A diferencia de otras reuniones, la expectativa no giró tanto en torno al veredicto sobre la política monetaria sino sobre la conferencia de prensa posterior de Jerome Powell. El mandato del presidente de la Reserva Federal vence en mayo y le quedan apenas tres reuniones al frente del organismo, en un contexto inédito de presión política directa desde la Casa Blanca.
Desde el regreso de Donald Trump al poder, la figura de Powell quedó en el centro de una ofensiva pública que incluyó críticas abiertas, cuestionamientos a su gestión y hasta el impulso de una investigación judicial. La negativa del titular de la Fed a acelerar una baja agresiva de tasas tensó la relación y encendió alertas sobre un posible avance del Ejecutivo sobre la autonomía del banco central estadounidense.
En ese marco, los analistas coincidieron en que la Fed mantuvo sin cambios la tasa de interés. El sólido nivel de crecimiento, el bajo desempleo, la fortaleza de los mercados bursátiles y una inflación aún por encima del objetivo reforzaron la idea de una pausa. Incluso, se descontaron disidencias marginales dentro del Comité Federal de Mercado Abierto, limitadas a los sectores más proclives a una política monetaria expansiva.
La incógnita de fondo pasó por la sucesión de Powell. La conferencia de prensa podría ser la última sin un nombre definido para reemplazarlo, en medio de versiones sobre un inminente anuncio presidencial. Mientras Chris Waller y Kevin Hassett siguieron en danza, en Wall Street creció el consenso en torno a Rick Rieder, ejecutivo de BlackRock, como posible elegido de Trump.