Juan Pablo Escola, segundo jefe del Escuadrón de Esquel, quien estuvo a cargo del operativo del 1° de agosto que culminó en represión a la comunidad mapuche Pu Lof de Cushamen y dejó como saldo, según los testigos, la desaparición de
Santiago Maldonado, aseguró que
"como jefe del operativo no vi nada. Nuestro espíritu de cuerpo es que cuando se cae un camarada, uno lo levanta, pero no se encubre un delito".
Respecto al paradero de Santiago Maldonado, Escola afirmó que
"no encontramos ningún indicio de que ese muchacho haya estado allí. Yo me pongo en el lugar de la familia y sé que es doloroso. Tengo tres hijos. Todos queremos que aparezca; entendemos que una persona no puede desaparecer y menos en estas circunstancias. Le garantizo, como declaré en el juzgado, que como jefe del operativo no vi nada".
En una entrevista brindada al diario La Nación, Escola manifestó desconocer lo que ocurrió con Maldonado y narró que él no llegó hasta el Río Chubut, donde se realizan rastrillajes desde el viernes,
"sino hasta el límite de una depresión en el terreno y desde allí ordené el repliegue del personal hacia la casilla de guardia, por riesgo a lesiones y agresiones. Ninguno portaba armas de puño; no todos tenían cascos o chalecos y sólo algunos llevaban bastones. Las dos Ranger y el Eurocargo nunca se movieron de la casilla. No podían descender hasta el río porque la depresión es muy abrupta y hubieran quedado empantanadas", aseguró.
El jefe del operativo señaló que
"no hubo contacto físico" entre los gendarmes y los manifestantes "primero, por la cantidad de piedras que lanzaban y que llevaban en morrales y, luego, porque ellos necesitaban tomar distancia para lanzarlas con sus hondas. Las postas de goma tienen un alcance no mayor a 15 metros y nosotros estuvimos por lo menos al doble de esa distancia".
Escola resaltó que
"no encubro delitos" y aseguró que los gendarmes "
vamos a cara descubierta, con el nombre estampado en el pecho y esta gente está encapuchada, es extremadamente agresiva y si bien eran pocos, el diámetro de las piedras arrojadas a mucha velocidad fue muy imponente. Hubo una correspondencia de delitos: interrupción de una ruta, atentado y resistencia a la autoridad, lesiones con triple fractura de pómulo en uno, y fractura e hundimiento de cráneo en otro. Nuestro deber era actuar, si no lo hacíamos, nos procesan".
En cuanto al acta labrada, el segundo jefe del Escuadrón de Esquel comentó que "
se debía consignar que en una de las mochilas encontramos una cédula chilena, tres teléfonos, dinero, un reglamento de guerra, con cuestiones técnicas y de instrucción. Eso me llamó mucho la atención. No es que estábamos ante manifestantes con reclamos sociales o salarial. Había bombas molotov, bidones de combustible, machetes, motosierras, pinzas para cortar metal. Y ahí nunca se trabajó la tierra".
Finalmente, sostuvo que
"todo lo que estamos viviendo es muy injusto. Llego un día a mi escuadrón y está la Policía Federal allanando. Nos secuestran todas las computadoras de la unidad, todos los celulares laborales y particulares, documentación, libros de guardia, cámara fotográficas, filmadoras, registros, que no han sido adulterados, verifican los vehículos. ¿Qué más quieren hacer? No tenemos nada que ocultar".