El transporte público encabezó la lista de aumentos. En la Ciudad de Buenos Aires, el boleto de colectivo subió 2,8%, mientras que en la provincia el ajuste alcanzó el 4,5% desde el 1° de febrero. El boleto mínimo en territorio bonaerense pasó a $721,08 y los tramos más largos superaron los $980. En paralelo, el subte en CABA también registró una suba y el pasaje con SUBE registrada se ubicó en $1.336, en un contexto de tensión con el sector y negociaciones salariales aún abiertas.
Los alquileres volvieron a mostrar incrementos significativos, con un impacto desigual según el tipo de contrato. Aquellos que aún se rigen por la derogada Ley de Alquileres tuvieron un ajuste anual del 34,6% según el Índice de Contratos de Locación. En los contratos firmados tras el DNU, los aumentos trimestrales, cuatrimestrales o semestrales oscilaron entre el 6% y casi el 13%, lo que llevó los valores mensuales por encima de los $540.000 en muchos casos.
La medicina prepaga aplicó en febrero una suba de hasta 2,8% en las cuotas, que también alcanzó a los copagos. Las empresas informaron los nuevos valores a sus afiliados y el ajuste se sumó a una seguidilla de incrementos mensuales que, en los últimos dos años, reconfiguró el acceso al sistema privado de salud para amplios sectores de la clase media.
A estos aumentos se agregaron los de cable, internet y telefonía, con subas de entre 2,8% y 3,5%, y la puesta en marcha del nuevo Registro de Subsidios Energéticos Focalizados para gas y electricidad. El esquema buscó suavizar los picos estacionales, aunque dejó abierta la incógnita sobre el impacto final en las facturas. Así, febrero comenzó con un nuevo ajuste generalizado que volvió a tensionar el consumo y el poder adquisitivo, en un escenario donde la desaceleración inflacionaria todavía no se tradujo en alivio cotidiano.