
El timing no podría ser más llamativo. En medio del furor global por las figuritas y los álbumes coleccionables, la FIFA confirmó que Panini dejará de ser la licenciataria oficial de los álbumes mundialistas y será reemplazada por Fanatics, a través de su marca Topps, a partir de 2031. El anuncio cayó como un balde de agua fría para millones de fanáticos que hoy mismo están buscando sobres en quioscos de todo el país.
El fin de una era que empezó en México 1970
La empresa italiana fue fundada en 1961 por los hermanos Giuseppe, Umberto, Franco y Benito Panini. Su expansión fue tan veloz que en nueve años ya sorprendían al mundo con el primer álbum de un Mundial: México 1970 marcó el inicio de una tradición que desde entonces se volvió inseparable de cada Copa del Mundo.
La Copa del Mundo de 2030 será la última edición bajo el sello histórico de Panini, empresa que convirtió a las figuritas en un fenómeno cultural global. Para la Argentina, donde completar el álbum es casi un ritual social que cruza clases y generaciones, la noticia tiene una dimensión que va mucho más allá del negocio.
La lógica comercial detrás del cambio
La decisión de la FIFA no fue impulsiva. El presidente Gianni Infantino explicó que el objetivo de la alianza con Fanatics es modernizar el negocio de los coleccionables y fortalecer el vínculo entre los hinchas, las selecciones y los futbolistas, además de abrir nuevas fuentes de ingresos comerciales.
Los números explican el cambio de timón. Panini había generado alrededor de 720 millones de dólares en ventas netas durante el Mundial de Qatar 2022, la colección más exitosa de su historia, y proyectaba ingresos cercanos a 1.480 millones de dólares para el Mundial 2026. Sin embargo, el crecimiento acelerado de Fanatics modificó el mapa global del negocio: la compañía estadounidense prevé superar los 4.000 millones de dólares en ingresos por productos coleccionables durante 2026.
Fanatics ya controla derechos exclusivos de algunas de las principales competencias deportivas del mundo, incluyendo la NBA, la NFL, la MLB, la Premier League y la Fórmula 1. El fútbol global era el eslabón que le faltaba para consolidar su dominio.
Qué viene con Topps
Entre las innovaciones que comenzarán a implementarse aparecen las tarjetas autografiadas "Debut Patch", un formato ya utilizado en ligas norteamericanas que consiste en extraer y autenticar un parche utilizado por un jugador durante su debut en un Mundial para incorporarlo dentro de una tarjeta firmada por el propio futbolista. Según adelantó Infantino, este tipo de coleccionables empezará a utilizarse incluso antes de la entrada oficial del acuerdo en 2031.
Además, Fanatics prometió donar artículos de colección por un valor superior a 150 millones de dólares para niños de distintos países durante la vigencia del convenio.
La pelea judicial de fondo
El cambio no se da en un clima amistoso. Panini acusa a Fanatics de llevar adelante prácticas monopólicas y anticompetitivas al concentrar una enorme cantidad de licencias deportivas internacionales, mientras que Fanatics respondió con una contrademanda acusando a Panini de haber realizado maniobras comerciales desleales durante las negociaciones.
Según documentos revelados por The Athletic, Panini había evaluado vender la empresa en 2025 y esperaba que el negocio vinculado a los Mundiales aumentara considerablemente su valuación. La pérdida de la licencia FIFA desinfla ese escenario de manera significativa.
Una transformación cultural, no solo comercial
Más allá de los millones en juego, lo que se cierra con Panini es un capítulo de la identidad popular. El álbum del Mundial fue, durante décadas, uno de los pocos objetos capaces de unir a abuelos, padres e hijos alrededor de una misma mesa. La llegada de Topps promete tecnología, ediciones limitadas y un mercado de trading cards más sofisticado. Pero difícilmente replique lo que Panini construyó en más de medio siglo: la magia sencilla de abrir un sobre y gritar "¡la tengo!".