La tensión escaló frente al Congreso cuando un grupo de manifestantes avanzó sobre el vallado dispuesto en las inmediaciones del Palacio Legislativo. En ese marco, efectivos de la Policía Federal y de Gendarmería formaron columnas de infantería para impedir el acercamiento a las rejas, mientras desde el Ministerio de Seguridad se ordenó activar el protocolo de dispersión con agua y gases.
Según informaron fuentes policiales, algunos manifestantes arrojaron botellas y palos contra los uniformados. La respuesta fue inmediata: chorros de agua a presión y lanzamiento de gases lacrimógenos para desarticular la protesta. También se observó el movimiento de efectivos motorizados reforzando la zona en un clima de creciente tensión.
En paralelo, se produjeron cuatro detenciones, entre ellas la de un menor que registraba un pedido de captura vigente. Los arrestos se concretaron en un control de la Policía de la Ciudad en la intersección de Avenida de Mayo y Santiago del Estero. Desde la fuerza señalaron que los operativos son “aleatorios” y que buscan detectar “elementos que puedan ser utilizados para cometer delitos o agresiones durante la protesta”.
La represión se dio mientras el oficialismo intenta reunir los votos necesarios para avanzar con una reforma laboral cuestionada por amplios sectores sindicales y sociales. Afuera, la calle volvió a convertirse en escenario de resistencia frente a un proyecto que, según denuncian, implica un retroceso en derechos conquistados.