Martín Baña: "La guerra en Ucrania cambió la forma en que el mundo piensa las relaciones internacionales”
El historiador y especialista en Rusia, Martín Baña, analiza las limitaciones de las categorías heredadas de la Guerra Fría para interpretar el presente, el giro conservador del régimen de Vladimir Putin y la forma en que el Kremlin reinterpreta el pasado soviético para construir una narrativa de Estado fuerte. El impacto de la guerra de Ucrania en las relaciones internacionales.
Martín Baña es historiador, especialista en la historia política y cultural de Rusia. Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA), se desempeña como profesor adjunto a cargo de la cátedra de Historia de Rusia en la Facultad de Filosofía y Letras de esa universidad, docente en la Licenciatura en Historia de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).
Sus trabajos se concentran en los vínculos entre política, sociedad y cultura en la historia rusa de los siglos XIX y XX. Autor de libros como Una intelligentsia musical. Modernidad, política e historia de Rusia en las óperas de Musorgsky y Rimsky-Korsakov, Todo lo que necesitás saber sobre la Revolución Rusa y Quien no extraña al comunismo no tiene corazón, Baña acaba de publicar Rusia hoy, un ensayo que busca ofrecer herramientas para comprender la trayectoria histórica y los dilemas contemporáneos del país que hoy ocupa el centro de la escena geopolítica mundial.
En esta entrevista con Política Argentina, el historiador analiza los límites de las categorías heredadas de la Guerra Fría para pensar el presente, el proceso político que consolidó el poder de Vladimir Putin y las formas en que el Kremlin reinterpreta el pasado soviético.
- ¿Cuán vivas siguen estando las categorías de análisis de la Guerra Fría para analizar a Rusia y a la política internacional en general?
Creo que están más presentes de lo que uno habitualmente piensa. Y eso se puso de manifiesto en varios eventos recientes. Por ejemplo, la aparición de la vacuna Sputnik V para combatir el COVID-19 y particularmente la invasión rusa a Ucrania, que ya lleva cuatro años. Tanto desde la izquierda como la derecha, muchas veces para analizar ese conflicto en vez de utilizar categorías propias del siglo XXI, o tratar de comprender ese acontecimiento a partir de lo que el acontecimiento iba desplegando, lo que se hacía era traer categorías heredadas del siglo XX. Particularmente de la Guerra Fría. Y tratar de reponer viejos enfrentamientos que tenían involucrada a Rusia porque el país formó parte de la Unión Soviética como representante de un sistema comunista que se habría enfrentado al capitalismo.
- ¿En qué consiste ese tipo de análisis?
Cuando empezaron a aparecer los análisis sobre la guerra, por ejemplo, desde el campo de la derecha se tendía a identificar a Rusia con el comunismo. Cuando ya sabemos que hace más de 30 años que el comunismo no existe más en Rusia. Pero había un énfasis muy fuerte en presentar a Rusia como el espacio del comunismo. Sin ir más lejos, el presidente (Javier) Milei sigue pensando que Rusia es comunista. También hay medios de comunicación, periodistas y comunicadores que describen a su presidente, Vladimir Putin, como una suerte de zar comunista, haciendo también una combinación de categorías que ya incluso exceden a la Guerra Fría.
- ¿Y en el caso de la izquierda?
También. Porque ahí lo que se veía en los análisis de izquierda era que Putin tiene un discurso contra Occidente, contra Estados Unidos en particular. Entonces, se hizo una asociación rápida pensando en que si hay alguien que habla en contra de mi enemigo es automáticamente mi amigo. La izquierda, o parte de la izquierda, solía apoyar a Putin y sus acciones sin entender o sin considerar varias de las cuestiones que Putin realiza dentro de Rusia, que está muy lejos de lo que se podría considerar un pensamiento de izquierda. Ahí me parece que esas categorías heredadas del siglo XX, particularmente de la Guerra Fría, donde se tendía a dividir el mundo en un campo capitalista y uno comunista, hoy están caducas y más que ayudar a entender el conflicto, lo obstaculizan.
- ¿Cómo caracterizarías el proceso que comenzó y que aún continúa a cargo de Vladimir Putin?
Efectivamente hay distintos momentos, en un gobierno tan extenso como el de Putin, que ya lleva prácticamente 26 años. Lo que se observa en los últimos años, yo diría a partir del 2012, es un proceso en donde el putinismo va volcándose cada vez más hacia la derecha y va volcándose más hacia, al menos en términos políticos, un gobierno que podríamos considerar dictatorial. Eso se ve, por ejemplo, en la limitación de derechos y libertades que viene habiendo en Rusia en los últimos años, también en la persecución a los opositores y prácticamente es imposible ejercer una crítica efectiva al gobierno de Putin. De hecho, el principal opositor, Alexei Navalny, fue encontrado muerto en la celda en la cual se encontraba el año pasado. Y toda una serie de leyes que apuntan a restringir esa acción de la oposición e incluso atacar a distintas minorías o distintos colectivos, como por ejemplo el colectivo LGBT. Hay una ley que sanciona lo que allá se llama la propaganda de relaciones no tradicionales, que es un eufemismo para no decir homosexuales. Entonces ahí se ve un componente conservador. También hay, por otro lado, un refuerzo muy grande del nacionalismo.
- ¿En qué sentido?
Esto se viene viendo cada vez con más fuerza en el putinismo, sobre todo expresado en una efeméride que hoy quizás es la más importante en Rusia, que es el fin de la Segunda Guerra Mundial, o Gran Guerra Patria como la llaman en Rusia. En esa fecha, el 9 de mayo, se impulsa a movilizar a la población en función de esa unificación en pos de un objetivo nacionalista y también con un refuerzo del tradicionalismo, el resurgimiento de ciertos componentes tradicionales en oposición a Occidente. La idea es que Occidente habría abandonado esos valores tradiciones vinculados, por ejemplo, a la familia tradicional. Entonces Rusia se colocaría como una suerte de guardián de esos valores ante un Occidente que no ha sabido conservarlos y más bien se encuentra en un momento de decadencia. Desde el momento en el cual empezaron a verse algunos elementos de crisis, sobre todo económica y social, esto es, a partir del año 2012, el putinismo fue virando hacia ese costado más de derecha, más tradicionalista, más conservador, y que se puso de manifiesto con mucha fuerza a partir de la invasión a Ucrania, donde prácticamente es imposible ejercer una crítica y donde el movimiento social está prácticamente o totalmente controlado, restringido.
"Las categorías heredadas de la Guerra Fría, dividiendo el mundo en un campo capitalista y otro comunista, están caducas y no ayudan a entender los conflictos". Martín Baña
- ¿Qué hizo Putin con el pasado soviético?
Es muy interesante la pregunta y muy compleja porque Putin, de alguna manera, intentó restaurar o resolver un problema que se había presentado en la década del ´90 y que habían resuelto relativamente rápido. Todo el pasado comunista, soviético, lo colocaron entre paréntesis. Ese pasado de 70 años de comunismo no había sido más que una suerte de interrupción de una supuesta historia lineal y normal dentro de la historia rusa. Y lo que viene a demostrar Putin es que no se pueden tirar 70 años de comunismo o de historia a la basura. El problema es que era una historia vinculada con el comunismo y con valores que, a priori, chocaban con el sistema capitalista que se había restaurado en Rusia a partir de 1991. Entonces, Putin y varios personajes vinculados a él, como por ejemplo el ex ministro de Cultura, Vladimir Medinsky, comenzaron una operación de rescate de ese pasado, pero un rescate parcial y muy selectivo.
- ¿De qué manera se hizo ese rescate parcial?
Primero se creó una historia rusa de más largo aliento, una historia rusa que para el putinismo tiene aproximadamente 1000 años, que comenzaría con la conversión del príncipe Vladimiro de Kiev en el siglo X al cristianismo y seguiría hasta la actualidad.
Entonces, en esos 1000 años habría distintos momentos de la historia, distintos sistemas. El zarismo, el imperio, la época comunista y ahora el capitalismo. Pero, a pesar de esas diferencias en cuanto a sistemas políticos y sociales, se trataría de la misma Rusia. Entonces, dentro de esa operación de construir una historia larga, obviamente forzando evidencias, interpretaciones (es muy polémico sostener que Rusia tiene una historia de 1000 años), se podría incluir el comunismo ahora, sin ningún problema. Ya deja de ser un paréntesis, pasa a ser un momento más dentro de esa larga historia.
- ¿Con qué objetivo?
Lo que se intenta rescatar de ese pasado comunista no es todo sino aquellos elementos que apunten a reforzar dos elementos que son centrales dentro de la constelación ideológica del putinismo. Por un lado, mostrar que Rusia tiene un peso importante a la hora de resolver cuestiones globales. Y, por otro lado, que el Estado ruso es un Estado fuerte y poderoso. Y cuando no hubo un Estado fuerte y poderoso, Rusia estuvo en problemas. Entonces, lo que se rescata de ese pasado soviético precisamente son aquellos elementos que apunten a reforzar o a mostrar esta idea de un Estado fuerte y poderoso.
- ¿Qué cosas de ese pasado comunista refuerzan esa idea?
Claramente no aparece la Revolución de 1917. Porque la revolución es un momento de interrupción de esa continuidad estatal, es un momento de debilitamiento de ese Estado, guerras civiles, invasiones extranjeras e incluso de pérdida territorial. Y, por el contrario, se rescatan otros momentos como, por ejemplo, quizás el más importante, que es la victoria sobre el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Pero también otros aspectos como la industrialización del país, el envío por primera vez en la historia de la humanidad de un satélite artificial, de un hombre y una mujer al espacio, que sucedió durante la Unión Soviética. Es decir, todos aquellos elementos de ese pasado soviético que apunten a reforzar esa grandeza. Putin entiende que eso no se puede dejar de lado, no se puede colocar dentro de un paréntesis, sino que hay que recuperarlo, pero se lo recupera dentro de esa visión más global, que formaría parte no tanto de los logros del comunismo, como del pueblo ruso. Entonces, ahí le permite reforzar esa idea e integrar elementos que de otra manera hubieran quedado afuera.
- ¿Y qué cosas quedan afuera, además de la Revolución?
Quedan afuera momentos de ese pasado soviético que apuntan a debilitar el papel del Estado. La Revolución es uno pero también otro muy importante es la perestroika. Los años de la década del ´80, bajo Mijail Gorbachev, porque nuevamente Putin entiende que es un momento de debilitamiento estatal y que no merece ser reivindicado como otros momentos dentro de la historia soviética.
- ¿Qué cambió a partir del 24 de febrero de 2022 con la invasión a Ucrania?
Cambió mucho, sobre todo para los ucranianos. Ya había conflictos, enfrentamientos, pero ahora se trató de una invasión a gran escala del territorio ucraniano y eso transformó radicalmente la vida, no solamente de las personas que vivían en la zona donde se encuentran hoy las fuerzas armadas rusas, sino también de todo el país. Hoy, por ejemplo, la capital de Ucrania, Kiev, sigue padeciendo cortes de energía y problemas vinculados a los distintos bombardeos que continuamente viene realizando Moscú. Al punto tal que ya algunos periodistas y escritores vienen hablando de una normalización de la guerra. La vida se estructura en función de una guerra que no parece terminar ni en el corto ni en el mediano plazo. De modo que hay un cambio drástico.
- ¿Y en Rusia?
Hubo cambios también sin dudas, porque supuso la movilización de recursos y también de personas para la guerra. Supuso la sanción de una serie de leyes, que como decía antes, limitan de una manera muy significativa la posibilidad de ejercer algún tipo de crítica al gobierno. Por ejemplo, hay una ley que prohíbe, como dicen allá, desacreditar el ejército o incluso decir la palabra guerra. En Rusia se habla de operación militar especial para referirse a la invasión a Ucrania. Si uno dice guerra, puede ser enjuiciado e incluso enviado a la cárcel. Y otra serie de cambios significativos dentro de la vida cotidiana. No tanto quizás en Moscú, la capital, donde la guerra quizás no se siente con tanta fuerza, pero sí en otras regiones de Rusia donde la movilización va a generar un impacto más importante.
- ¿Y en términos mundiales qué cambió con la guerra?
Uno de los cambios más significativos a nivel global, que me parece se está terminando de imponer, sobre todo en el último año, a partir del triunfo de Donald Trump, es un cambio en la concepción de las relaciones internacionales. Después de la Segunda Guerra Mundial había habido cierto consenso respecto de que las relaciones internacionales se tenían que basar en una serie de reglamentos, de procedimientos y de leyes a nivel global. Eso parecería dejarse de lado por una visión de las relaciones internacionales en donde no habría buenos ni malos, ni una suerte de evaluación moral de los acontecimientos, sino simplemente una suerte de relación entre fuertes y débiles. Y ahí entonces Rusia estaría al nivel de Estados Unidos como uno de los países fuertes que, en ese sentido, no tendría ningún tipo de problemas en ejercer su derecho a intervenir en aquellas regiones o aquellos países que consideran débiles, en este caso Ucrania. Y lo mismo considera Estados Unidos. Sin ir más lejos, en enero pasado Estados Unidos intervino particularmente en Venezuela. De modo que creo que ahí se está generando un cambio bastante significativo que va a tener impacto no solamente en Ucrania o en Rusia, sino en todo el mundo, que es este acuerdo que empieza a haber entre los países poderosos respecto de cómo ejercer las relaciones internacionales. Ese consenso que se había logrado quedaría de lado en función de uno nuevo donde lo que importa es el poder, es la fuerza y no las leyes. Estamos hablando de países que tienen armamento nuclear, de modo que sería muy difícil también poder ejercer algún tipo de contrapeso si esas potencias se ponen de acuerdo en que las relaciones internacionales se tienen que manejar de esa manera. De modo que, en mi opinión, las transformaciones más importantes vienen más por ese lado.
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