Cristina Fernández de Kirchner, lanzó el martes pasado el frente Unidad Ciudadana en la cancha de Arsenal de Sarandí en donde fue la única oradora que se dirigió a la multitud: "Vengo a poner el cuerpo como una más", aseguró. Además, llamó a trabajar para ponerle freno al ajuste de Mauricio Macri porque "los números no dan". "Nos han desorganizado la vida", sentenció y recordó que "los despedidos no son partidos políticos, son personas de carne y hueso".
En este marco desde diferentes matutinos expusieron furiosas críticas desde las notas editoriales. En el caso de La Nación,
Carlos Pagni, consideró que "la concentración que la ex presidenta organizó en el estadio Julio Grondona fue, como no podía ser de otro modo, un homenaje a sí misma". Además dijo que también fue un homenaje a Macri debido a la forma en que se comunicó.
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"La plataforma conceptual de la nueva aventura de la señora de Kirchner es conocida: los derechos sociales adquiridos fueron arrasados por la llegada de un gobierno neoliberal. Para una observación ingenua, esa construcción es muy creíble", dijo.
Por otro lado,
Fernando Rosso, en La Izquierda Diario sostuvo que "Cristina ensayó un novedoso relato donde el viejo y difuso populismo cambió por el más liberal y republicano ciudadanismo de buenos modales". También señaló que "el discurso de Cristina estuvo plagado de denuncias pero fue escaso en propuestas programáticas".
"Denunció el endeudamiento salvaje, el latigazo tarifario, los recortes en planes sociales o la crisis económica que apuntala la recesión; pero no opuso lineamientos programáticos", consideró y añadió: "En términos del discurso concreto: un nuevo intento senil de cambiar la narrativa sobre la base de las viejas estructuras. El cambio que llegó al kirchnerismo: del populismo a la gente".
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Por su parte
Julio Blanck indicó que "hizo lo que siempre había querido hacer: sacudirse el peso pegajoso del aparato político y sindical diseñados por Juan Perón, que a lo largo de 70 años logró conservarse como portador histórico de la justicia social". En este marco añadió que: "A cambio se abraza al reformismo burgués camuflado bajo relato revolucionario que tan bien sentó a la "clase media pensante".
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Por último
Ricardo Roa, en el matutino Clarín dijo que "el mensaje detrás del mensaje fue: Cristina se las arregla sola. Eso sí: reinando y moviéndose en la tarima con la artificialidad de una bailarina".
"Y copiando parte de la receta de Durán Barba y parte del "Pare de sufrir" de pastores evangélicos. No sólo desde el Pro aportan frivolidad y efectos especiales a la política", concluyó.
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