
Ya pasaron muchos días desde la fiesta Time Warp, en Costa Salguero, la fiesta que dejó un saldo de cinco muertos y varios heridos, y el tema sigue dando tela para cortar.
Todos opinan. En los medios, las redes sociales o en los colectivos camino a casa o al laburo. Ya todos saben qué es la “Superman” y que el marido de la vicepresidenta primera de la Legislatura, Carmen Polledo, es uno de los socios del lugar. Sin embargo, aún no hay consenso sobre la mejor manera de atacar esta problemática.
El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, anunció esta semana su voluntad de prohibir las fiestas electrónicas en su distrito hasta que estén legisladas.
Esta decisión probablemente no hará otra cosa que fomentar las ganas de muchos jóvenes de asistir a ese tipo de fiestas, ya que no es una novedad que la prohibición vuelve a lo ilegal interesante y siempre, pero siempre, en un marco de inseguridad para uno mismo o para terceros.
¿Qué mejor decisión para despertar el interés de un adolescente que decirle: “No, no podés”? Deseándolo sin premeditar el cómo el cuándo ni el dónde; el pibe lo quiere y lo quiere ya.
Vivimos en una sociedad de consumo desenfrenado, del aquí y ahora, donde el hoy ya suena a tarde. Las personas de estos tiempos necesitan el último celular, el último jean o zapatillas. Y en esa vivencia vertiginosa necesitan consumir algo que los lleve a más, a mucho más. Algo que los hagan trascender porque no pudieron con la foto del Instagram ni con su último estado de Facebook.
Es en esa desesperación de probarse a uno mismo, de obtener un poco más de esta vida material, algunas personas optan por probar sustancias, en este caso pastillas, de las cuáles generalmente desconocen su origen.
Vamos para adelante pero con cautela y haciéndonos responsables de la decisión que tomamos.
Al adolescente es importante hacerle ver que está entrando en un mundo de responsabilidades y consecuencias, hay que hacerlo sentir parte. Diciéndole “no, no podés” lo sometemos a nuestra decisión y no a la construcción de su propia voluntad. Lo dejamos inmóvil en su categoría de niño sujeto a nuestra voluntad sin importar el motivo.
Queda en claro entonces que la medida tomada por el Gobierno de la Ciudad no sólo es errada sino también improvisada y espasmódica. Y la respuesta del Estado debe ser de protección, de observador del cumplimiento de las garantías y derechos de las personas. Las fiestas que prohibís hoy son las que después se llenan de gente.
¿Acaso no es mejor hacerse un planteo serio acerca de las habilitaciones y permisos en la CABA? ¿O eso implica tocar demasiados intereses? ¿Qué hay detrás de este paroxismo estatal?
Por otro lado, se corre el verdadero eje de la discusión que son las drogas ilegales y su repercusión diaria en la vida de nuestros amigos, hermanos y conocidos.
La prohibición, como decíamos, hace todo más interesante. La desinformación: todo más peligroso. Además de un debate serio con respecto al narcotráfico y la amenaza constante a nuestros pibes, necesitamos un planteo de reducción de riesgos y daños acerca de las drogas ilegales y su uso.
Tenemos que saber explicarles a nuestros pibes cómo deben cuidarse. Con esto no estamos diciendo legalidad,
estamos convencidos de que la droga es un problema serio, que precisa de la acción directa del Estado, pero también que penalizar al consumidor no es una respuesta adecuada.
Seamos orientadores.
Empoderemos a los adolescentes para que ante una situación de vulnerabilidad entre un monstruo como son los narcos y ellos sepan cuidarse a ellos y a su entorno. La experimentación es parte de la adolescencia. Pero la cautela es vital para que ellos vuelvan a casa después de ir a bailar.
El consumo de drogas ilegales existe, no es algo concerniente a la fe.
Hacerse el distraído no es una opción. No entender que el problema del Estado no es el consumidor sino el que hace el negocio es hacerse el distraído.
Marginar al consumidor en vez de mostrarle el camino también es hacerse el distraído.
Necesitamos un planteo serio de protección de quien decide consumir. Esto no implica alentarlo, es la misma discusión obsoleta del aborto.
La gente no consume más porque uno le explique cómo hacerlo de la manera más cautelosa y cuidándose. La elección del consumo está sujeta a muchos factores, sino realmente no sería un grupo tan marginal el que elige hacerlo.
Desconocer que muchas personas experimentan y que generalmente el pico es en la adolescencia es intentar tapar el sol con la mano.
Seamos realistas, entendamos la idiosincrasia de nuestra población y acompañemos al que tal vez no eligió el camino más sano o aconsejable. No lo dejemos a la deriva por el sólo hecho de consumir drogas ilegales, evitemos las muertes ridículas y guiémoslo en la búsqueda de ese sentimiento que tanto añora.
Hay amplias diferencias entre las drogas sintéticas y las naturales -por llamarlas de una manera-, entre el mecanismo de producción, los agregados (los que sabemos y los que no) y su posterior comercialización. Están documentados los efectos de placer y los nocivos o adversos de tal o cual sustancia, la dosis máxima, los antídotos, las pautas de alarma a tener en cuenta.
Material de conocimiento crudo sobra. Faltan agallas.
Enseñemos con información y no con la prohibición. Empoderemos a nuestros pibes.
*Por Micaela Amor (residente de medicina familiar)