Tras la suba en diferentes precios y la devaluación del 22% del peso, el Gobierno confirmó este viernes que habrá también un aumento de las tarifas energéticas, de luz y gas, tras el impacto de la suba del dólar de inicios de esta semana.
La secretaria de Energía,
Flavia Royon, adelantó que
"la semana que viene" estudiarán desde el Gobierno "cómo la devaluación afecta el costo de la generación eléctrica y va a haber una actualización" en las tarifas del sector.
"A partir del 1° de mayo se retiraron los subsidios a aquellos hogares que no los pidieron o a los sectores de altos ingresos, mayores a 3,5 canastas básicas", recordó Royón en diálogo con Radio Mitre.
“El objetivo es la estabilización de la inflación”, dijo la secretaria de Energía, y mencionó que el propósito de estos acuerdos es “que no se traslade toda la devaluación, que haya una previsibilidad y un horizonte”.
Sin embargo,
el incremento en las tarifas eléctricas en agosto ya estaba estipulado desde antes de las PASO. En julio Royón había adelantado que a partir del 1 de agosto quienes tengan altos ingresos o no hayan solicitado tarifas subsidiadas, recibirán boletas con aumentos estimados del "150% interanual".
A esto,
se suma el impacto de la devaluación directamente a las tarifas de gas y luz, debido a que algunos componentes de ellas se encuentran dolarizados. Es decir, se trata de una suba que el usuario final percibiría en la tarifa base o VAD (valor agregado de distribución), ya que la quita de subsidios ya finalizó en mayo.
Específicamente, la dolarización de las tarifas abarca al tramo de los contratos de compra de energía por parte de CAMMESA a las empresas generadoras. Se trata mayormente de contratos firmados durante el gobierno de Mauricio Macri a 10 o 15 años, por lo que no pueden ser modificados sin costo extra. A ello hay que sumarle el costo de la importación energética, que, aunque puede ser costeado con asignación de partidas de otros sectores, no deja de pesar en la balanza de pagos del área energética.
Aunque hay algunos elementos que permitirían que el impacto en los precios energéticos no sea tan grande. En primer lugar, los costos dolarizados representan únicamente al 15% del valor final, mientras que el otro 85% está en pesos y no sufriría un impacto directo. En este sentido, tanto el tramo de transporte como el de distribución final que hacen a la tarifa están pesificados.
Otro factor que influye es el climático. Por un lado, actualmente hay una buena cantidad de agua en las principales represas hidroeléctricas del país, como Yacyretá, El Chocón, Piedra del Águila o Salto Grande.
Por otro lado, el invierno más templado de lo normal permitió que la importación energética pueda ser menor. De hecho, hace tres días Argentina canceló la importación de un barco de GNL que había contratado en febrero por la demanda más baja que la prevista.