
Ezequiel Kopel es periodista especializado en Medio Oriente. Nacido en Buenos Aires en 1978, vivió más de una década en la región - entre Israel, Cisjordania y Egipto -, donde construyó un vínculo directo con los conflictos que marcaron su trabajo y su mirada sobre el escenario regional.
Es autor, entre otros libros, de
La disputa por el control de Medio Oriente, donde aborda los principales procesos históricos y cuestiona las lecturas simplificadas sobre la región.
En esta entrevista con
Política Argentina, analiza el rol de Irán, la dinámica cambiante de las alianzas y las transformaciones recientes en Medio Oriente. Además, propone una lectura que desplaza el foco de la religión como explicación central y pone el énfasis en los intereses económicos, estratégicos y políticos que estructuran los conflictos.
¿Cuál dirías que es el error más frecuente con el que se interpreta Medio Oriente desde Occidente?
Creo que usar el comodín de que todo es culpa de las divisiones religiosas. Analizar desde esa óptica cualquier conflicto, que puede ser por causas económicas, disfuncionalidades propias de cada una de las sociedades. Si todo esto se puede explicar con el comodín de la división religiosa en Medio Oriente, lo que consigue en verdad es no poder analizar el problema. Porque
si todo es un conflicto religioso, si todo es una guerra a muerte, el que va a predominar es el que mata al otro. Porque donde prima la razón de las religiones no priman las explicaciones de los hombres. Ese es el error más frecuente. Por supuesto, sacar la religión de una región donde han nacido las tres religiones monoteístas también nos impediría entender algunas cosas. Pero me parece que es un comodín que intenta explicar todo y termina agarrando muy poco.
¿Qué significa Irán en Medio Oriente y qué lo distingue de otros actores como Arabia Saudita o Israel?
Irán es, por supuesto, un estado persa, no un país árabe. Vamos a decir también que tiene una larga historia de querer comandar la región. Es decir, no se ve como una especie de acompañante.
Los persas históricamente se han visto como un grupo que el destino los ha puesto para liderar una región en constante ebullición y en constante competencia. Decir que Irán es un país árabe es un error que se repite mucho. Y el actual estado de Irán puede rastrear sus orígenes en el antiguo imperio persa.
En los últimos años parece haber una reconfiguración en las alianzas. ¿Consideras que estamos ante un nuevo equilibrio regional o una situación de inestabilidad permanente?
Ninguna de las dos. Yo creo que las alianzas van cambiando muy rápido en esta región. Esta especie de enemigos jurados que duran para siempre tampoco está impreso en una roca.
Digamos que lo que más prima en esta región son los intereses. Los intereses van mutando, van cambiando. Estamos viendo hoy una configuración de alianzas por conveniencia en cuanto a la cuestión económica. Por ejemplo, a quién dejo pasar petróleo por el Estrecho de Ormuz y a quién no dejo. Por eso, ver las cosas tan fijas, pensar que se está creando un eje chino, ruso o iraní contra otro eje occidental, deja de lado que hay algunos actores en la región que no diferencian según tu color o tu religión, sino en qué confluyen los intereses. Entonces, me parece que eso es muy cambiante, es imposible sellarlo en piedra, y hoy en día algunos actores coinciden en sus objetivos, mañana puede ser otra cosa.
Decías que en la disputa por el control de Medio Oriente hay fuerzas impulsoras nuevas que reemplazaron a la ideología y a la religión. ¿Cuáles son?
Principalmente el nacionalismo. El nacionalismo, que es una teoría bastante contemporánea, surge hace más o menos un siglo y medio, por decirlo de alguna manera. Otro punto es la economía y, como decía antes, otra cuestión son los intereses. Me parece que usar el comodín de la religión para explicar todo no nos permite ver la imagen completa.
A mí me parece que, hoy en día, los intereses económicos o incluso, podemos decir, armamentísticos, militares, priman más que las confluencias religiosas.
¿Qué desenlace posibles ves hoy a la situación del enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán?
Creo que es muy difícil hacer futurología con lo que viene. Primero porque me parece que estamos ante un actor como es Donald Trump que, según su historia con respecto especialmente a Irán, siempre ha subido la apuesta. Por ejemplo, si uno repasa, en el 2018, la gente decía, va a cerrar el acuerdo, va a terminar con el acuerdo nuclear con Irán. Bueno, lo terminó. ¿Va a matar a Soleimani? Sí, mató a Soleimani. ¿Va a atacar Irán? Sí, atacó Irán. ¿Va a invadir Irán? Sí, invadió Irán. Entonces uno pensaría que va a subir la apuesta. Ahora, de alguna manera, uno cuando pone todos los jugadores en el tablero de ajedrez, Trump está haciendo cosas que de alguna manera están debilitando la estatura de Estados Unidos en la región. Al no proteger a sus aliados del Golfo, hacer cosas que económicamente lo terminan perjudicando y haciendo más fuerte a sus amigos circunstanciales. Hay muchas variables que, de alguna manera, nos hacen pensar que el futuro será bastante incierto.
Yo creo que si Irán logra una derrota por puntos - y esa derrota por puntos le permite mantener su sistema político, que los ayatolás y la Guardia Revolucionaria sigan el poder - esa derrota por puntos es de alguna manera una victoria.
Estamos viendo hoy una configuración de alianzas por conveniencia económica. Por ejemplo, a quién dejo pasar petróleo por el Estrecho de Ormuz y a quién no
Ezequiel Kopel
¿Qué sería un triunfo para Estados Unidos en este conflicto?
Es una buena pregunta.
Yo creo que primero habría que dictaminar si Estados Unidos está siguiendo sus objetivos o está siguiendo de alguna manera objetivos que fortifiquen la estatura de Israel en la región. Vamos a decirlo así: si el objetivo es, principalmente, ayudar a Israel en la región, me parece que el hecho de que Irán no tenga la capacidad de producir armas de destrucción masiva o incluso la capacidad de producir misiles - que en este momento es lo único que Irán tiene para contrarrestar el poderío israelí o estadounidense - sería una victoria parcial que podríamos adjudicar a Israel más que a Estados Unidos. Ahora, yo creo que si Estados Unidos logra cambiar el sistema de gobierno de Irán, es decir, que termine la República Islámica, podría decirse que podría ser una victoria circunstancial o parcial de Estados Unidos.
¿Por qué parcial?
Porque creo también que esa victoria o ese resultado habría que medirlo con los años, en las próximas décadas. Es decir, Estados Unidos ganó inapelablemente la guerra del 2003 contra Irak. Pero diez años después nació el Estado Islámico e Irak quedó como un estado tambaleante ¿Fue una victoria táctica o fue una derrota estratégica? Eso está por verse para mí porque Estados Unidos ha sumado muchas victorias tácticas pero también ha logrado muchas derrotas estratégica que se vieron con el tiempo.
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