17.05.2026 / Entrevista PA

Daniela Losiggio: “Existe un camino para pensar un Estado no patriarcal”

Daniela Losiggio es politóloga y autora de El origen de la desigualdad. Estado y feminismos en la teoría política. Analiza cómo el feminismo pensó históricamente al Estado y plantea que todavía es posible imaginar instituciones menos patriarcales.





Daniela Losiggio es politóloga, investigadora del CONICET, del Instituto de Investigaciones Gino Germani y docente en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional Arturo Jauretche. Militante feminista y actual directora de Género, Diversidad y Derechos Humanos de la UNAJ, trabaja sobre teoría política, feminismos y Estado.

En 2025 publicó El origen de la desigualdad. Estado y feminismos en la teoría política, por la Editorial Clacso, un libro donde revisa críticamente la tradición de la teoría política moderna y discute las relaciones entre contractualismo, exclusión y emancipación. A partir de autores como Hobbes, Locke, Butler, Segato y Spivak, propone pensar al Estado no solo como una estructura patriarcal sino también como un terreno histórico de disputa.

En esta entrevista con Política Argentina, Losiggio reflexiona sobre las tensiones entre feminismo y Estado, analiza las transformaciones del Estado moderno y sostiene que las nuevas derechas contemporáneas, encabezadas por Javier Milei, tienen como principal objetivo el “Estado de derecho”.

¿La teoría política moderna es más feminista de lo que habitualmente se cree?

(R)La teoría política moderna no es feminista(R(). Efectivamente, si miramos los libros que pueblan las facultades de filosofía y ciencias sociales de nuestras universidades, especialmente cuando hablan de política, vamos a encontrar que no son feministas. De hecho, lo que suele pasar en la teoría y la filosofía política es que los autores colocan a las mujeres - y a otros grupos también: los grupos racializados, los esclavos, las infancias, las personas con discapacidad - en el lugar del chivo expiatorio o del exterior constitutivo. El hecho de que existan esos grupos define un poco la política. Lo que sí creo es que, desde que existe el Estado moderno, encontramos que existen las filosofías de la igualdad y la liberación. ¿Qué tienen en común el Estado moderno y estas filosofías? El Estado moderno es el resultado de un proceso de largo aliento que va del siglo XVI al XVIII donde encontramos dos procesos: uno, el de centralización militar, administrativa, política y jurídica de los poderes feudales diversos. El otro, el de descentralización de la autoridad espiritual de la Iglesia de Roma.

¿En qué consisten estos procesos?

Me voy a centrar en este segundo proceso, el de la descentralización, porque ahí aparece una lucha intestina de las nuevas monarquías con partidos religiosos. Esos conflictos, sanguinarios y extendidos en el tiempo, terminan en la paz de Westfalia como evento significativo, donde aparece el principio de tolerancia con el calvinismo. Entonces, nos encontramos en el siglo XVII con estos autores del Estado moderno que dicen que el poder soberano no puede buscar justificación en la moral religiosa. Se tiene que apartar de eso porque en el momento en el que un rey se asume perteneciente a una dinastía se asume partidario de una facción religiosa. Esto define al Estado moderno: la separación de la moral. Y la política se coloca por encima del poder de la moral. Esto es lo que dicen los contractualistas en el siglo XVII especialmente.

¿Y dónde buscan la legitimidad de ese nuevo poder?

El poder de ese nuevo soberano no puede buscarse arriba entonces se busca abajo. Es decir, el poder soberano es el resultado de un contrato, de un pacto entre una multitud de iguales y libres. Lo que a veces no se dice en nuestras facultades es que estos autores también dicen muy claramente que ese poder no es el resultado de un acuerdo entre todos, todas y todes, sino de un conjunto.

¿Eso qué implica?

Que es un conjunto que, contingente e históricamente, gana ese poder respecto de otros. Eso lo dicen muy claramente especialmente autores con los que yo trabajo, como (Thomas) Hobbes y (John) Locke. En el caso de (Jean Jacques) Rousseau es distinto. Pero en aquellos dos autores el planteo es más claro: ¿quiénes quedan fuera del pacto? Las mujeres, las infancias, los animales, las personas con algún tipo de discapacidad, sobre todo las vinculadas a la salud mental. Entonces, este es el resultado de un pacto entre iguales y libres con ciertas particularidades. Las primeras feministas retoman esto cuando dicen: todos somos iguales y libres pero algunos ganan sobre otros el poder. También son muy conscientes de que el Estado está en manos de aquellos que no solo tienen un poder frágil, físico sobre el resto, sino un poder intelectual, que se lo han ganado a través de la educación, de cierta sociabilidad intelectual. Por eso las primeras feministas, y otros grupos como los abolicionistas también, plantean la necesidad de hacerse cargo de la educación y del sufragio. Ahí están las primeras demandas históricas del feminismo histórico, del proto-feminismo.

¿Puede entonces el Estado, en algunos momentos históricos, ser una herramienta de lucha contra el patriarcado?

Efectivamente, lo que yo planteo es que existe por lo menos un camino para pensar un Estado no patriarcal. Hay tres tesis del pensamiento político feminista, y de la crítica feminista y social actual, que están bastante aceptados en el ámbito de la teoría social y política contemporáneas: la tesis Butler, la tesis Segato y la tesis Spivak.

¿A qué se refiere cada una?

Lo que nos planteaba (Judith) Butler - y otras autoras postestructuralistas - es que no existe un yo patriarcal. El patriarcado, o el cis-heteropatriarcado, es una matriz cultural que tiene características de un micropoder y que se expresa en conductas, en prácticas, en gestos, en estilos. De modo tal que, para combatir ese cis hetero patriarcado, tenemos que trabajar de la misma manera. Es decir, no hay un varón esencial patriarcal que hay que ir a buscar para eliminar el patriarcado, sino que el patriarcado se reproduce permanentemente en prácticas cotidianas. Lo que planteo en el libro es que, si no hay un yo patriarcal, es difícil pensar que hay un Estado esencialmente cis-heteropatriarcal. Ahí tenemos una ventana que nos abre la teoría de Butler. Ella no estaría de acuerdo con esto pero, a pesar de eso, creo que esa teoría tan fuerte hoy del cis-hetropatriarcado como un micropoder nos permite pensar en un estado no cis-hetropatriarcal.

¿Y en el caso de la tesis Segato?

El planteo de (Rita) Segato es que existen órdenes jurídicos que pueden ser menos patriarcales que la ley moral patriarcal. Eso es efectivamente lo que plantea Segato: que, a pesar de que el abusador, el golpeador, el femicida, saben que existe un castigo para las acciones que cometen, de todas maneras deciden hacerlo. Como quieren restablecer la ley moral patriarcal, corregir a “la descarrilada”, van contra el orden jurídico. Segato no nos quiere decir explícitamente que puede haber órdenes jurídicos menos patriarcales que la ley moral patriarcal, pero lo dice de alguna manera. Entonces, otra vez acá tenemos una tesis pro Estado feminista.

¿Y la tercera?

La tesis de (Gayatry) Spivak, también está muy extendida dentro de la crítica social, es la de que el Estado feminista hay que observarlo en su expresión histórica, que no podemos pensarlo más allá de esa expresión. Que hay estados que son, además de patriarcales, coloniales. Hay estados capitalistas, no capitalistas y para ver cómo funciona el Estado y el patriarcado colonial, el modo en que se expresa ese heteropatriarcado en esa sociedad, hay que mirar otras formas también del macropoder como el estatal, el capitalista, el colonial y poder describirlo de modo más transparente. También acá tenemos un Estado histórico. El estado histórico - o la posibilidad de pensarlo históricamente - nos permite también pensar que, así como hay estados patriarcales, puede no haberlos. Y hay ejemplos históricos de estados menos patriarcales que otros.

¿Por ejemplo?

Bueno, el Estado argentino que vimos de a poco desarrollarse a lo largo de la democracia, con sus interrupciones, por supuesto. Nunca hay una evolución histórica uniforme - es algo también muy propiamente feminista no pensar que vamos directo hacia un Estado feminista - pero tenemos expresiones del Estado en la historia democrática reciente y también en la historia del Estado moderno argentino. La ley 1420, por ejemplo, planteó a la educación argentina como algo no excluyente. No hubo una discusión sobre si las mujeres tenían que educarse o no. El Estado roquista nació con una ley de educación universal para varones y para mujeres. Tenemos expresiones de eso y también expresiones muy regresivas de Estados sumamente misóginos. Entonces, yo creo que sí que podemos atisbar un Estado no tan patriarcal.

¿Cómo se hace?

Tenemos que pensar que el Estado no es solamente un ordenamiento jurídico. Es decir, que las feministas cuando luchamos por una ley, por ejemplo, no podemos quedarnos con que ese es el final de un recorrido. El Estado también tiene muchas dimensiones: es un territorio, un cuadro administrativo, un poder de policía, una fuerza. Entonces, cuando pensamos en una política feminista institucional, lo que yo planteo es que la política pública tiene que pensarse en un sentido muy transversal. Una puede identificar ciertas políticas con las que comulga, como por ejemplo la ley Micaela, que es una ley que apunta a la formación de los cuadros administrativos en género. Uno puede pensar en en las sucesivas modificaciones del orden jurídico desde la democracia para acá, incluyendo la patria potestad, el divorcio, el aborto, y otras políticas como el cupo, la paridad, que apuntan al poder de policía, al orden decisional también, que no esté ocupado meramente por varones. Bueno, en la dimensión administrativa del Estado tenemos que pensar también que el Estado administra bienes, por ejemplo. Y ahí hay una cuestión muy pendiente en la democracia argentina que es la distribución paritaria de los cuidados, la desprivatización de los cuidados, la desfeminización de los cuidados.

¿Por qué te parece que sigue pendiente?

No solamente por una falta del feminismo o de los feminismos sino también porque no se ha universalizado del todo, creo yo, esa necesidad, esa demanda. El problema que tenemos que es que, efectivamente, al primer cambio de gobierno estamos discutiendo toda la política feminista. Entonces no tenemos lo suficientemente extendida la demanda. Es decir, no existe un consenso universal sobre esa necesidad. Bueno, ahí hay que trabajar en no pensar solamente la política feminista desde arriba. Esa no es mi idea. Yo soy una defensora del Estado de derecho, por supuesto, pero no creo que esa sea la única solución. Nosotras venimos pensando que existe el feminismo desde abajo, hacemos política feminista, la pedagogía feminista de todos los días.

¿Por qué consideras que el gobierno de Javier Milei tiene en el Estado y en el feminismo a sus principales enemigos?

Creo que Milei anticipó mucho su voluntad de destruir al Estado pero no es el Estado completamente el que quiere destruir. Es el Estado de derecho el objeto de ataque de Milei. Lo que estamos viendo, por ejemplo, es que ese anuncio de destruir el Banco Central no sucedió. Lo que está sucediendo, desde que empezó este gobierno, es el ataque contra la seguridad social, no solo contra el feminismo. Contra políticas de prevención y erradicación de la violencia de género, por mencionar una. Pero también hay otras como la protección de personas o de grupos en situación vulnerable o de desventaja social, personas con discapacidad, jubilados, infancias, esos son los grupos que están siendo atacados. Y en esto coincide con todas las derechas extremas contemporáneas del mundo. Son estos grupos vulnerables los que son atacados bajo una idea que es contra científica, anticientífica, de que efectivamente estos grupos o estas violencias o estas vulneraciones extendidas no existen. Una defensa de la naturaleza real, de que en realidad los grupos desaventajados son los grupos poderosos. Esto es algo extendido en todas las nuevas derechas. Un ataque sistemático a estos grupos y, consecuentemente, a los derechos humanos.

"El problema que tenemos que es que, efectivamente, al primer cambio de gobierno estamos discutiendo toda la política feminista"
Daniela Lossigio



¿Qué hacer en este contexto?

Creo que para construir un Estado feminista, primero es importante volver a conmover también el interés en el Estado y en la relevancia que tiene el Estado. Sobre todo en Latinoamérica, donde no hay tantas empresas sociales desde las cuales pensarnos como sujetos de derecho, como sujetos potentes. Entonces, hay imaginarios en torno al Estado que otras generaciones supieron construir. Que no son necesariamente las que defiendo pero para poner un ejemplo: el Estado modernizador de fin del siglo XIX supo construir la necesidad de un Estado, su importancia para la existencia de una sociedad más potente, una comunidad más feliz y más rica. Y, por otro lado, la idea de que es muy difícil pensar realmente esa comunidad sin las mujeres, sin las infancias, sin las personas con discapacidad, sin los adultos mayores. Es muy difícil pensar eso. Tenemos evidencia científica de que hay comunidades más felices, más pujantes, incluso económicamente, donde los derechos de los sujetos más vulnerables están mucho más extendidos que la nuestra. Y en eso tiene mucho que ver el Estado. Creo que eso es invitarnos un poco a imaginarnos esta comunidad más potente y sus mecanismos, porque los hay. Hay mucho trabajo científico, mucho trabajo también desde el Estado, para mostrar que efectivamente eso es posible. Hay que volver a reenamorar con la idea de Estado y con la idea de igualdad.

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