyando a una presidenta reelecta, figura del sistema político, representan una nueva forma de espacio público.
Quienes culpen a Bonadío, o a Macri, de despertar a la bestia dormida aciertan en condenar la impericia pero erran en el hecho: la bestia dormida es la gente, no la ex presidenta
Si además asisten a un discurso en donde se los invita a transformar su disconformidad en reclamo transversal y ciudadano, si se los invita a la unidad en defensa de sus derechos amenazados, lo que se obtiene como expresión es un movimiento;
por edades y temática tiene más semejanza con la “marcha del 99 %” que interpeló a Wall Street en el 2008, o con los indignados españoles del 2011, que con los partidos tradicionales de la política argentina.
Este movimientismo 2.0 se presentó en sociedad con todos los ingredientes que tienen sus hermanos globales: prescindencia de las estructuras tradicionales, defensa de los derechos individuales y de la condición de ciudadanía, convocatoria reticular sin centro específico, llamamiento en nombre de la libertad y un liderazgo pop, inapelable que resulta envidiable en varios ámbitos que exceden la política.
Corren el riesgo de la subestimación aquellos que entiendan esta convocatoria como un coletazo de lo que fue el apoyo a una gestión de gobierno. No fue una multitud a la que le pusieron pausa el 9D y le dieron play este 13A. Aquello fue claramente una despedida, esto es a todas luces una bienvenida. También sobrestiman los dirigentes que quieren festejar la convocatoria en nombre del kichnerismo. Esa dirigencia está viciada de nulidad por muchos de los asistentes a la marcha que la responsabilizan, por su apatía y mezquindad, de la derrota sufrida en la segunda vuelta. Más cerca de la realidad está entender que esta convocatoria es la continuidad por otros medios de las expresiones micromilitantes que se desarrollaron entre la primera y la segunda vuelta y que dejaron a tiro de triunfo a una fórmula que en lo político ya estaba vencida
. Blogueros, vecinos, volanteros, timbreadores, grafitterosque desbordaron la representación tradicional en nombre de sus derechos. A esos interpeló Cristina. De ellos se olvidaron los partidos.
Quienes culpen a Bonadío, o a Macri, de despertar a la bestia dormida aciertan en condenar la impericia pero erran en el hecho: la bestia dormida es la gente, no la ex presidenta.
La víctima principal de la manifestación de ayer es el neoperonismo surgido como expresión amable de garantía institucional que descubrió que eran representantes sin representados. Porque lo que disputó Cristina es el copyright de la representación opositora, el de la gestión lo había ratificado en sus presidencias. Hoy quedó huérfano un peronismo de escritorio, con representación parlamentaria, que no puede garantizar la calle.
La idea de un Frente Ciudadano rompe con el Gobierno en lo conceptual, porque sobre ellos pesa la acusación de los efectos de las medidas tomadas, pero sobre todo rompe con la oposición en lo operativo, porque denuncia el grado de connivencia que en nombre de la institucionalidad están teniendo las distintas fuerzas con el oficialismo.
“No nos representan” era el grito de los indignados en la Puerta del Sol el 15-M de 2011. Tácita, hoy, la consigna atravesó toda la convocatoria.
Para el macrismo esto es más un desafío que una amenaza, si es que tiene la habilidad de no confundir lo primero con lo segundo. Queda a su alcance la decisión de construir pensamiento estratégico de gestión o seguir disputando el sentido común del comedor diario de la clase media. Porque la táctica que sirve para ganar no siempre, casi nunca, es la que permite sostener el poder.
Cristina barrió de la escena a la oposición. Le dijo a la sociedad: “esto es Macri o yo”. La tentación de ese binarismo táctico puede seducir a Macri a corto plazo pero lo puede condenar en el largo. El esquema de tierra arrasada y el modelo adversarial es un escenario que el kichnerismo entiende mejor que nadie. Vencer el canto de sirena del corto plazo y conquistar alianzas, que permiten escapar del “ella o yo”, es vital para entender las posibilidades de supervivencia del modelo que hoy gobierna.
No es el presidente el único que tiene que enfrentar decisiones difíciles. La ratificación del liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner no se proyecta, ni con la mejor voluntad transitiva, en lo que se ha denominado el peronismo kichnerista. Mirando la manifestación popular surge el dilema: con esto no alcanzó para ganar y sin esto no alcanzar. Esto abre la pregunta de si el espacio que la rodea cuenta con dirigentes a la altura de lo que representan o, todavía peor, si como el buen Sísifo el kichnerismo seguirá empujando la piedra de lo multitudinario sin poder ganar elecciones; fueron años en los que ha demostrado una notable incapacidad de capitalizar lo que genera.
Queda además por ver si estas conclusiones las hacemos sobre el lanzamiento formal de un nuevo frente o simplemente fue un desafío realizado en caliente. Con independencia de lo que vendrá, está claro el síntoma. La convocatoria masiva, las redes como modelo de comunicación y el desapego por las estructuras formales son un único signo que expresa una nueva forma de sentirse representados. La grieta, en todo caso, divide este movimientismo de todo lo que queda en el pasado.
La diferencia entre los modos de representación y lo que la gente necesita de la política es tan abrumadora como la distancia que hay entre lo analógico y lo digital. Después de lo de hoy, pensar en lo partidario es sepia. Se dio vuelta el reloj: el apagón analógico en inminente.